MGA (R) Ricardo Rubianogroot Román
JDN ACORE
La tierra en su evolución, cumple unos ciclos naturales y una seguidilla de acontecimientos que son normales desde la mirada científica, entre estos fenómenos se destacan los vientos huracanados, temblores, temperaturas extremas, deshielo de casquetes polares, mortandad de especies marinas, y pestes en los seres humanos, como la que estamos transitando.
Cada uno de estos espacios de la marcha global donde sucumben unas especies para que distintas broten o se dé el renacer de otras variedades extintas en diferentes épocas, forman parte del continuo movimiento y transformación de la naturaleza, sin duda, todo esto afecta al ser humano, el que debe saber acomodarse a esta nueva combinación de factores determinantes, los que debe enfrentar actuando con sapiencia e investigación necesaria para superarlos.
Fabricando una comparación con lo que hoy pasa en Colombia, podríamos certificar que en esta consternada patria, igualmente, se está dando una evolución pero en este caso institucional, desde la óptica científica no tienen ninguna aceptación y desde luego no es un fenómeno natural, con determinación hay que decirlo, es artificial, es algo que se ha creado con la intención de mostrar y aparentar algo que no es, lleva consigo misma, una intención, un propósito, efectivamente, busca un beneficio a la sombra.
A que Instituciones me refiero, validando el párrafo anterior; a aquellas que constituyen el sistema integral de verdad, justicia, reparación y no repetición, a la Justicia Ordinaria, la prensa y a la Fuerza Pública.
Las iniciales, son las que constituyen el sistema de búsqueda de la personas desaparecidas, la comisión de la verdad y la Justicia de transición, desde su origen, la Habana, fueron concebidas para beneficiar a ese grupo humano sublevado, con los que se realizó un proceso de paz que nos ha entregado muchas cosas, menos la de su propósito expreso.
Tangencialmente reseño, la Unidad de personas desaparecidas, ahora, convenientemente cataloga a las personas asesinadas o secuestradas, clasificándolas precisamente de “desaparecidas”, buscando hábilmente que estos hechos simplemente pasen al olvido, dejando de lado la gravedad de un hecho de ese talante. La comisión de la verdad por su lado, solo presta sus oídos a quien quiere escuchar, no importa la posición de un sector amplio del país que afanosamente pide atender voces heterogéneas, o del comisionado que piensa diferente a la gran mayoría de ellos, 1 en contra de 10, su objetivo escribir una verdad a conveniencia, a su manera. La justicia transitoria por su parte, dicta unos escasos fallos, la mayoría entre los pocos, da ventajas a los rebeldes y muestras de gran impunidad. Este sistema caprichoso, está coartando la libertad y escondiendo la verdad, ¿se advierte al menos, la restauración por penas cometidas? Todos y cada uno de estos organismos, gozan de unos altos presupuestos, que exigen más y tienen nóminas e instalaciones extraordinariamente abundantes.
La Justicia Ordinaria, especialmente las altas Cortes, han sufrido un gran deterioro en su prestigio, recuerdos lejanos llegan mi mente de aquellas épocas de reputados Magistrados donde someterse a esas instancias infundía respeto y reverencia, a épocas como las de hoy que inspiran solo animadversión y miedo por las decisiones que toman funcionarios movidos por intereses sórdidos y oscuros. Genera zozobra saber de ellas solo por términos comparables a los de los malandros, el “cartel de la toga” y otras denominaciones non sanctas. Las instituciones más altas de la justicia, deben generar confianza en sus actuaciones. Hoy día solo suscitan lo contrario. Recientes fallos así lo confirman.
La prensa otrora el “quinto poder”, por referirse a la fuerza de los medios en la formación de la opinión pública y por así decirlo “al control” que ejercían sobre los tres poderes tradicionales, pasó a ser un interés netamente politizado, económico y mercantilista, hoy por hoy es deseable leer la prensa con la rapidez con que se escribe, y escuchar la noticia, con la ligereza con que se emite, su profundidad es cuestionable, los medios vigentes de comunicación difícilmente informan, regularmente adecuan, desorientan.
La Fuerza Pública, armonizada por las tres fuerzas Militares y la Policía, conocidas de siempre por la labor que cumplen de soberanía, independencia, del mantenimiento de las condiciones de los derechos y libertades, de la seguridad, ha sido permeada sutilmente, infiltrada a propósito, logrando hacer caer la balanza en algunos aspectos de su marcha habitual; con unos pocos que han errado, con ello, han logrado el descrédito de toda una institución, la que por décadas ha ocupado el más alto nivel de reputación que cualquier otra en el organismo estatal. La Fuerza Pública, el ente que protege, que proporciona su seguridad, temporalmente entra pasmosamente, en el abanico de las instituciones en decadencia en su prestigio; como corresponde en la última indagación, recobra frente en alto, posiciones que le son conocidas, a las que pertenece.
Esta evolución por la que están transitando las instituciones mencionadas, “fabricada” en forma artificiosa, hay que detenerla, con toda la capacidad metal, con la habilidad de raciocinio, con planificación, con prospectiva y entendiendo la complejidad del problema, con comprensión del entorno. Hay que evitar que “unas especies broten o se dé el renacer de otras variedades extintas en diferentes épocas”, lo que se ha comprobado que no es útil, hay que soslayarlo, debemos enfrentar este reto con toda determinación, sus intenciones, el rumbo que busca, y el beneficio del que se hablaba, es el socialismo, esa corriente no le conviene a Colombia, ni a ningún territorio en el mundo.
Haciendo una semejanza a los fenómenos enunciados en los párrafos iniciales, no podemos permitir la entrada a ningún tipo de evolución destructiva nuestro país solo requiere sistemas que edifiquen, que lo proyecten positivamente.
Trabajar dirigidos por un gobernante honesto a quien pedimos determinación y firmeza, el sistema de verdad justicia reparación y no repetición, SIVJRNR, no puede ser una rueda suelta; los Ministerios, esos órganos que manejan la administración pública deben actuar con denuedo, la ley de prensa la No 157 del 86 y su base legal, controlada con bizarría por el Ministerio de Gobierno y el Consejo de Estado, el Ministerio de Defensa y el Comando General de las Fuerzas Militares son los llamados a actuar, corregir, generar confianza y credibilidad en nuestra Institución castrense.
Debemos recuperar la confianza y recobrar la esperanza en una Colombia justa y viable.





Un comentario
Interesante y oportuna reflexión