UN CUENTO DE MAR

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Capitán de Navío (R) Luis Enrique Torres Salamanca

Socio Acorado

En las décadas de un ayer no muy lejano, en el siglo pasado, nos avergonzábamos de nuestros puertos, su mejoramiento se miraba como un imposible, la gritería amenazante de sus empleados se escuchaba con temor y sus exigencias absurdas, descomedidas y desproporcionadas se atendían con prontitud. Reinó el caos, la ineficiencia, la corrupción; se obtuvo pobreza, vergüenza nacional y destrucción. La comunidad internacional nos exigía seguridad, eficiencia y transparencia en nuestra actividad portuaria; la Nación reaccionó y hoy cuan distinto, los puertos hacen parte de nuestra solida infraestructura para el transporte, producto del liderazgo de colombianos extraordinarios; los puertos de Cartagena, Santa Marta, Barraquilla, y Buenaventura son de los mejores del mundo. Hoy podemos decir que los puertos, uno de los elementos del poder marítimo, son orgullo nacional.

La marina mercante colombiana se extinguió y nadie ha levantado una voz de protesta por este hecho tan lamentable para un país que se ha considerado marítimo. Entregamos el derecho que tenemos de acceder al mar y por ende a las líneas de comunicación marítima internacional. Entregamos la capacidad de dar trabajo en forma directa e indirecta a miles de colombianos y creamos un factor negativo en la balanza de pagos. “País de mares” se dice en los círculos doctos de la capital “Patria de los tres mares” se oyó decir en la casa de Nariño durante los preparativos de Expo-Lisboa 98. Hipérboles idiomáticas, con sabor irónico, que desconocen la realidad marítima colombiana.

El comercio exterior colombiano, que se movilizó por vía marítima en el año 2019, alcanzó los ciento veinticinco millones de toneladas (125´000.000 de toneladas), según DIMAR, que representaron el 98% de las exportaciones totales del país, con un valor superior a los treinta y nueve mil millones (USD 39.000´000.000,oo) de dólares, según el DANE. Estas toneladas movilizadas por vía marítima debieron generar al menos dos mil quinientos millones (USD 2.500´000.000,oo) de dólares en fletes de los cuales por lo menos quinientos millones (500´000.000,oo) debieron ser sueldos para los marinos de los buques de esos países que transportaron nuestra riqueza. Si solo una quinta parte de estos suelos hubiesen ingresado a las manos de los marinos de Colombia se habrían adquirido bienes y servicios producidos por las empresas colombianas y tendríamos un aumento de nuestra riqueza, sumando cien millones (USD100´000.000,oo) de dólares para el año 2019. Dice el informe de DIMAR que para el año 2019 había trece (13) empresas extranjeras autorizadas para operar en los puertos de nuestra Nación, y no se registra ninguna sociedad de transporte marítimo colombiano. Yo interpreto que, al no registrarse alguna empresa colombiana con esta misma autorización entonces la marina mercante de transporte internacional de nuestro país, desapareció.

Los decretos 994/66 y 1208/69 que debieron proteger y reglamentar la reserva de carga para los buques matriculados en Colombia en forma exclusiva, termino siendo una repartición para buques de otras banderas por voluntad de los armadores. Algo increíble pero real la reserva de carga colombiana se repartió entre los socios de ALAMAR (Asociasión Latinoamericana de Armadores), cuando el decreto 994/66 lo prohibía. A nadie le importó que nuestra marina mercante acababa de ser contaminada con el virus de la muerte.

Ya de por sí es una vergüenza, que gran parte de nuestros productos agrícolas tradicionales estén siendo importados, pero duele aún más que sean transportado en buques de otras banderas, dejando sin trabajo a los marinos colombianos; y es como para no creer, que quienes obtienen el beneficio económico del transporte también son otras naciones, porque quienes fletan los buques para enviar los alimentos a Colombia lo hacen con mejores beneficios desde las otras orillas de nuestros mares. Entregamos nuestras divisas y no percibimos contribuciones para el fisco, nos están rapando el trabajo y empujándonos a la ruina por falta de políticas que fortalezcan el sector marítimo de nuestra nación.

Ahí están nuestros mares siendo utilizados por los demás pueblos del mundo, beneficiándose lícitamente con nuestras riquezas, mientras nosotros nos empobrecemos estúpidamente.

Los marinos de Colombia nos preguntamos: ¿Porque otros países en el mundo pueden tener marina mercante que transportan las riquezas de sus propios países y de otros países costaneros o sin riveras marítimas? Porque hay pueblos sin costas sobre algún mar y tienen marina mercante que le entregan riqueza a su respectivo país. (Mongolia, Luxemburgo, Moldavia, Bolivia, Suiza y otros). ¿Porque hay funcionarios públicos colombianos, de alto nivel ejecutivo, que les dicen a los marinos de nuestro país que Colombia no necesita buques?

“Colombia es un país de espaldas al mar”, decía Don Baldomero Sanín Cano…Pareciera que esas palabras no describieran una situación para mejorarse, sino que fuese un imperativo para alejar a los colombianos de la prosperidad democrática que ofrecen nuestros dos mares.

La legislación actual ha sido perjudicial para la marina mercante colombiana, sus resultados saltan a la vista. Es pertinente crear normas administrativas y legales apropiadas para la época y que tiendan a recuperar nuestro transporte marítimo internacional y de cabotaje.

– Se necesita crear una política y una organización para el servicio del mar.

– Se debe incentivar la matrícula de buques con bandera colombiana para darle trabajo directo e indirecto a miles de colombianos.

– Se deben crear los tribunales marítimos, dentro del poder Judicial, para que sea la justicia colombiana la que le da solución a los casos propios del transporte marítimo que se presentan en nuestras aguas territoriales, que siempre son complejos y en la mayoría de los casos con implicaciones internacionales.

– Se debe atender y resolver la aplicación de la normatividad correspondiente al derecho del mar que de acuerdo a la última convención del mar estamos obligados a su implementación y cumplimiento.

– Se debe desnarcotizar la legislación que regula el ejercicio de la profesión de marino en todas sus especialidades y categorías, en concordancia con la presunción de inocencia establecida en nuestra carta; para no recurrir a las licencias otorgadas por otros países que nos permitan ejercer la profesión, así sea en buques con bandera extranjera o en nuestros buques de cabotaje y en los artefactos navales que se operan en Colombia.

Desde el poder ejecutivo La Armada de la República de Colombia ha creado y opera a DIMAR, la Marina de Guardacostas y el CIOH (Centro de Investigaciones Oceanográficas e Hidrográficas), elementos fundamentales del poder marítimo y merece que la Nación Colombiana de pie la ovacione por esta magnífica labor. Es necesario que se hagan presentes y actúen El Poder Legislativo y El Poder Judicial.

Así como hace varios años, desde los medios de comunicación, mi capitán Salas nos anunció, desde Cartagena, que nuestro primer embarque dentro del acuerdo del TLC se hacía en un buque alemán, en un mañana, no muy lejano, quisiéramos oírlo a él diciendo que sale el primer embarque en un buque de la Nueva Marina Mercante colombiana.

Señores congresistas, señores periodistas, señores poetas, no más hipérboles sobre nuestros mares, Necesitamos ejercer la soberanía efectiva sobre nuestras aguas oceánicas para mostrar que nos pertenecen, las usamos y las necesitamos. Lo que está sucediendo con Nicaragua es una consecuencia de vivir de espaldas al mar; nos escudamos en la necesidad que tienen los raizales para explotar el mar de San Andrés, cuando la necesidad es para todos los colombianos, que los incluye porque así lo ordena la Constitución. Una de las razones en la demora para la reconstrucción de la isla de Providencia ha sido la falta de un efectivo apoyo logístico proveniente del continente usando el mar.

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