Trivia. Cultura ciudadana

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Hace una semana, las redes sociales viralizaron un vídeo en el que se observa a una adolescente, al parecer alicorada, que baja sus pantalones y, sin siquiera sonrojarse o sentir pena, orina en la esquina de un bus biarticulado de Transmilenio. Ayer y hoy son noticias los desmanes y las asonadas en algunos portales y estaciones de nuestro sistema público de transporte masivo ¡Horror!

 

El sistema de transporte masivo de la capital es quizás hoy el epicentro de situaciones que hablan de la falta de respeto por los demás, por las normas y por la autoridad. La ausencia total de cultura ciudadana es evidente en una ciudad que cada día recibe a miles de personas provenientes de los cuatro puntos cardinales del país y en donde la capacidad de control de las autoridades distritales ha sido sobrepasada desde hace ya bastante tiempo.

Podría afirmarse que Transmilenio –portales, estaciones y vehículos– es una especie de laboratorio en el que es posible observar las conductas y comportamientos que están reglando la vida en comunidad de los habitantes de la ciudad. Por eso, resulta prioritario tomar medidas que ayuden a modelar y regular el comportamiento de los ciudadanos y ciudadanas, medidas en las que deben estar comprometidos los 13 sectores de la administración distrital, con la obvia y activa paricipación de la Policía Metropolinata de Bogotá.

Apenas han transcurrido escasos 38 días de la administración del alcalde Enrique Peñalosa y, como era evidente –no podía ser de otra forma, pues el burgomaestre capitalino de mago no tiene nada–, las cosas empeoran con el inexorable paso del tiempo. Verbo y gracia, los primero días de enero fuimos testigos de las agresiones a los uniformados de la Policía Nacional destinados a brindar seguridad en este sistema de transporte masivo.

Agresiones verbales y físicas, irrespeto de las filas –tanto para cargar la tarjeta en las taquillas como para acceder o salir por las talanqueras laterales y puertas de estaciones y buses–, colados, vendedores ambulantes y habitantes de y en calle, entre otros factores, hacen de Transmilenio un coctel  peligroso, máxime cuando las condiciones enunciadas al comienzo de la oración se mezcla con infraestructura deteriorada o que no funciona, imcumplimiento de horarios, rutas mal planeadas y una gran demanda en el servicio.

Gustavo Petro se acordó tarde de la cultura ciudadana. En el ocaso de su administración se llevó a cabo una campaña desde la Dirección de Seguridad, dependencia que hace parte de la Secretaría Distrital de Gobierno, la cual no contó con el suficiente apoyo y tiempo para generar procesos de cambio en el inconsciente colectivo de los habitantes de esta mega ciudad.

Lo curioso es que en el ala norte del Palacio Lievano algunos directivos han insinuado que las campañas de esta naturaleza no son del resorte de la Secretaría Distrital de Gobierno, como quiera que en la estructura del Distrito existe la cartera de Cultura, en la cual por defecto debería recaer el tema.

¿Miopía o ceguera institucional? Respondan ustedes esta pregunta, pues la carta de navegación de la Secretaría de Gobierno apunta a hacer posible la convivencia y la seguridad ciudadana.  A mi modo de ver, la cultura ciudadana es transversal a la convivencia y la seguridad. Debería ser una tarea que se acometa desde estas instancias, mientras el alcalde Peñalosa pone a consideración del Concejo su idea de crear la tan anunciada Secretaría de Seguridad, que hasta el momento no existe.

Petro no hablaba de cultura ciudadana sino de cultura democrática. Algo normal en los gobernantes de estas latitudes, que no quieren que sus programas tengan siquiera una sílaba parecida con los de sus antecesores. Razón suficiente para desconocer las bondades de los proyectos e iniciativas de otros. Eso le ha pasado a la cultura ciudadana que lleva el rotulo de Antanas Mockus, como si él hubiese sido el genio que inventó este concepto en el mundo de la administración de las grandes urbes.

Mockus no ideó la cultura ciudadana pero sí extrapoló sus bondades para traerla y hacer de ella una realidad palpable en Bogotá. Ojalá el alcalde Peñalosa aproveche este saber y buenas prácticas de uno de sus más encumbrados asesores. Mockus y Corpovisionarios tiene la experiencia; su triada de la cultura ciudadana –ley, moral y cultura– son necesarias para devolverle el esplendor a la ciudad.

Como elemento regulador de las relaciones de buena vecindad, tolerancia y convivencia, la cultura ciudadana se debería volver política pública. Sólo así es posible asegurar la continuidad de los procesos que inició Mockus en su primera administración y que sus sucesores desecharon.

No olvidemos, como lo escribí en los primeros párrafos de este escrito, que cada día llegan nuevas personas a Bogotá, hombres y mujeres de nuestras provincias que necesitan aprehender los patrones de conducta de una metrópoli en continua expansión y crecimiento.

Coronel (RA) José Obdulio Espejo Muñoz

josearmy@gmail.com

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