
Con una parte de las Farc pre-concentradas y otra ya en las zonas veredales, muchas de sus regiones de influencia no solo fueron más visitadas este fin de año por la tranquilidad que se respira. También bajaron las extorsiones en buena parte de los municipios donde la guerrilla era fuerte, aunque no en todos.
De los 233 municipios en los que las Farc hacían presencia, según este informe de la ONG Paz & Reconciliación y datos del ministerio de Defensa que cruzó La Silla, en 89 municipios (el 38 por ciento) las extorsiones bajaron. En 72 municipios (el 31 por ciento) se mantuvieron y en 70 (el 30 por ciento) subieron.
Según los datos de Defensa, desde 2012, año en que arrancó el proceso de paz con las Farc, las extorsiones en vez de bajar se dispararon en los municipios en los que hacían presencia en parte porque la guerrilla siguió extorsionando e incluso, en departamentos como Tolima, Huila y Caquetá, hasta aumentaron los cobros.
De 484 casos denunciados ese año, pasaron a 986, casi el doble, en 2013, 1220 en 2014, y 1297 en 2015. Pero el año pasado, por primera vez la curva bajó. Parte de la bajada puede explicarse a que las Farc se comprometieron en julio a dejar de extorsionar y en total, se presentaron 121 denuncias menos en esos sitios donde ellos mandaban.
Aunque esos son los datos oficiales y la extorsión es casi que por excelencia uno de los delitos que la gente no denuncia, que las Farc estén en el proceso de entregar las armas sí está cambiando el panorama en sus regiones de influencia, excepto la disidencia del frente 1 que sigue extorsionando en Vichada y Guaviare.
Pero en todo el país, según datos de la Dirección Antisecuestro y Antiextorsión de la Policía, de la torta de las extorsiones, el pedazo más grande se lo sigue llevando la delincuencia común y los presos.
De hecho, luego de hacer reportería en los diez municipios donde más aumentaron los casos y en los diez en los que menos, la principal conclusión es que el vacío que dejaron las Farc se lo están tomando bandas delincuenciales y presos de cárceles como La Picota y La Modelo en Bogotá, Picaleña de Ibagué, en Tolima y Palogordo en San Gil, Santander.
El Brigadier General de la Policía Fernando Murillo, que está a cargo de la Dirección Antisecuestro y Antiextorsión, dijo a La Silla que ya tienen detectadas 32 cárceles donde se hacen esas movidas y que tienen priorizadas 12, han incautado más de 1400 celulares y le han imputado cargos a 137 reclusos por hacer extorsiones desde la cárcel.
Murillo nos explicó que la estrategia que tienen por ahora es poner inhibidores de señal en las cárceles (hasta ahora han puesto en Picaleña y Cómbita) y trasladar a los presos que extorsionen a cárceles donde no entra ningún tipo de señal. Es muy difícil en todo caso controlar la extorsión porque se trata de redes que van más allá de las cárceles y que reciclan o cambian fácilmente a sus integrantes.
Éstos son los municipios que más contribuyeron al cambio, tanto para bien como para mal, en las cifras de extorsión con la curva de cómo han variado por año las extorsiones en cada uno desde 2006 hasta 2016.
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