Juan David Ramírez Anzola
Juan Manuel Santos llega a la Casa de Nariño en el año 2010 por una amplia diferencia de votos reflejada en la segunda vuelta de esa campaña presidencial, en ese momento Colombia parecía tener una dirección donde la inmensa mayoría de los ciudadanos se veían conforme, en lo que podríamos definir como el renacimiento de un país que venía de unas décadas de los 80s y 90s más que oscuras y con características que definían a la nación como un estado fallido. El optimismo y esperanza parecían retornar en la primera década de siglo y en todos los niveles de la sociedad, esto por supuesto sin dejar de lado las dificultades, la legítima oposición y los errores sociopolíticos que surgieron en el entrante siglo XXI.
Cómo bien es conocido en la historia política del país el expresidente Santos tuvo un giro radical frente a la visión de país que se venía proyectando, ocasionando fricciones en la gobernabilidad y gobernanza, e incluso fracturando el partido de gobierno. Pará el 2013 el expresidente Álvaro Uribe renuncia al Partido de la U, y se alista al recién fundado Partido Centro Democrático para encabezar la lista al Senado y convertirse en un líder de oposición, desde el Congreso de la República, a las políticas públicas generadas por Juan Manuel Santos.
El denominado «proceso de paz» con las Farc, plasmado en el acuerdo habanero, siendo el epicentro de los dos periodos de ese gobierno terminaron de dividir la ciudadanía en los supuestos, «amigos y enemigos de la paz», frase casi de propaganda nazi, recordemos al jurista alemán Carl Schmitt cuando definió el concepto de amigo – enemigo, tan llevado a la realidad por Hitler en ese momento de la historia. Es claro que la intensidad de combates y de ataques terroristas por parte de este grupo al margen de la ley bajaron en intensidad, pero no podemos negar en ningún momento, ni bajo ninguna circunstancia que, en ciertas zonas del territorio nacional, en las fronteras y en el negocio del narcotráfico continuaron miles de sus miembros, desde el análisis de ACORE este fenómeno corresponde a las distintas formas de lucha que han emprendido estos grupos desde los años 60s.
Durante ese período de negociaciones hasta el año 2018, pasando por la campaña presencial 2014, el desarrollo del plebiscito en el 2016, la «renegociación del acuerdo», con el antidemocrático «fast track» e incluso un período de administración de Gustavo Petro como alcalde de Bogotá, la oposición se manifestó y marchó en decenas de oportunidades, donde tengo que resaltar con mayúsculas, que NUNCA existieron enfrentamientos con la autoridad, ni se afectó algún bien público, ni mucho menos privado, no se incendió ninguna estructura, ni se irrespetaron los monumentos de la nación, no se vandalizo, no se bloqueó y por supuesto no se motivó a una insurrección, ni al llamado a la «resistencia» contra el establecimiento, que por cierto en su momento había traicionado la voluntad popular reflejada en la urnas, tanto en elecciones presidenciales, como en el plebiscito, traición política que no es caprichosa y ha sido bien documentada por columnistas, académicos y funcionarios públicos.
Sin embargo en los medios de comunicación y los líderes de siempre, esos nostálgicos del socialismo, estigmatizaron estas movilizaciones como marchas de odio, de guerreristas, de paracos, entre otros adjetivos denigrantes. Hoy ellos mismos en el 2021 y claro con el “comité del paro” a su lado, definen lo que estamos viviendo, sobre todo en el sur occidente del país, como manifestaciones culturales y expresiones de pluralidad de nuestros jóvenes, y exigen que debemos tener empatía, pero por otro lado no quieren ver los oscuros intereses detrás de la violencia, del vandalismo, de los bloqueos y del uso de armas letales en las manifestaciones, ¿o es que acaso son cómplices?
Claro que el país requiere de más desarrollo, de enfrentar la corrupción, de atender la seguridad y por supuesto que es legítimo expresar estas insatisfacciones, muchas de las marchas que se han desarrollado durante este denominado paro nacional han sido pacíficas y cívicas, pero no podemos entrar en el juego de ver solo por un ojo y olvidar la historia reciente de como continúan dividiéndonos como nación, «divide y reinarás».
Cómo lo han reiterado muchos expertos en seguridad y defensa, también señores oficiales que participaron muy de cerca de este proceso e interpretan muy acertadamente las intenciones de las élites de la izquierda radical del país, este acuerdo con Farc fue definitivamente la principal causa de la división o polarización del país y es claro que ha causado en las nuevas generaciones un odio arraigado en especial hacia el ex presidente Álvaro Uribe.
Esto lo podemos evidenciar en las movilizaciones de hoy, muchas arengas y mensajes son netamente «antiuribistas», ninguna contra Samper, Gaviria, Pastrana o ni siquiera Santos, quien hasta fue su ministro, arengas sin ningún argumentos sólidos o propuestas de país, parecería que ese sentimiento innato de ser humano, como es la ira, lo lograron transformar por medio de discurso político en odio visceral, esto muy práctico para la estrategia de las calles.
A esto tenemos que sumarle varios factores, de los cuales quiero resaltar dos en especial, en primer lugar, el factor de la desinformación, como consecuencia de campañas de amplia difusión en redes sociales de Fake News, estas noticias falsas más los ejércitos digitales de los denominados trolls han generado incertidumbre que igualmente es aprovechada por quienes financian. El segundo factor corresponde precisamente a la financiación de todos estos hechos, tanto en la calle como en el ecosistema digital, donde se evidencian hipótesis de una injerencia internacional y narcotráfico, que beneficia igualmente los intereses de ciertos líderes políticos, que promueven este caos que venimos atravesando.
Nuestro presidente Iván Duque, legítimamente electo, además por récord en votación, ha padecido de una oposición sucia y voraz, e hizo bien recientemente en recordarle a los colombianos y a la comunidad internacional, que su opositor Gustavo Petro recién conoció su derrota en las elecciones del 2018, amenazó junto con sus aliados de estar en las calles durante todo este período ejecutivo. La mayoría de jóvenes que han venido manifestándose y el comité del paro, parecen muy cercanos a este candidato presidencial, que desde las campañas presidenciales del año 2010 viene con estas intenciones de poder, intenciones que hoy parecen una obsesión, que lo muestra dispuesto a hacer lo que sea por llegar al máximo poder del estado colombiano.
Así entonces invitó a la objetividad frente a estos reprochables hechos que estamos viviendo, muy lejano a lo que podemos definir como manifestaciones pacíficas y que sea esta la ocasión para generar algo de conciencia reflexiva frente a las elecciones presidenciales venideras del 2022.
Pd. Quiero rendir un homenaje a todas las víctimas fatales y por supuesto al sacrificio de los hombres y mujeres de la Fuerza Pública que día a día cumplen con su misión constitucional.




