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Una orden que dio a través de redes sociales el presidente Gustavo Petro a la Fuerza Pública no ha dejado de generar ruido: “Todo mando militar o policial en su jurisdicción debe velar por neutralizar al máximo la comisión de masacres y muerte de líderes sociales. La comisión de masacres y su impunidad en jurisdicciones de mandos militares y policiales afectará la hoja de vida de los mandos”, señaló el jefe de Estado.
Aunque frenar las masacres no es una misión nueva de la Fuerza Pública, como tampoco lo es que estén expuestos a anotaciones, las palabras del Presidente calaron de diferentes maneras entre las fuerzas.
De un lado, su mensaje se ha leído como una especie de amenaza, señaló el coronel (r) John Marulanda, presidente de la Asociación de Oficiales Retirados de las Fuerzas Militares de Colombia (Acore), quien considera que viola la presunción de inocencia decir, antes de que haya investigaciones, que si hay una masacre hay una responsabilidad del militar o policía al mando; y que esto descarga una responsabilidad sobre uniformados en el control de la perturbación social que no solo es de ellos sino también de autoridades civiles.
“El mensaje es confuso, amenazante y no ahonda sobre la situación real de estos asesinatos”, expuso, y añadió que esta visión podría llevar a que las fuerzas desaceleren el impulso para combatir el crimen porque, en la convulsión del país, seguirá habiendo violencia “pero los mandos, con esta advertencia de Petro de mancharles su hoja de vida, pueden quedar en una situación dubitativa sobre el asunto: si actúan o si no actúan de todas maneras su hoja de vida va a quedar manchada”.
Otra es la lectura que tiene el general (r) Luis Ernesto Gilibert, exdirector de la Policía Nacional, quien señaló que el comandante es responsable de los éxitos y fracasos de sus hombres en la jurisdicción que le corresponde, y que cuando hay alteraciones del orden público existe un control operacional.
“Lo que sucede es que para determinar una responsabilidad a un comandante es necesario que las investigaciones lleguen a pronto y buen fin para establecer la realidad de las cosas, saber si había dado órdenes, tomado medidas para prevenir cualquier actuación, si estaban los protocolos en la operatividad… pero la Fuerza Pública no es ajena a las responsabilidades de los comandantes”, afirmó.
Añadió que el mensaje de Petro más que una advertencia es un llamado a una pronta respuesta en la investigación. “Yo no lo leería como una amenaza, sino como una ‘operación reglamento’, es decir, hacer lo que se debe y apretar, encuadrar, ordenar y reverdecer cierta serie de medidas que caen en la rutinariedad”.
Además, el general consideró que no sería adecuado que estos hechos de inmediato repercutan en el uniformado, “porque es muy difícil para las tropas cubrir todo el territorio, se necesitaría casi que un soldado por metro cuadrado y no hay el pie de fuerza para eso. Además, esto se lo dejan casi todo a los uniformados, que no son los únicos responsables de ocupar el territorio, debe ser el Estado de forma integral con escuelas, puestos de salud, carreteras, entre otros”, concluyó, al decir que los militares y policías no pueden ser los únicos responsables de la seguridad de las comunidades
Elementos para estos controles
Más allá de si el llamado de Petro a frenar las masacres, so pena de anotaciones en la hoja de vida, es novedoso, esto recalca que los oficiales tienen una posición de garantes y deben adelantar todos los mecanismos para garantizar que los colombianos convivan en paz, indicó Jairo Libreros, profesor de Seguridad y Defensa Nacional de la Universidad Externado.
“El mensaje es que hay un mecanismo diferente para calificar la gestión de los oficiales, es humanizar las formas de gestión de la seguridad y dejar atrás el llamado ‘conteo de muertos’ ”, dijo.
Libreros indicó que algunos elementos para tener en cuenta a la hora de evaluar eventuales responsabilidades de los altos mandos pueden ser si los uniformados atendieron las alertas de la Defensoría y de la comunidad ante la presencia de actores armados, y si se cumplieron los planes y estrategias diseñados en los consejos de seguridad.
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“Esto no es una amenaza; el poder entraña responsabilidades, hay que entenderlo como una estrategia para fortalecer la capacidad en seguridad y defensa nacional”, concluyó.
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