
El presidente Iván Duque encontró en la lucha contra la corrupción la bandera que necesitaba para dejar un legado. Altos salarios: realismo vs populismo.
Por: Oscar Montes
La consulta anticorrupción del pasado domingo, aunque no alcanzó el umbral establecido, terminó convirtiéndose en un extraordinario hecho político, cuyo principal efecto fue el realinderamiento de todos los movimientos y partidos políticos del país en una causa común: la lucha contra la corrupción, cuya bandera quedó ahora en manos del presidente Iván Duque, quien tiene la responsabilidad de sacar adelante las leyes que permitan materializarla.
El presidente Duque leyó de forma correcta el mensaje enviado por los colombianos en contra de los corruptos. El domingo en la noche convocó a una reunión en la Casa de Nariño a la que asistieron las principales promotoras de la consulta, Claudia López y Angélica Lozano, al igual que delegados y representantes de todas las fuerzas políticas con representación en el Congreso, entre ellos Rodrigo Londoño, presidente de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc), movimiento político que surgió de la desmovilización del extinto grupo guerrillero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc).
De la reunión en la Casa de Nariño surgió el que podría llamarse el “Gran pacto anticorrupción”, que busca materializar la voluntad de 11.673.166 colombianos, que votaron las siete preguntas de la consulta anticorrupción. De esta manera, la lucha contra la corrupción pasó a ser la gran causa del presidente Duque. Así como la paz con las Farc fue la apuesta de Juan Manuel Santos y la derrota militar de dicho grupo guerrillero el propósito de Álvaro Uribe, vencer a los corruptos tendría que ser la misión de Duque. De lograrlo, encontraría -sin duda- un lugar de privilegio en la historia del país.
Pero la misión no será nada fácil. Es posible que las tareas de Santos y Uribe de acabar con las Farc, tanto por la vía política como por la militar, hayan resultado más sencillas que la que asume Duque de erradicar la corrupción. Por eso es tan importante la conformación de un bloque muy sólido en el Congreso, así como el acompañamiento de la Procuraduría, la Fiscalía y la Contraloría General, para hacerle frente a un enemigo tan poderoso. Si la lucha contra la corrupción no se convierte en un propósito nacional, es imposible vencerla.
Pero para cumplir con este mandato es necesario dejar de lado mezquindades y cálculos políticos, que en el caso de Duque -al no existir la reelección presidencial- la tentación desaparece. No ocurriría lo mismo con otros abanderados de esa causa, como Claudia López y Gustavo Petro, quienes podrían valerse del sentimiento nacional anticorrupción para pretender sacar réditos electorales. Deberían entender que es hora de asumir la responsabilidad con sentido histórico, lejos de posturas populistas, que poco o nada contribuyen a erradicar el mal de raíz, pero sobre todo con una alta dosis de realismo y pragmatismo.
Sacar adelante en el Congreso una agenda anticorrupción es una tarea titánica. Los grandes males nacionales, relacionados con corrupción, nacen, crecen y se reproducen en el Congreso.
Al no ponerse los congresistas la “soga anticorrupción” en sus pescuezos, luego de hundir varias iniciativas que buscaban combatir el flagelo, entonces 11.673.166 colombianos se la pusieron el pasado domingo. La lectura de lo ocurrido debe hacerse, sin embargo, sin estridencia ni apasionamientos, para buscar las mejores salidas que permitan la viabilidad de las propuestas.
¿Qué futuro le espera al “gran pacto anticorrupción” en el Congreso? ¿Tiene Iván Duque aliados y talante para asumir la causa anticorrupción? Corruptos hablando de anticorrupción, ¿el diablo haciendo hostias?
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