Hay que barajar de nuevo

Por: Oscar Montes

La negociación con las Farc atraviesa su peor momento. La JEP, los disidentes y la coca son los puntos más críticos. ¿Será que Álvaro Uribe y Piedad Córdoba –entre otros excluidos de La Habana– hacen causa común para una futura “renegociación del proceso”?

Hay que decirlo sin rodeos: el proceso de paz con las Farc, que a todos nos hubiera gustado que saliera bien, está saliendo mal. Muy mal. Hay quienes creen, inclusive, que no está lejano el día en que tengamos que reconocer que esa negociación del gobierno de Juan Manuel Santos con el más antiguo grupo guerrillero del mundo fracasó. Esa versión ya es un secreto a voces en reuniones gremiales, en encuentros académicos y –sobre todo– en los campamentos donde se encuentra el grueso de los combatientes de las Farc. Todos ellos –frustrados, aburridos y furiosos– descargan su ira contra sus antiguos jefes, muchos de los cuales se muestran indiferentes por la suerte de la llamada ‘guerrillerada’.

El único de todos los involucrados en la negociación de La Habana que puede mostrar un resultado concreto es Juan Manuel Santos: su Premio Nobel de Paz. Todo lo demás es incierto. No hay certeza en nada. Nadie sabe –por ejemplo– cuántos son los disidentes de las Farc. El fiscal general, Néstor Humberto Martínez, dice que son más de 500, aunque alguien que conoce muy bien al grupo guerrillero por dentro y tiene información de primera mano –con quien hablé hace pocos días–me informó que los desertores pasan de 1.500.

Pero así como nadie conoce el número de desertores, también se desconoce quiénes son. Sus nombres solo trascienden cuando aparecen involucrados en masacres, como ocurrió con alias Guacho, ex integrante de la columna móvil Daniel Aldana, mencionado en el asesinato de ocho cultivadores de hojas de coca en Tumaco.

Pero la incertidumbre política de los excombatientes es peor. La Jurisdicción Especial de Paz (JEP), alma y nervio de la negociación, redactada en La Habana a las volandas y bajo la tutoría de un jurista español de las entrañas de las Farc, espantó a todo el mundo en el Congreso, cuando todo el mundo en el Congreso leyó la letra menuda de ese nido de anzuelos.

Ya no sólo son los congresistas del Centro Democrático, encabezados por Álvaro Uribe; y los de Cambio Radical, del ex vicepresidente y candidato presidencial, Germán Vargas Lleras, quienes se oponen a la aprobación de la JEP. Su causa también tiene adeptos dentro del conservatismo y el partido de La U. Por esa razón, la suerte de la JEP hoy es incierta. Ni la vía exprés del fast track garantiza su futuro. Que lo diga el ministro del Interior, Guillermo Rivera, quien ha tenido que lidiar con el chicharrón que le dejó Juan Fernando Cristo, su antiguo jefe y hoy precandidato liberal a la Presidencia.

Así las cosas, la negociación de paz con las Farc –que muchos daban por superada–será de nuevo protagonista de la campaña presidencial de 2018. Quien llegue a la Casa de Nariño el 7 de agosto del próximo año deberá enmendar la tarea que Santos y los jefes de las Farc no hicieron bien en La Habana.

La única manera de salvar el proceso de paz con las Farc y evitar el recrudecimiento de la guerra en Colombia –con más muertos y más sangre– es un gran acuerdo que involucre a todos –¡todos!– los protagonistas políticos del país en los últimos tiempos. Y ello incluye a quienes por razones distintas fueron excluidos de la negociación de La Habana, entre ellos Álvaro Uribe y Piedad Córdoba.

Si desea leer completo el análisis de Oscar Montes puede hacer link en el siguiente artículo: https://www.elheraldo.co/politica/la-ley-del-montes-hay-que-barajar-de-nuevo-416899

 

 

 

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