MG (R) CARLOS QUIROGA FERREIRA
temores
La democracia no es un simple concepto: Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, según la popular definición de Abraham Lincoln. Tiene que ser un sistema político conformado por un enjambre de instituciones diseñadas para dividir el poder, evitar excesos, vigilar su legal y honesto ejercicio, reglar la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos y garantizar sus derechos y libertades. Esto y otros elementos conforman el Estado de derecho, definido por cada sociedad política en una Constitución democrática, no cualquier constitución al amaño del gobernante, y en las leyes aprobadas por el pueblo o sus representantes en asambleas, congresos o parlamentos, que recojan el sentir del pueblo y no tanto de la mermelada.
Latinoamérica está bajo el poder de nuevas formas de autoritarismo. A diferencia de lo sucedido en los siglos XX, quienes desconocen las instituciones democráticas e instauran gobiernos dictatoriales no son los caudillos militares y tampoco la institución armada, sino presidentes elegidos por el pueblo para que gobiernen sus países con sujeción a la constitución y a ley. Este nuevo fenómeno autoritario en la volátil política Latinoamericana se podrá extender a Colombia con la llegada de Petro a la Presidencia de la República, siguiendo la ruta de los Castro en Cuba, Chávez y Maduro en Venezuela, Evo Morales y Arce en Bolivia, Ortega en Nicaragua, Rafael Correa en Ecuador y porque no decirlo, los Kirchner en Argentina, Bachelet y Boric en Chile, López Obrador en México, Castillo en Perú y Xiomara Castro de Zelaya en Honduras.
La paradoja es que el retorno del atávico y cíclico autoritarismo latinoamericano, con todos sus males, se produjo y produce en el mejor momento de la democracia y la libertad casi bicentenaria historia republicana de Latinoamérica, dando para pensar que la democracia había vuelto para quedarse. Pero no es así. Hemos visto presidentes constitucionales transformados en caudillos dictatoriales. Habiendo sido elegidos por el pueblo, dejaron de lado el orden constitucional, se proclamaron jefes supremos y permanecieron y permanecen en el poder mediante elecciones fraudulentas.
Ese es el temor fundado, por sus antecedentes y posiciones ideológicas y politicas, que genera Petro, que, bajo la excusa de realizar transformaciones sociales, desconozca el orden democrático, vulnere sus instituciones y someta a su autoridad todos los poderes del Estado; que los pocos lideres, dirigentes sociales y periodistas que se atrevan a denunciar abusos, arbitrariedades y corruptelas de altos dignatarios del Gobierno sufran represalias y persecuciones; desconozca el orden constitucional y lo sustituya por otro a su medida, para asumir todos los poderes del Estado; que las instituciones democráticas vayan perdiendo independencia y autoridad y terminen convirtiéndose en apéndices del presidente de la Republica; que cause afectación a las libertades públicas; agrave el fenómeno rampante de la corrupción, con el pasar del tiempo, para poder permanecer en el poder y lo vuelva peor al que nos carcome en la actualidad; llegue a conductas autoritarias, abusos de poder, restricciones a la libertad de expresión, empeoramiento de la economía y lo social y éxodo de millones de colombianos a donde no hay espacio debido a la masiva migración venezolana.
Los excesos se justificarán con la excusa de que finalmente es un mandatario dispuesto a renovar la desacreditada política, mejorar el sistema democrático, realizar una profunda transformación social y poner el Estado al servicio de los necesitados y de esa amanera convertir a Colombia en una opresiva dictadura.
No podemos permitir que la democracia sea reemplazada por un sistema dictatorial, en el que desaparezca el imperio de la ley, la división de poderes, la independencia de la justicia, la rendición de cuentas, el pluralismo político, la alternancia en el gobierno y la transparencia electoral, y menos se impongan restricciones de derechos y libertades en forma permanente, particularmente la de expresión, y la comisión de atroces violaciones a los derechos humanos que no nunca llegan a la justicia porque controlan el poder judicial
Algunos piensan que el 8 de agosto vendrá el revolcón. La experiencia de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia le permite tener una línea de tiempo y fases bien determinadas, para que no sintamos el impacto y nos vayamos sometiendo lentamente a su plan: primer año para aprobar reformas prometidas, entre ellas las de la Fuerza Pública, y otras que ellos consideran necesarias para su proyecto socialista, para lo que necesita gobernabilidad en el congreso y ya la consiguió, a través de burocracia y mermelada; segundo año para consolidarse en el poder a través de la aplicación de las reformas aprobadas y reforma constitucional a través de una asamblea constituyente, para establecer la reelección indefinida, y entonces les da una patada en el trasero a los que les dieron gobernabilidad y gobierna con los suyos; tercer año para perpetuarse en el poder llamando a elecciones presidenciales, legislativas y regionales que le permitirán permanecer en el poder por el tiempo que se le dé la gana y cooptar todos los poderes, de manera tal que nos van restringiendo nuestras libertades y los derechos, sin que nos demos cuenta.
Aquí viene a colación la fábula de la rana: “Una rana saltó un día a una olla de agua hirviendo. Inmediatamente, saltó para salir y escapar de ella. Su instinto fue salvarse y no aguantó ni un segundo en la olla. Otro día, esa misma olla estaba llena de agua fría. Una rana saltó dentro y nadó tranquila por el agua de la olla. Estaba feliz en esa ‘piscina’ improvisada. Lo que la rana no sabía, es que el agua se iba calentando poco a poco. Así que, al poco tiempo, el agua fría se transformó en agua templada. Pero la rana se fue acostumbrando, allí seguía, nadando plácidamente en ella. Sin embargo, poco a poco, el agua subió de temperatura. Tanto, que llegó a estar tan caliente, que la rana murió de calor. Ella, sin embargo, no se había dado cuenta, ya que el calor aumentaba de forma gradual y se iba acostumbrando a él. Moraleja: Si te vas acomodando y acostumbrando a los cambios que llegan sin reflexionar y sin actuar sobre ellos, puede que pierdas la visión de la realidad y termine afectando al país y a tu vida.
Para algunos es una descripción apocalíptica. Así sucedió en Venezuela, el ejemplo reciente que todos conocemos por ser nuestro vecino. Algunos dicen: Colombia no es Venezuela. Los venezolanos decían: Venezuela no es Cuba. Recuerden que Petro es un adelantado discípulo de Chávez; algunos dicen que su mentor.
Pero viene la pregunta: ¿Qué hacer? Los activos van a cumplir las directrices del Comandante Supremo de las Fuerza Militares y acataran, las órdenes y las reformas que en el Congreso o en una Asamblea Constituyente se aprueben, así nos reduzcan, nos cambien los roles y la doctrina, nos disminuyan el presupuesto, manden al carajo los derechos adquiridos y nos minimicen. La reserva, sin peso político propio, dependiendo de una oposición reducida, se vera con las manos amarradas y pocas opciones. La salida esta, primero, con urgencia unir la reserva y después buscar la unión con los empresarios, gremios, sector rural, comercio y sociedad civil que quiera ejercer una verdadera oposición, en lo que muchos han insistido, ya que la clase política generó desconfianza, difícil de reestablecer; segundo, establecer contactos a nivel internacional con organizaciones políticas, sociales y militares que estén dispuestas a servirnos de apoyo para difundir lo que suceda en el país, alertar sobre hechos futuros que se pueden dar y ejercer oposición y lucha por la libertad y la democracia. Los países latinoamericanos, los Estados Unidos o Europa velaran por sus intereses y les interesará muy poco lo que pase en Colombia y menos entenderán nuestras preocupaciones y para donde vamos, pues consideran que el gobierno de Petro goza de legitimidad (miren cuanto lleva la dictadura venezolana). Habrá que buscar una tercera alternativa




