Vicealmirante (RA) Luis Alberto Ordóñez. Ph.D.
La primera semana de enero de 2017, la ex ministra Cecilia Álvarez, en su columna[1] del domingo 8, hacía una serie de reflexiones sobre el servicio militar y su eventual desmonte. Allí desafortunadamente se difundieron algunas imprecisiones, por lo cual me permití dirigir una respetuosa carta al señor director del diario El Tiempo, la cual no fue respondida ni tampoco publicada.
En favor de nuestros reservistas y en pro del buen nombre de la profesión militar me permito ponerla en conocimiento de la comunidad ACORE.
Señor director, cordial saludo y felicidades para usted y nuestro diario El Tiempo en 2017.
Leyendo la columna de la doctora Cecilia Álvarez, ex ministra de Estado, del domingo 8 de enero del presente año, encuentro muchas impresiones y sobre todo desinformación que le hace daño a nuestra Fuerza Pública.
A nuestros reservistas no se les «enseña a matar», por el contrario se les enseña a querer a Colombia y a sus conciudadanos, al punto de estar dispuestos a dar su vida por ellos. También debe haber claridad en que los soldados e infantes de marina de servicio obligatorio no van al frente, esa labor la hacen los profesionales voluntarios de las Fuerzas Militares y de Policía. Ojalá usted permitiera la publicación del artículo aclaratorio que me permito anexarle. Nuestros soldados no merecen ser estigmatizados de esa forma y hay que recordar que al terminar su servicio militar entran al mercado laboral y nadie los puede ver como «máquinas de matar».
Artículo Aclaratorio
El servicio militar obligatorio lo prestan unos pocos colombianos, pues no hay cupo en los batallones para todos los que están en edad y condición para hacerlo. Sin embargo esos soldados, infantes de marina y policías no van al frente de combate, esa labor la hacen los profesionales de cada fuerza. Estos jóvenes en cumplimiento de la constitución prestan su servicio a la patria y quedan como reservistas de primera línea, es decir que cuando la patria requiera de sus servicios por amenaza externa o por necesidades de seguridad interna podrían ser llamados al servicio activo para que defiendan los intereses nacionales, es decir al país y a quienes lo habitamos. Los cargos que ocupan, durante sus 12 o 18 meses de servicio militar obligatorio, tienen que ver con guardias, patrullajes en zonas que no son de combate, vigilancia ciudadana, apoyo en oficinas, entre otros, sin mayores riesgos que los de cualquier colombiano.
La preparación es muy interesante y se fundamenta en principios y valores. Se les refuerza el sentido de pertenencia, el amor patrio y el respeto por sus conciudadanos. Con ese fin el currículo se fundamenta en el conocimiento de leyes y reglamentos, cátedras de derechos humanos, respeto y tolerancia, servicio a la comunidad, una intensa actividad física y desde luego el manejo de armas de fuego dentro de la disciplina, el uso adecuado y enseñándoles que son para defensa de la patria y jamás para hacer mal. En paralelo el currículo oculto, de la vivencia en internado en las unidades militares y de policía, los forma como personas de bien, disciplinadas, respetuosas, dispuestas a sacrificarse por los demás, cumplidoras de su deber, con espíritu de cuerpo y con disposición para trabajar en equipo.
Dentro de las competencias que se logran en la preparación de un reservista no está la de matar, nadie les enseña a hacerlo. Cátedras como: Matar I; el Arte de Matar o laboratorios de muertes I y II, no existen. Es un absurdo pensar que un joven que presta su servicio militar queda entrenado para terminar la vida de otro ser humano. Por el contrario quienes han empleado reservistas en sus empresas saben que tiene un talento humano envidiable: son personas disciplinadas, sacrificadas, respetuosas y muy dedicadas. Cosa distinta es que estén dispuestos a dar hasta su propia vida por defender la de sus compatriotas; es decir lo mismo que haría un padre o una madre por sus hijos y en esa defensa podrían tener que afectar la vida del delincuente o del agresor. Es humanamente entendible en el sentido de la legítima defensa y como último recurso.
Colombia es un país privilegiado, con mucha riqueza y un inmenso territorio. Hay intereses externos e internos en procura de tomarse lo que no les pertenece o usufructuar la riqueza nacional para su lucro particular. Los límites marítimos no están todos definidos y los que creíamos tener han sido modificados en detrimento nuestro. Cuadrillas de delincuentes retan al Estado y lo quieren arrinconar para poder ejercer sus lucrativas actividades ilegales. Colombia no va a estar en paz en muchos años y requiere de una Fuerzas Militares fuertes y una Policía Nacional preparada e idónea. Ojalá el servicio militar se extendiera para todos los hombres y mujeres de Colombia, en forma especializada: algunos en el uso de las armas, otros en el servicio social, unos más en la academia; los expertos en cada una de sus áreas. Un año de trabajo por el país no le cae mal a nadie y por el contrario podríamos, ahí si es cierto, reforzar los valores cívicos, disminuir el analfabetismo, enseñar a los necesitados, disminuir la brecha social y construir entre todos un mejor país.





Un comentario
Oportuno , didáctico y lógico comentario el que hace el señor VALM(RA) Luis Ordóñes Rubio al desinformado e insensato artículo de la señora exministra de Estado Cecilia Alvarez publicado en el diario El Tiempo, referido al Servicio Militar Obligatorio en Colombia.