Militar no vota militar

Razones de nuestro habitual descalabro electoral

Por: Coronel (RA) Silvio Vallejo Rosero

Firmeza sobre bases móviles. Esta es la falsa premisa en que se apoyan los retirados para lanzarse a la palestra pública con miras a alcanzar una curul. Así, de manera irreal, calculan el potencial de sus electores, confiados en que la cauda será abundante gracias al número de reservas en capacidad de apoyarlos en el momento de acercarse a las urnas.

Cuentas imaginarias

Uno de los cálculos más conocidos supone que los oficiales retirados pueden ser 10 mil y los suboficiales 50 mil, o sea 60 mil, que, multiplicados por cinco del entorno familiar, arrojan un parcial de 300 mil votos.

En segundo término, el Ejército licencia 250 mil hombres al año, que en 10 años serían dos millones 500 mil votos. Igual sucede con los 200 mil policías que en 10 años podrán depositar dos millones de sufragios. Por último, los 250 mil soldados y 200 mil policías en servicio tienen un núcleo parental mínimo de cinco personas que arrojarán otros dos millones 250 mil votos útiles.

La sumatoria es la siguiente: 300.000+2.500.000+2.000.000+2.250.000 = 7.050.000 votos potenciales.

Ahora, asumiendo que solo el 50% concurriera a las urnas, quedaría un saldo de tres millones 500 mil, cifra suficiente para elegir 40 senadores y 40 representantes, una bancada poderosa para adelantar con seguro éxito cualquier campaña. Pero como las bases son móviles y las premisas falsas, se trata de una simple utopía que ni siquiera Tomás Moro pudo imaginar. Lo cierto de esto es que algunos arrojados colegas han llegado hasta enajenar su escaso patrimonio o a pignorar su sueldo de retiro para conseguir unos pocos votos, sin tener en cuenta lo que dijo Pedro Calderón de la Barca: “La vida es un sueño y los sueños, sueños son”.

Reflexiones explicativas

La razón para las parvas votaciones se puede explicar de muchas maneras. En primer lugar, en la milicia prima la jerarquía y la ley es obedecer sin preguntar cómo, cuándo o a quién. El que manda, manda, así mande mal. En el retiro la obediencia termina liberando al hombre de la pesada carga de la subordinación. Ahora, la opción verdadera es la de obedecer a la propia conciencia, a la familia o a los intereses individuales.

La vida militar es monolítica, pero la vida civil es dispersa. Al abandonar el cuartel, los hombres se desperdigan por el territorio patrio y por el exterior dedicando sus esfuerzos a múltiples ocupaciones y sólo les queda en la memoria algo de lo bueno o malo de su paso por las filas. De sus comandantes sólo recuerdan a aquellos que les hicieron sufrir durante su experiencia cuartelaria.

Quienes planean estas campañas no se han despojado todavía del uniforme mental y piensan que con sólo presentar de manera halagüeña sus proyectos, la gente creerá en sus predicas disfrazadas de promesas, sin sopesar el hecho de que son candidatos sin ningún peso en el panorama nacional, pues en su gran mayoría son muy ilustres desconocidos que no tienen ascendiente alguno en el común de la gente. Muy pocos, poquísimos militares figuran en el imaginario popular y así ¿cómo se pueden lograr buenos resultados? Para comprobar este aserto no es sino consultar los datos de las pasadas elecciones para concluir que estamos en lo cierto.

Acore es apolítica

Esta consideración viene a tono ahora, cuando algunos miembros propugnan la idea de convertir a Acore en una institución político partidista. Con acertado criterio, la presidencia de Acore ha manifestado su disposición de apoyar a los candidatos de manera individual, pero no desde el punto de vista institucional o gremial. Esto en cumplimiento de los Estatutos en los que se establece de manera perentoria que dentro de la institución no deben ventilarse asuntos de carácter religioso, político partidista o cuestiones de género, etnia, raza o color.

Lo estatuido se basa en que la religión por ser dogmática y estar fundamentada en actos de fe puede generar episodios de fanatismo; la política partidista en igual forma puede encender pasiones banderizas y en caso de los temas referentes a etnia, género, raza o color, existen otras organizaciones para albergar a sus simpatizantes o divergentes, así como también se cuenta con cátedras idóneas para sostener discusiones de esta naturaleza.

Formación militar

Quienes permanecimos bajo banderas 20, 25 o más años, fuimos formados sobre la base de la prohibición terminante de hablar de política. Nuestra alma es apolítica con cierto fondo de aversión hacia los politiqueros. Una vez fui objeto de una llamada de atención porque en una reunión celebrando un aniversario patrio me tocó sentarme en la misma mesa de un cacique a quien no conocía, simplemente porque no había más sillas. Los militares de corazón somos, debido a nuestra educación castrense, mediocres para adelantar o participar en este tipo de faenas.

Empezar por la base

Toda carrera tiene sus comienzos, su apogeo y su final. Una persona no puede ingresar al clero iniciando como arzobispo o cardenal, ni a la milicia con el grado de general. Todo tiene su comienzo: la parroquia o el mando de un pelotón. En estas lides políticas todos quieren ser senadores, sólo algunos aparecen con aspiraciones a la Cámara. Este es uno de los errores. Para corregirlo hay que empezar por la base siendo concejal, edil o diputado. Esto significa que hay que iniciar la carrera política al trasponer la puerta de muralla para dedicarse al servicio social o de la comunidad.

Líderes y comandantes

El comandante es alguien nombrado por decreto. El líder es alguien respetado y estimado por sus hombres gracias a sus conocimientos, experiencia, dotes personales, virtudes militares y al buen ejemplo que da a sus subalternos. Todo oficial puede ser comandante, pero líderes militares son casi inexistentes y sobran dedos de la mano para contarlos.

Jerarquía militar

Es tal vez la mayor causa de la falta de apoyo para los candidatos. Como la estructura militar es piramidal, los de arriba hacen gala de su jerarquía pensando que ostentan el grado de por vida y por tanto deben ser observados, respetados y obedecidos sólo por el hecho de tener más estrellas o soles sobre sus hombros. Los de abajo, en cambio, miran hacia arriba con cierto tufillo de repulsión, especialmente hacia aquellos que perseveran en mostrarse como algo inaccesible o con ímpetus de petulante arrogancia. En tratándose del campo político y ya en el retiro, no debe haber jerarquías sino el respeto y cortesía debidos al militar que se los ha ganado y por tanto los merece. Allí hay que buscar al líder de los grupos de retirados.

Arraigo social

Existe alguna diferencia entre los antiguos generales y los actuales. En primer lugar, hace algunas décadas los generales eran muy pocos y bastante conocidos, en cambio ahora son numerosos. Aquí entra en consideración la calidad y la cantidad. Los viejos generales tenían profundo raigambre en el ambiente social y esto facilitaba el cumplimiento de su misión pues gracias a sus enlaces podían conseguir beneficios presupuestales y de todo orden para el bien andar de la milicia. Cuando un general o coronel se lanza al ruedo de la política empiezan a sufrir el efecto de la envidia y los celos de sus mismos compañeros. Ninguno vota por sus condiscípulos y lo hace por candidatos de otras corrientes.

Este es un factor difícil de combatir porque es el resultado de la competencia que la carrera militar promueve entre los oficiales y suboficiales por sobresalir en los cursos, en las operaciones y en la vida militar en general. En esta lucha partidista se ha perdido la idea de batallar en equipo y todo se ha trasladado al campo del esfuerzo y el interés individual.

Soluciones a la vista

No hay soluciones inmediatas. Estas deben tomarse para el futuro mediato y a largo plazo.

La primera sería propender por el establecimiento de un movimiento político de las reservas para terminar con la actual atomización de esfuerzos dispersos que en todo tiempo nos han conducido a la nula o exigua figuración en la palestra partidista.

No se cuenta con un programa de acción unificado, sino que cada aspirante presenta un memorial de agravios con un listado de simples quejas reivindicatorias, como lo hace cualquier sindicato.

Con el tiempo, y cuando este plan acusare resultados se puede pensar en obtener una Circunscripción Electoral para la reserva con lo cual se lograría contar con una base de operaciones permanente y segura para incrementar la figuración significativa en el Congreso, las Asambleas y los Concejos municipales.

 

 

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ACORE es la Asociación de Oficiales Retirados de las Fuerzas Militares. Nuestra misión está encaminada a velar por el bienestar de los Acorados y sus familias.

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