Minas antipersonal: un enemigo silencioso

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en linkedin
Compartir en whatsapp

Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), una cifra es una “cantidad indeterminada de algo que puede expresarse numéricamente”; en las matemáticas una cifra es un signo gráfico simple que expresa una cantidad en un sistema de numeración; y en el marco de un conflicto armado, una cifra es algo en lo que ningún ser humano se quiere convertir.

En Colombia, más de 9 millones de personas cargan con el lastre de ser parte de la cifra de las víctimas del conflicto armado en todas sus modalidades, según el Registro Único de Victimas.

De ellos, cerca de 12.000, entre 1990 y marzo de 2021, se convirtieron en un número más de los afectados por minas antipersonal, de los cuales 2.325 no lograron sobrevivir.

Asimismo, las cifras ubican a Colombia como uno de los países más afectados por este flagelo.

Según el último ‘Observatorio sobre minas antipersona 2020’ publicado por la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas (ICBL), nuestro país es el segundo con más víctimas en esta modalidad, superado únicamente por Afganistán. Junto a ese mismo país, Pakistán y Myanmar encabezan el ranking de los cuatro países con minas antipersonal sembradas.

Diego Ignacio Gómez, soldado profesional, en diciembre de 2011, con 27 años y 7 años en el Ejército Nacional de Colombia, activó una mina en el municipio de Tierralta, Córdoba. En medio de un espacio de escucha con la Comisión de la Verdad, Gómez relató los recuerdos del día que perdió su pierna derecha.

“Yo era el guía canino de la división, había visto muchos compañeros caer por un artefacto explosivo, pero jamás pensé que sería una víctima de eso. Después del suceso intenté levantarme, pero ya mis piernas no respondían. Sufrí la amputación de mi pierna derecha y múltiples daños en la pierna izquierda, mano derecha y esquirlas en mi rostro”, relató el soldado.

Gómez recordó que lo que más lo marcó del incidente fue “ver que mi rodilla quedó en el lugar de los hechos”, asimismo recalcó que “la afectación psicológica es más fuerte que la física” y que convertirse en una víctima de minas antipersonal le cambió la vida a él y a su familia.

“Mi madre aún no se resigna a verme así, aunque no lo diga. Las cosas que antes disfrutaba, como el fútbol, ya no podía hacerlas y mi sueño de avanzar en mi carrera profesional en el Ejército quedó a medias”.

Sin embargo, 10 años después del suceso, Gómez mira las cosas desde un punto de vista diferente: “Hoy pienso que al haber activado yo el artefacto le salvé las piernas a un civil o la vida a un campesino del sector”.

Haga click en el siguiente link https://www.elheraldo.co/colombia/minas-antipersonal-un-enemigo-silencioso-806257 para seguir leyendo.

Tambien te puede interesar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *