Coronel Darío Ruiz Tinoco
América Latina ha sido con muy pocas excepciones tierra fértil para que se desarrolle el caudillismo populista mal sano, en ello y guardadas las proporciones se ha parecido a África, con una historia política plagada de malos ejemplos: Venezuela con varios caudillos en sus escasos doscientos años de historia independiente, tales como Juan Vicente Gómez, Marcos Pérez Jiménez, el General Guzmán Blanco en el siglo XIX, quien sin mérito alguno se autoproclamó “El ilustre Americano”, y en las postrimerías del siglo XX y amanecer del siglo XXI con Chávez y Maduro; no se diga nada de Bolivia con el tenebroso Mariano Melgarejo quien con sus demenciales estupideces políticas condenó al país después de su dictadura a la guerra del Pacifico (1879-1883) con la irreparable pérdida de su salida al mar frente a Chile; Argentina con Rosas y Juan Domingo Perón; Republica Dominicana con Rafael Leónidas Trujillo; Haití con Jean François Duvalier y posteriormente su hijo, más conocido como “Nene Doc”, Panamá con Manuel Antonio Noriega cuya salida del poder en 1989 se produjo por intervención militar de los Estados Unidos, justificada por cierto dentro de la “ética política” por tratarse de uno de los gobiernos más despreciables, corruptos y narcotraficantes de la historia de América, solo comparable hoy con el de Maduro en Venezuela.
En Colombia por fortuna el fenómeno político del caudillismo hasta ahora no ha prosperado, y ojalá que ello no llegue a suceder. Esta condición no representa, ni más faltaba un síntoma de la madurez política porque aún no se ha alcanzado, pero a pesar de los desórdenes políticos que se han dado a lo largo de su historia de Colombia, no se ha presentado una situación de asalto al poder a nombre de las mayorías populares por líderes que actúen sin vergüenza alguna, como lo pretendió hacer frente al resultado de pasadas elecciones presidenciales Gustavo Petro, quien representa a ese mal sano caudillo populista que se muestra ante sus seguidores como virtuoso y honesto y que esconde tras su facha de demócrata todo lo negativo que representa su proyecto político.
El populista lo defino en este artículo, como aquel político que muestra un desprecio por las élites y por los empresarios porque los percibe como una casta privilegiada, arrogante y superior que corresponde a un núcleo social elevado e inalcanzable, que rechaza y critica las tradiciones de una sociedad y de la política, que tergiversa la historia para montar su propia verdad y que por ello se siente dueño su verdad absoluta y la trata de imponer sin aceptar critica, porque su verdad es indiscutible y por consiguiente no hay lugar al disenso.
El Socialismo del Siglo XXI, fundado por el tristemente célebre y siempre mal recordado Hugo Chávez y su heredero político, Nicolás Maduro ha representado la más clara expresión del caudillismo mal sano al que me refiero, el cual condujo a un país, que hasta hace no muchos años mostraba pujante desarrollo económico, al mayor desastre de toda la historia, con una inflación proyectada para el 2019 de diez millones por ciento, es decir la mayor contracción económica que haya sufrido una país en la historia universal, solo comparable a la que sufrió Alemania después de su derrota en la `Primera Guerra Mundial con la imposición de Tratado de Versalles de 1919.
En los albores del nuevo Gobierno de Colombia y frente a todos los retos y desafíos que se le vienen presentando como resultado de haber recibido ocho años de una gestión de gobierno caracterizada más por sus desaciertos que por sus aciertos y como un ejercicio de sana reflexión para las juventudes, a quienes algunos formadores y educadores , por fortuna no todos, les han presentado de manera por demás perversa, una historia distorsionada y mentirosa de Colombia, en la cual tratan de demostrar que Farc no han sido tan malas como se afirma y que la izquierda de la “ Colombia Humana” era la mejor opción política para el país .
Como colofón, Colombia debe ser gobernada por los más capaces, los más honestos, los más inteligentes y virtuosos, por la elite de los más preparados como lo viene demostrando el nuevo Presidente en pocos días de gestión ; no por los más poderosos, arrogantes y populistas; no por aquellos que venden sus principios y se inclinan y abrazan al criminal frente a todos en busca de un Nobel de Paz ;debe ser gobernada por una aristocracia sana y bien entendida en la esencia misma de cómo fue concebida en la antigua Gracia, por el gobierno de unos pocos pero para todos, por aquellos visionarios que pueden entender y a advertir que el populismo es el camino más expedito al desastre de un país como ha ocurrido con Venezuela; por aquellos que sin sonrojo por no tener “rabo de paja” tienen en valor de llamar las cosas por su nombre para denunciar y condenar internacionalmente la dictadura de Maduro, por aquellos que no convierten a los enemigos de la Patria en su “nuevo mejor amigo” traicionando así a quien le dio la oportunidad de llegar a la Casa de Nariño, por aquellos que creen y respaldan ciegamente a sus Fuerzas Militares en su irrenunciable misión constitucional.




