Myles Frechette, entre la mentira, la especulación y la vitrina

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MG Juan Salcedo Lora, Expresidente de Acore (2008-2012)

29 abril de 2017

Vuelve el perro y jala el cuero”, de plena aplicación en el caso del ex embajador de los Estados Unidos en Colombia. Baila entre las verdades a medias, que no son verdades y las suposiciones, que tampoco son verdades, mucha especulación que se aleja de las verdades y eso sí, mucha vitrina. Consiguió un hábil periodista que simplemente le pica la lengua y el “gringo maluco” de quién hablaba el exministro y parlamentario Horacio Serpa, se mete en la vitrina que tanto le gusta. Los temas, trillados los más y nuevos los menos.

Acore es la Asociación de Oficiales en retiro de las FFMM de Colombia, con más de sesenta años de existencia y que persigue fines reconocidos por todos los colombianos, cuales son la unidad de los oficiales retirados alrededor de sentimientos de amistad, compañerismo y perpetuación del respeto y devoción de las tres entidades armadas legales, dominadores y responsables celosos de los espacios de tierra, mar y aire, poseedores del porte y empleo de las armas para defensa de la nación, su constitución, instituciones y especialmente su soberanía. La vida diaria de dicha institución gira alrededor de esos sentimientos nobles.

Excepcionalmente interviene privada o públicamente cuando está en riesgo algún interés de los asociados, bien en lo económico, bien en lo jurídico, ora en lo profesional o también, por qué no, cuando se golpean las estructuras o el prestigio de las FFMM, el Ejército, la Armada Nacional o la Fuerza Aérea Colombiana.

Acore es celosa entidad y nos preciamos sus integrantes que podemos con la palabra a través de los medios de comunicación alzar la voz por quienes no lo pueden hacer, por la recia disciplina de quienes están en servicio activo.  Es fácil hacerlo, pero hay personas como Myles Frechette, que desconfían de la buena fe que nos mueve y en aras de causar perjuicios en la credibilidad de la entidad, no dudan en darle capacidades y malas intenciones en el cumplimiento de las tareas antes mencionadas.

No obramos de mala fe. No buscamos beneficios políticos y es usual, en el largo trecho de sus años de vida, que Acore se identifique, con el gobierno nacional, independientemente de la posición política partidista. Desconoce Frechette, entre otras muchas cosas, que el candidato Juan Manuel Santos visitó Acore en plena campaña en la búsqueda de apoyo, que le permitiera ganar en ese debate electoral y llegar como llegó a la Presidencia de la República. Fue ostensible el apoyo que las fuerzas vivas de la reserva activa de las fuerzas militares y la policía nacional le brindaron.

Lo reconoció entonces y lo reconoce cada vez que se ofrece en ceremonias y eventos que involucran formaciones de la fuerza pública. Acore y las organizaciones de oficiales, suboficiales, soldados de la fuerza pública reconocen en Juan Manuel Santos ese carácter constitucional de “dirigir la fuerza pública y disponer de ella como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas de la República”.   

Presupone el no muy bien recordado ex embajador de los Estados Unidos en Colombia, que los militares tienen a Santos bajo chantaje”, lo cual no solamente es irrespetuoso, sino también injusto con el Señor Presidente de los colombianos. Juan Manuel Santos no se dejaría chantajear jamás por sus subalternos en la línea de mando, en el caso de militares en servicio activo, ni tales militares se atreverían a tomar ese tipo de actitudes. En el caso de las organizaciones de la reserva activa, como Acore, el trato para con el primer mandatario ha sido siempre respetuoso, como corresponde. Recuerdo una reunión preparatoria no de Acore, sino de la Mesa de Trabajo, para aceptar una invitación del Dr. Santos el día 9 diciembre de 2016. La Mesa, como ente coordinador de 18 organizaciones de oficiales de la reserva activa del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y la Policía Nacional, y como para colocar en el justo medio el ambiente que se esperaba, uno de los delegados expresó para disipar toda duda “con el señor presidente no se discutese dialoga”.

La reunión fue de franco diálogo y allí supimos el objeto de ella. No fue porque el señor Presidente se sintiera chantajeado como lo supondría malévolamente Frechette. Ante la preocupación respetuosa y seria, expresada en oficios al alto mando, por parte de la Mesa de Trabajo, Ministerio de Defensa y al mismo jefe de Estado, de sentirnos jurídicamente desprotegidos por los mecanismos y normas que se estaban produciendo como consecuencia del proceso de La Habana, el Dr. Juan Manuel Santos, simple y llanamente, nos garantizó la seguridad jurídica a la cual él públicamente en ceremonia militar se había comprometido.

Se descartaba de plano el chantaje o cualquier otro mecanismo de similar carácter, de los que acostumbra Frechette cuando irrespeta al presidente de los colombianos por permitirlo y cuando desdice de los militares y policías en retiro por atreverse a tanto, que no se lo permitiría su formación castrense. De pronto Frechette, lo habrá palpado en su propio patio, en esa democracia plena o en otros estados afines a su no bien definida política, que le permitieron ostentar años atrás en Colombia el remoquete bien merecido como lo suponen los desconocidos autores de “Camarada Frechette”.

La vitrina en este personaje que no se resigna a “pasar al retiro” se le presta cada vez que aparece un periodista como Gómez Pinilla, como cuando irrespetó al expresidente Cesar Gaviria, en diciembre de 2013 y que obligara al exmandatario a decirle que le parecía “carente de todo profesionalismo que un exembajador de Estados Unidos haga acusaciones tan graves”.

También manifestó el “gringo maluco” que “siempre he creído en la teoría de que un crimen de Estado acabó con la vida de Álvaro Gómez, entendiendo por ello la posibilidad de que miembros de las Fuerzas Armadas, aliados muy probablemente con el narcotráfico del Valle, sin conocimiento de Samper, hubieran planeado y efectuado el magnicidio”. Si bien lo cree y tiene pruebas debe acudir a la Fiscalía a denunciar con valor civil y entereza de carácter esa grave incriminación. De resto son pamplinas, refritos, que poco bien hacen a instituciones bajo la dirección de probados profesionales, pero que igualmente colocan en tela de juicio lo que ha dicho, Frechette y lo que pueda decir en el futuro.

Oscar Alarcón en un artículo de enero de 2016, titulado “El americano feo”, coloca al ex embajador vitrinero en su puesto, cuando expresa con firmeza, “… ¡Como puede ser representante de un país, potencia mundial, una persona tan irresponsable como ésta!, hijo de un funcionario en las plantaciones de banano en el Magdalena cuando vino aquí en 1930 y trabajó con la United Fruit Company, dos años después de la matanza en Ciénaga. Por eso nos trató tan mal durante su misión, entrometiéndose en asuntos ajenos a sus funciones. ¡Como contrasta ese americano feo con otros diplomáticos del país del norte tan discretos como Busby (su antecesor, de quien también habla mal), McKinley, Brownfield, y el actual Whitaker!”

El mismo periodista, Alarcón, serio y acucioso, cuestionaba a Frechette, quién tanto exige de Colombia y los colombianos porque el gobierno colombiano combatió firmemente contra los capos del narcotráfico, y le preguntaba, sin dar nunca la respuesta, ¿dónde están los “capos” norteamericanos? ¿Es que acaso los dueños del negocio son solo latinoamericanos? Y cuando se enumeran los millones de víctimas en Colombia del narcotráfico y el narcoterrorismo le interroga, ¿Y dónde están las víctimas en los EE.UU?

Así habla Frechette, supongo, me dicen, me imagino, me dijeron, no puedo revelar la reserva diplomática norteamericana…Alguna vez en unos de nuestros teatros manifestó “hoy día las fronteras de las naciones son porosas y cada convenio o tratado disminuye soberanías”. Le pregunté sin aguantar las ganas “… ¿Embajador, de manera que las fronteras de los Estados Unidos son porosas y tantos convenios y tratados firmados le disminuyen soberanía? – Respondió pomposamente, como si el subconsciente le susurrara “américa para los americanos”, me refería a otras naciones, no a los Estados Unidos….

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