Economía populista a la vista

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T.Coronel (R) Gustavo Roa Cuervo

Populista

El nuevo ministro de Hacienda, según manifiestan los progresistas, es un afamado economista de corte socialista. Sin embargo, los logros en gobiernos anteriores son muy controversiales, sigue las líneas y teorías económicas de aquellos «gurús» izquierdistas, cuya premisa matemática es el incremento desmedido de impuestos, pretendiendo con sus fórmulas mágicas, solucionar problemas de orden económico y social.

Economistas con tendencias socialistas cómo Krugman, Jones, Varoukafis y el estadounidense Piketty son los inspiradores de las soluciones políticas y económicas, similares a las planteadas por José Antonio Ocampo para nuestro país. Los economistas antes mencionados han desarrollado interesantes estudios y tratados sobre los comportamientos y sistemas de desarrollo económico público, pero con una notable hegemonía oficial en la distribución de recursos. Los cuatro coinciden en tomar como principal estrategia, el incremento impositivo para la búsqueda de dinero que cubra los gastos y proyectos oficiales.

El incremento desmedido y no controlado de recursos, impacta principalmente a la clase media trabajadora y a los pequeños y medianos empresarios, uno de los principios contenidos en la «filosofía del engaño» que según sus inspiradores permite alcanzar la igualdad económica entre las clases sociales.

Otra es la perspectiva del profesor de economía Leonar Read, en su ensayo Yo el lápiz manifiesta que se necesitan muchas mentes y muchas voluntades para poder crear productos, bienes y servicios que puedan mejorar la calidad de vida de las clases sociales, sin necesidad de utilizar altas cargas impositivas que desestimulan sectores productivos y laborales. La lección final es que las energías creativas fluyan libremente para el beneficio de la convivencia social, independientemente del nivel de recursos de cada una de ellas.

Errores de interpretación, ejecución y aplicación que han permitido comprobar la inestabilidad del sistema de «imposición salvaje» se presenta por parte de los economistas progresistas, para seguir insistiendo en medidas que han sido históricamente desechadas por las economías más prósperas del mundo. Debilitar sin ningún tipo de estímulo adicional la principal fuente de recursos y estimular el proteccionismo y dependencia estatal de las clases menos favorecida ha sido una llamativa y populista medida progresista, pero a mediano plazo, cuando el gobierno carece de suficiente flujo de caja, por la fuga de capitales; se convierte en un fracaso, generando iliquidez por un lado y mayor miseria por el otro.

Por esta razón los economistas parecen no comprender aún, la conocida teoría de la «mano invisible» de Adam Smith. La teoría de la mano invisible es una metáfora que señala a la economía de mercado como herramienta con capacidad para alcanzar el bienestar social máximo. Sin embargo, los economistas progresistas asimilan esta teoría considerándola como un método mágico con lo cual se puede mover todo al antojo de los gobernantes incluso con el aumento permanente del gasto público y tamaño burocrático del Estado.

Prestigiosos medios económicos y estudiosos de los fenómenos tributarios han encontrado varios errores en las teorías de Paul Krugman, seguramente inspirador del pensamiento del nuevo ministro de hacienda del gobierno de Petro. Igualmente ocurre con las obras de Krugman, donde no se identifica una mención explícita y dedicada a procesos previos y posteriores para el control fiscal y la distribución equitativa de capitales.

También encuentran estudiosos y tratadistas del fenómeno fiscal, que al analizar algunas propuestas y medidas económicas, contempladas en las teorías de Piketty, estás impactan a corto y mediano plazo, las finanzas de pequeños y medianos contribuyentes privados. El resultado del análisis, determina que la receta siempre es la misma, impuestos, impuestos y más impuestos y aumento escalonado y permanente del gasto público, sin que existan los llamados «amortiguadores de estímulo», los cuáles permiten que los contribuyentes, reciban también medidas que actúen como amortiguadores financieros y minimizadores de impacto, por la alta carga impositiva, a través de políticas y medidas de protección productiva y laboral.

No es extraño que este tipo de condición se esté dando en los albores del gobierno de Petro donde se ha incrementado considerablemente los impuestos especialmente de la clase media e incentivando una reforma fiscal con sumas astronómicas y altamente impactante para los contribuyentes. Los impuestos de renta de personas jurídicas, de personas naturales, de activos en el exterior, del IVA, retención en la fuente e impuesto al consumo, se incrementarán en varios puntos y esto generará una reducción de la capacidad adquisitiva y un aumento de la inflación, especialmente sobre la canasta familiar y los productos básicos y de primera necesidad.

Conocida la propuesta sobre la reforma fiscal y tributaria, que está en curso en el Congreso, concluimos que se aplicó la teoría Piketty a través del plan de gasto público, prediseñado por el ministro Ocampo. La experiencia ha sido nefasta en Guatemala dónde se implementó un sistema de impuestos progresivos. Solo dos, de cada diez actividades económicas pagaban impuestos de acuerdo con el gravamen y los contribuyentes tributaban de manera progresiva y con crecimientos exponenciales.

Si la asignación de los recursos fuente, está en manos exclusivamente del gobierno y no con un modelo mixto donde entidades asesoras de sector privado, altamente especializadas puedan recomendar distribución y administración de estos recursos, para inyectar utilidades en los sectores fuente de productividad, de tal forma que permitan crecimiento y desarrollo económico y no que ocurra lo que pasó en Argentina, Venezuela y Nicaragua, donde finalmente los gobiernos socialistas, se convirtieron en malos ejecutores de los recursos y en intermediarios extorsionistas de los aportes de los contribuyentes.

Estos recursos deben ejecutarse en su totalidad para planes y proyectos fuente de desarrollo y crecimiento y no que parte de estos terminen en capitales del exterior o en las arcas de los miembros del gobierno de turno, generando incremento en los indicadores de miseria, aumentada por la migración de la clase media a niveles de pobreza. ¿Por qué razón los gobiernos de izquierda afectan a la clase media mucho más que a los ricos y a los pobres? La respuesta es sencilla. Porque los ricos suministran en cantidades significativas los recursos que exige el gobierno y los pobres con permanentes necesidades recurren al proteccionismo gubernamental y este a su vez mantiene sus réditos políticos y electorales, dando pie a la máxima estalinista que promueve la preservación de la pobreza, cómo materia prima, para la estabilidad política del socialismo.

Contrariamente ocurre con la clase media porque ésta es fuente productiva estable y de esta manera, se convierte en fuerza de presión social, terminando por convertirse en una amenaza para los gobiernos progresistas. La clase media se constituye en la verdadera fuerza laboral y económica de una nación, es allí donde se encuentran los más novedosos agentes privados de producción, investigación, innovación y desarrollo local. Es allí donde a través de la producción y la generación del trabajo y pensamiento financiero evolutivo, los gobiernos populistas pierden capacidad de maniobra doctrinaria.

Por esa razón y otras es que vemos como los gobiernos de izquierda afecta con impuestos, imposiciones fiscales, restricciones y fuertes medidas contra los entes productivos que hacen parte de esta clase social.

Finalmente recordemos que los monopolios existen cuando no hay alternativas y cuando los gobiernos progresistas absorben los mercados, la producción y las finanzas, estos se constituyen en regímenes con poderes omnímodos no solamente en el campo económico, sino en el campo político y legislativo estableciendo la autocracia, en las políticas fiscales, tributarias, en la producción de los mercados y en las condiciones económicas generales de la nación.

Pésimas experiencias en el panorama de la macroeconomía, la que hemos tenido ya en Latinoamérica a lo largo de los últimos 30 años, con modelos progresistas altamente impositivos. Las preocupaciones no cesan aquí, pues el anuncio del ministro de Hacienda es que esta dinámica impositiva y de crecimiento continuo, será constante durante el gobierno Petro. No hay claridad a que cantidad de tiempo se refiere Ocampo, pues la hegemonía del Estado en las fuentes de producción será sin duda, cada día mayor.

¿Será que un Congreso como el que existe en la actualidad puede actuar como válvula de alivio de presión o este también será relegado por la aparición de organizaciones «populares»? Este será tema de un próximo análisis.

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