De los lamentos y quejas a las acciones

Por:    Mayor General (RA) Ricardo Rubianogroot Román

 

Hace años se esgrimían conceptos relativos al mundo Libre, cuando se hacía referencia a concepciones ideológicas y de convivencia social relativos a la democracia, con los cuales Colombia se identificaba plenamente.

Los grandes esfuerzos en vidas humanas, económicos, sociales y políticos que realizaron los americanos y en general los países llamados aliados contra el comunismo y sus intentos de expansión durante la llamada Guerra Fría, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial en varios escenarios como Corea, incluso, con una participación directa de Colombia, enviando sus mejores hombres en los años 50 a estas lejanas tierras de Oriente.

Las conflagraciones en Vietnam, la Guerra Civil Griega, el Líbano, la Guerra Indo-Pakistaní, la Guerra del Golfo, el Salvador, son otros ejemplos en los que parecería que esas voluntades y concepciones se han desvanecido en el tiempo.

Tradicionalmente, Colombia se ha mostrado como una nación política, un  estado unitariosocial y democrático de derecho, con un modelo económico capitalista. Sin embargo, el actual Gobierno, con el acuerdo pactado, ha facilitado que en un futuro se le dé al país un giro a la izquierda  o que se tomen unas posiciones políticas que tienen como punto central la defensa de la igualdad social, es decir cambiando su afinidad a un socialismo frente a la derecha política  tradicional que siempre ha considerado las diferencias sociales como algo inevitable, normal o natural.

El gobierno aprovechó magistralmente la beligerancia cincuentona que se perpetuó durante ese periodo en nuestra tierra, cuando el amado pueblo de Colombia fue testigo de tiempos de agonía, salvajismo y ferocidad, que tan sólo a unos pocos no alcanzó. Gran parte de nuestra población directa o indirectamente ha sido víctima de esa conflagración intestina. Por ello se veía con buenos ojos esa acción gubernamental.

Inició con acciones asincrónicas, falta de planeación, aceptando exigencias que fácilmente cruzaron las líneas rojas fijadas por el mismo. Muy pronto las gestiones de quienes lo representaba en la isla, se tradujeron en críticas negativas a lo que este respondía con eslóganes y frases triunfalistas, que no reflejaban ni respondían a las preocupación de la ciudadana y que cada día tenía menos adeptos y seguidores, daba manifestaciones inexactas a los países que con asiduidad visitó, donde se avizoraba el propio sacrificio del gobernante, pues las personas pueden cometer errores, pero si los ocultan o los evaden, los dibujan diferente a la realidad y persisten en esos deslices, pueden comprometer y desbarajustar a toda una Nación por darle rienda suelta a su propio ego. Finalmente, aquellos moradores externos a nuestro país, como ya lo han hecho gran parte de los que habitamos en él y la realidad de lo que se vive aquí, serán el implacable juez.

Fueron muchos los errores y faltas cometidas, pero ninguna como subvalorar el honor de quienes en forma directa y en representación del Estado, libraron esa larga y desgarradora etapa. En el muro que se erigió en el ministerio de Defensa Nacional ya no están los nombres de los que consideramos nuestros héroes. Esperemos que al menos sean considerados víctimas; tan sólo falta que esa condición también se pierda. Se erosionaron e incumplieron los principios y libertades constitucionales y democráticas establecidas, ¿Valió lo pena todo eso? Vemos como en la cotidianidad de la vida nacional, la situación que afronta y existe en el país no parece cambiar en cuanto a seguridad se refiere y donde se prevén grandes afrentas a los aspectos sociales, económicos y de convivencia. En cambio, sí se dieron grandes concesiones que difícilmente perderán aquellos que las lograron.

Cuando vemos que la corrupción es tan frecuente que sólo falta su legalización. Un país socialista con gran facilidad puede llegar al comunismo; incluso, hay quienes confunden esas dos concepciones políticas, a pesar de sus cortas diferencias.

“No necesitamos ser meteorólogos para conocer la dirección del viento”, dijo un analista durante la Guerra de Vietnam. Las diferentes manifestaciones de la vida actual nacional nos indican como nuestro país está tomando rumbos nunca imaginados; es el momento de ser fieles a nuestra propia conciencia; debemos tomar acciones, manifestarnos con ideas, hablar, convocar, escribir, explicar a todo nuestro entorno, votar a conciencia, si es que queremos mirar a nuestros hijos, a nuestros nietos, en un futuro cercano y decirles con toda certeza “yo pelee por ustedes”.

Le pregunto: ¿usted podrá hacerlo? O su acción se limita a lamentarse y a quejarse solamente. Actuemos en nuestro entorno, sin beligerancias, sin atropellos; actuemos con ideas y conceptos sensatos; señalemos, advirtamos y recordemos, especialmente a los jóvenes, que pueden votar, pero que no recuerdan los detalles del pasado o simplemente por su corta edad no los impacto con la agudeza de los hechos y algunos no dimensionan con certeza las concesiones dadas y como ellas nos afectaran a todos a futuro.

¡Actuemos, no nos quejemos más!

 

 

 

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