Por: Hernando Gómez Orduz (Veterano de Corea)
Marzo, el tercer mes del año, deriva su nombre de Marte, el dios romano de la guerra.
Y fue en marzo del año de 1953, finalizando el crudo invierno coreano y en medio del conflicto que entonces se dirimía en la península, cuando alguien, con el poder suficiente, decide escoger una víctima para sacrificarla en ofrenda a Marte, el dios de la guerra en su mes. El oferente: el coronel William B. Kern, comandante del Regimiento 31° de Infantería, “Los Osos Polares”, del Ejército de EE. UU. La victima sacrificada: el Batallón de Infantería Colombia, orgánico del Regimiento mencionado y bajo mando directo del comandante del mismo. Han pasado sesenta y ocho (68) años de aquellos luctuosos episodios que costaron la vida y la salud a muchos de mis compañeros, mis hermanos en la guerra, a quienes, por su valentía y pundonor, rindo emocionado tributo de admiración y respeto.
La situación en el frente de batalla, a lo largo de la etapa invernal, había sido de relativa calma y con un mínimo de bajas, a pesar del continuo patrullaje en la “tierra de nadie”, zona libre ubicada entre las respectivas líneas de los oponentes. Las conversaciones en Panmunjon, para pactar un armisticio, se habían intensificado; muchos veían muy próximo el final de la confrontación y “nadie quería ser el último muerto de la guerra”, por lo cual, la moral de las unidades de las Naciones Unidas se hallaba un tanto relajada, a excepción del Batallón Colombia que mantenía muy alto su espíritu de lucha, y que, por el contrario, recientemente había recibido varios reconocimientos por heroicas actuaciones.
Sin embargo, últimamente habíase detectado una inusitada actividad del enemigo, especialmente en el sector enfrente al 31º Regimiento, que alarmo a los mandos superiores. Estos ordenaron al comandante del Regimiento, llevar a efecto una operación ofensiva en su zona de responsabilidad, sobre una posición enemiga con la misión de tantear su reacción, tomar y destruir el objetivo, causar al enemigo la mayor cantidad de bajas posibles, y lo más importante, capturar prisioneros y tomar documentos para obtener informaciones para la inteligencia de combate.
Por otra parte, de algún tiempo atrás, entre el personal de tropa del Batallón Colombia, corría el rumor de que éste no gozaba del aprecio del comandante de “Los Osos Polares”, Regimiento del que era parte integral, y que ésta animadversión se personificaba en el comandante del Batallón, el teniente coronel Alberto Ruiz Novoa, rumor que fue confirmado por los eses (soldados que trabajaban en las diferentes secciones de su Plana Mayor). Por tal razón, a nadie se le hizo extraño, que “el honor” de ejecutar la operación ofensiva, requerida por el mando superior, fuera otorgado por el comando del Regimiento, al Batallón Colombia.
Las esotéricas razones de la antipatía del comandante del Regimiento jamás fueron conocidas, pero, tal vez se pueda encontrar alguna explicación al respecto, en el perfil, o descripción de su carácter, que hace en su libro “Colombia en la Guerra de Corea” el general Álvaro Valencia Tovar: “Comandaba el Regimiento 31º el coronel William B. Kern, oficial que ofrecía marcado contraste con sus antecesores al frente de los ‘Osos Polares’. Obsesionado por los detalles, carente de flexibilidad, obcecado en extremo, se preciaba de haber revisado el aseo de las ánimas de los fusiles de todo el regimiento, lo que denota su incapacidad de delegar”.
Una vez asignada la misión al Batallón, y después de algunos reconocimientos en el terreno, se eligió el objetivo entre varios posibles. Se optó por la altura 180 y se le denomino Operación “Bárbula”, más conocida como el “asalto al 180”. Se designó a la Compañía” C” para ejecutarla, la cual, de inmediato empezó su entrenamiento. Se sabía que para cumplir el objeto principal de la operación, la toma de prisioneros y documentos, era necesario penetrar la posición enemiga. El plan se trazó con base en las informaciones de inteligencia suministradas por la Sección Segunda del Regimiento.
El enemigo a enfrentar pertenecía al 3º Batallón del Regimiento 423 de Infantería China. Se estimaba que el objetivo escogido, el cerro 180, era una posición relativamente aislada, y por tanto, fácil de copar, en donde permanecía no más de un pelotón reforzado con dos ametralladoras punto 50 y dos morteros de 60 m.m. Con base en estos supuestos, que en fin de cuentas resultaron errados, se asignó la tarea a tres pelotones de fusileros de la Compañía C, dos de asalto y uno de reserva. El día D se fijó para el 10 de marzo. La artillería y los morteros 4.2 iniciaron el día 7, un intenso fuego de ablandamiento y destrucción de las fortificaciones chinas y lo mantuvieron así hasta el amanecer del día 10, segundos antes del asalto.
Se movilizo el pelotón de Sanidad completo y se montó el Puesto Adelantado de Sanidad, muy próximo a la zona de operación, a menos de 150 metros del enemigo. Se situaron ambulancias y carros blindados M-39, de orugas, para la evacuación de heridos desde las zonas de combate. Los enfermeros se dividieron: 18 de ellos, con sus equipos de sanidad y de combate, apoyados por 36 camilleros coreanos, escalarían el cerro junto con los pelotones de asalto; el resto, permanecería en el Puesto Adelantado a disposición, junto con los dos médicos del Batallón.
La operación empezó al amanecer del 10 de marzo y se prolongó hasta después del medio día. El combate fue intenso contra un enemigo numeroso y bien organizado que resistió en buena forma, tres asaltos consecutivos. Solo algunos de nuestros soldados lograron penetrar la posición enemiga y todos fueron muertos en las zanjas. La enormidad de bajas sufridas, casi un 70%, imposibilito la continuación de la arremetida, siendo necesario replegar a los sobrevivientes sin haber cumplido la principal misión: tomar prisioneros y documentos. De inmediato se inició el recate de heridos y muertos; 64 de una fuerza de asalto de 94. Fue extraordinario el heroísmo demostrado por los enfermeros de combate en esta labor y posteriormente, en las patrullas de rescate de cadáveres, que minados, fueron expuestos por el enemigo en la ladera del cerro como señuelo; a la vez que, también hicieron un importante aporte al total de bajas sufridas por la Unidad en la operación.
Al respecto, dice el General Valencia Tovar en su obra mencionada: “Analizando el hecho militar, se deduce que las pérdidas humanas y materiales no justificaban la operación. Se ejecutó obedeciendo órdenes regimentales, en desarrollo de una tradición ligada con los valores fundamentales de un cuerpo armado de la contextura del colombiano. A simple vista, un pelotón reforzado enemigo posesionado del cerro 180, podía constituir un objetivo alcanzable para dos propios y uno más de apoyo inmediato. Falló por su base la inteligencia en niveles superiores y una vez más el pensar con el deseo prevaleció sobre el análisis frio de capacidades y posibilidades. El cerro 180 no era un accidente topográfico aislado. Formaba parte de un conglomerado montañoso con alturas vecinas entre sí, en capacidad de ofrecer apoyo de fuego recíproco y envió de refuerzos utilizando los ángulos muertos y contrapendientes. Grave error de apreciación cometió el Mando del Regimiento 31°, que pagó su precio en vidas colombianas”.
A pesar del elevado número de bajas sufridas y sin haberse recuperado aun del golpe recibido, dos días después de la Operación “Bárbula”, el 12 de marzo, el Batallón Colombia ocupaba posiciones en la primera línea de batalla, por inapelable decisión del comandante del Regimiento. En el sector asignado al Batallón, se hallaba el puesto adelantado de Old Baldy, estimado el más importante y peligroso del frente. La medida no era prudente ni mucho menos considerada con la Unidad, sin embargo, la orden se cumplió de inmediato y disciplinadamente. Las Compañías “A” y “C” se situaron en la línea principal de resistencia en sentido Oeste a Este; la Compañía B lo hizo en el saliente de Old Baldy, y la Compañía D, la de armas pesadas, se distribuyó entre las compañías de fusileros, para su apoyo.
Un incesante fuego de artillería y morteros, de intensidad creciente, golpeó con dureza las posiciones del Batallón, especialmente la de Old Baldy, con balance de 11 muertos y 8 heridos, entre el 12 y el 22 de marzo. Este hostigamiento en aumento permanente hacía prever una inminente ofensiva del enemigo y por eso, el comandante del Regimiento ordeno preparar un relevo de la Compañía “B”, que estaba en el puesto adelantado de Old Baldy desde el día 12, y supuestamente sometida a un excesivo desgaste, por la Compañía “C”, que se encontraba detrás, en la línea principal de resistencia, y según él, de mejor ánimo para soportar la arremetida.




