Por: César Castaño – Capitán (R) del Ejército de Colombia. Exasesor del Alto Comisionado para la Paz.
“¡Oh capitán, mi capitán! (…) Levántate, para ti flamea la bandera. Para ti suena el clarín”. Así, reza uno de los apartes de un conocido poema del escritor estadounidense Walt Whitman.
Difícil encontrar un título más adecuado para honrar la memoria del señor capitán Francisco Javier Gómez Cadavid, quien falleció en Armenia el pasado 22 de enero. Bogotano de nacimiento (1946). Ingresó a la Escuela Militar de Cadetes y se graduó como subteniente de Caballería, como integrante de la promoción “Antonio Arredondo” (en 1964). Prestó sus servicios en el Ejército colombiano hasta su retiro voluntario, con el rango de capitán (en 1976). Su salida fue un acto de honor militar relacionado con la baja sorpresiva de los generales Gabriel Puyana y Álvaro Valencia Tovar. Ese mismo año, viajó a Nicaragua y fue aceptado en el Instituto Centroamericano de Administración de Empresas (INCAE), con sede en Managua, en donde se graduó como magíster en Administración de Empresas (en 1978).
Durante diez años, formó parte de la facultad del INCAE, participó en el diseño y la enseñanza de múltiples programas de capacitación gerencial en Centroamérica, Panamá, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y los Estados Unidos; en paralelo, durante ese periodo, diseñó un programa para estimular la creatividad en los adultos aplicando la sinéctica (como técnica para superar los bloqueos mentales en los procesos creativos). Fue profesor en las universidades de La Salle y La Sabana, conferencista y escritor en temas de gerencia, liderazgo organizacional, storytelling y neuroventas.
Retirado de toda actividad académica y empresarial, en 2002, se dedicó en cuerpo y alma a su gran pasión: escribir. Se convirtió en escritor de novela histórica, costumbrista, infantil y de ciencia ficción. Bajo el seudónimo de ‘Kapizán’, publicó tres libros de cuentos y seis novelas, entre ellas: Al final de mis guerras, Punto de quiebre y Policarpo: Historia de un deudor amoroso.
En la actualidad, trabajaba en la preparación de la continuación de la saga El sable y la cruz, que abarca cinco siglos del devenir histórico de Colombia. Bien narrado, imaginativo y excepcionalmente ambientado, el primer volumen fue publicado en 2014. El valor de esta obra radica en que, por primera vez en la literatura colombiana, un militar de carrera y escritor narra la historia contemporánea e incluye, dentro de la trama novelada, entrevistas con personajes reales que cuentan la versión militar de hechos que sacudieron al país en las últimas cuatro décadas del agitado siglo XX.
Luego de vivir por varios años en Tabio (Cundinamarca), decidió trasladarse junto a su esposa, la dama nicaragüense Tatiana Pereira Robleto, a la capital quindiana. ‘Kapizán’ era un hombre de diálogo ameno, de palabra fácil, que se aparecía en cualquier tertulia para encantar a quienes lo escuchaban.
En un mundo con mucho ego, su bondad y sencillez, su sensatez y agudeza, fueron un verdadero regalo del cielo. Dicen que cuando se muere un amigo, se evapora el futuro que no compartiremos. Lo cierto es que extrañaremos esa presencia que irradiaba imaginación, buen humor, sabiduría y un sentimiento de profunda y sincera amistad. Gracias, querido ‘Kapizán’. Tengo clara su lección: “El capitán, en nuestra vida, somos nosotros mismos”.
Tomado de: https://cronicadelquindio.com/opinion/opinion/oh-capitan-mi-capitan




