
Vicealmirante (Ra) Luis Alberto Ordóñez Rubio. Ph.D.
Colombia no deja de sorprender, no hemos terminado de reponernos del plebiscito y la forma en que se le sacó el quite a la decisión de las mayorías, cuando se destapa uno de los peores escándalos de corrupción; funcionarios de alto nivel recibiendo coimas para influir las decisiones y adiciones de contratos a dedo y sin mostrar mucha relación con el objeto de los originales. Siempre los intereses personales por encima de los particulares. Mientras tanto se sigue viendo la inmensa burocracia del Estado observando impávida desde las graderías como se mueren los niños de la Guajira sin una acción decidida por evitarlo, a la vez que tampoco se logra asimilar el asesinato de Yuliana por parte del depravado de cuello blanco. En la política no paran los escándalos de hackers de lado y lado desprestigiando las campañas presidenciales por falta de transparencia y presuntas trampas que influyeron la decisión de los electores. Solo unos pocos casos, aquí nombrados, de lo que en el día a día nos toca vivir en un país donde todo es posible, pero que son suficientes para dar un pésimo ejemplo, es que son nuestros dirigentes y las personas con oportunidades las que están fallando, ellos que se supone deberían ser los líderes a seguir y a respetar.
El mal ejemplo hace un daño terrible. En nuestro país pareciera que los principios se han deteriorado en grado máximo y la inversión de valores es la tendencia: el “todo vale” y “el fin justifica los medios” son la peor enseñanza que se le puede dar a la población. ¿Cómo pretender que no haya colados en transmilenio si quienes tiene acceso a la educación se dedican a recibir mordidas y a abusar del poder que el pueblo les ha confiado? ¿Cómo aspirar a que no haya evasión de impuestos si los contribuyentes ven con tristeza como esos recursos se vuelven fiesta cuando caen en manos de políticos sin escrúpulos que los consideran propios? ¿O cómo querer que los ladrones de celulares vean lo grave de su delito cuando es en millones de dólares que se cuentan los porcentajes que reciben los funcionarios corruptos que direccionan los contratos y le roban al Estado? Es que no se le pude dar el valor supremo que tiene la vida si los corruptos matan de hambre a miles de personas cuando se roban el erario y condenan a los más necesitados a la miseria eterna cuando les hurtan el derecho a una educación de calidad. Colombia tiene recursos para salir adelante, pero no alcanza con tanto robo.
Ante tan malas noticias del país, donde pareciera que la trampa está por todas partes y las mentiras pululan por doquier y hasta salen en los periódicos sin que quien las dice se sonroje, se observa la tormenta política de intereses personales por encima de los nacionales, donde cada uno utiliza el poder para lograr su propio beneficio, pareciera que no hay mucho futuro pues entre delitos, mentiras y engaños la percepción es de profunda desesperanza. Sin embargo, en mi caso, he encontrado un oasis de decencia cuando asisto a eventos en los colegios de mis hijos, allí vuelve uno a escuchar agradables pensamientos de ética, valores y culto a la verdad, con sanciones formativas reales y sociales al tramposo, al mentiroso y al infractor. De nuevo se puede creer en la verdad y sus bondades, en la formación de líderes rectos, dedicados y fundamentados en reglas de respeto y pulcritud, así como en los valores de honestidad y lo satisfactorio que es obtener las cosas con esfuerzo y trabajo. Sin embargo hay un inmenso abismo entre la formación que imparten los colegios, por lo menos la mayoría, y la realidad nacional. Principios, valores y disciplina, crecimiento personal y liderazgo para el bien, se pierden en el camino de la vida cotidiana o se desvían de su rumbo por intereses personales y la ambición sin límite. ¿Dónde estará el eslabón perdido en la cadena de vida del colombiano?
La verdad es que el país está enfermo y lo sentimos todos los ciudadanos de bien. ¡Es un problema ético del más alto nivel! No hay sanción social ni pena para los infractores. Se ha aprendido que la “ley del más vivo” es el camino para conseguir el fin propuesto sin importar si es ilícito o ilegal. Se desconfía del gobierno, se desconfía de los políticos, se desconfía de la autoridad, no se cree en la justicia porque en Colombia el poder lo puede todo, la ley se aplica según sea el caso y dependiendo de la persona. No hay coherencia y mientras el mal siga dando resultados poco o nada se puede hacer con la formación de las nuevas generaciones. Se perdona a los bandidos y se les premia mientras que quien trabaja de sol a sol pierde la motivación. Las mentiras se dicen sin vergüenza alguna y la palabra ya no vale, se puede borrar de la misma piedra donde se escribió en promesa, se cambia sin sentirse siquiera pena.
Creo que la educación en los colegios es buena y se procura formar ciudadanos de bien, pero unas cuantas horas de sano aleccionamiento son pocas contra la realidad nacional del mal ejemplo que enseña que la “teoría” del colegio solo sirve allí, pues en la vida real aplican otras reglas, que aunque perversas, desafortunadamente dan mejor resultado por la debilidad del sistema. Ese mal ejemplo se convierte en aprendizaje dañino que se asimila de manera directa ya que los jóvenes no ven consecuencias y por el contrario notan que desde los más altos niveles del poder son utilizadas y validadas porque nada pasa. Entonces los profesores pierden todo su esfuerzo ante la ley de la vida que en principio premia esas conductas al no sancionarlas debidamente y aceptarlas tácitamente.
Los primeros años de formación son fundamentales en la vida de una persona. Es la familia, con el concurso del colegio, la encargada de educar a los futuros colombianos, pero ¿qué hacer con el mal ejemplo que cala más rápido en las conciencias que largos años en el colegio? Es el reto inmenso que esperamos sea asumido por los gobiernos venideros. Más que políticos curtidos en las mañas tradicionales, requerimos de verdaderos seres éticos, ciudadanos de bien que sean capaces de entender que cada actuación pública enseña, para bien o para mal, que cada violación de la ley invita a la arbitrariedad, que la desigualdad no es solo económica sino de abuso del poder. Colombia va hacia la terminación del actuar delictivo de algunos grupos armados ilegales y es el momento en que nuestros dirigentes se igualen con el resto del pueblo: no más arrogancia, no más abusos de poder, respeto por los recursos del Estado que son de todos, no más vehículos, escoltas y conductores para grupos privilegiados, no más excesos. Solo con el buen ejemplo se crea la consciencia ciudadana, el respeto y el acatamiento de normas. Tiene que venir desde arriba y así la buena labor de los colegios, como apoyo de las familias, va a ser fructífera y se podrá retomar el camino de la ética, el respeto y la solidaridad: esa debe ser la ¡Nueva Colombia!





4 respuestas
Recomiendo que es este articulo se le de mayor cobertura de difusión, en nuestros medios de comunicación y en las Seccionarles de Acore, con el fin de ir creando conciencia sobre los valores en la juventud y en la niñez y de esta manera vayamos acabando con el concepto que últimamente se esta imprimiendo en la sociedad que «Ser malo paga». La idea es acabar con esta campaña criminal de los medios de comunicación hacia las nuevas generaciones en nuestra sociedad.
Excelente radiografía de un país enfermo, que al mejo estilo de legislación suiza, expide un código de policía muy bueno, es una compilación de normas de cultura ciudadana, sin tener en cuenta que hace por lo menos un año deberían haber empezado a socializarlas, precisamente, en los colegios. Ese hubiera sido un buen paso para comenzar un cambio, tal y como aquí se propone. Vale la pena reflexionar.
Almirante Ordoñez has made a very candid but real (and paInfull) description of what is happening in our beloved country and opens to solutions based on the radical change that has to occur in every citizen, where values should not be based on materialistic gain; the individual interest should not be of personal enrichment but directed to the wellbeing of the country. It starts from school. From the family. His essay is a crude radiography of our reality, with a glimpse of hope if there is a national interest for changing a sick country to a healthy one . Good job, Luis Alberto!
Hay Tsunami politico electoral y confusion democratica