
Por: Vicealmirante (RA) William Porras Ferreira / Vicealmirante (RA) Luis Fernando Yance V.
Las declaraciones del actual Comandante del Ejército Nacional en la revista Semana y en varios diarios colombianos, relacionadas con la transformación de nuestro Ejército Nacional, no dejan de preocupar por el rol que se propone para la centenaria institución en los diferentes planes, en los que el general Alberto José Mejía Ferrero plasma su visión sobre cómo debe ser el ejército del futuro.
Preocupación que se ahonda si tenemos en cuenta que esta visión está matizada por los diálogos de paz en La Habana que sostienen los plenipotenciarios del Gobierno y de las Farc.
En este orden de ideas, presentamos algunas nociones de orden global, con el propósito de aterrizarlas en nuestro escenario bajo la mirada del concepto de seguridad y defensa de Colombia. No hay que perder de vista que este concepto es integral y conjunto, es decir debe ser planteado por el Comando General de las Fuerzas Militares, toda vez que hacerlo por separado conlleva fallas de coordinación, mal crónico en Colombia como bien lo apuntaba Guillermo Perry en su columna de El Tiempo el pasado domingo 24 de abril.
Seguridad y defensa
El planeamiento estratégico tiene un documento rector, cuál es la Estrategia de Seguridad y Defensa Nacional, cuyo objetivo es disponer de los instrumentos que muestren los desafíos de seguridad y defensa, con una clara visualización de los intereses nacionales, de los riesgos y amenazas que se pueden cernir al Estado colombiano y abordar estos desafíos con sentido de unidad y responsabilidad en el contexto de las Fuerzas Militares de Colombia, con el ordenamiento jurídico explícito en nuestra Constitución.
Cabe la pregunta: ¿Es necesario elaborar o modificar la Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa para alinear los objetivos estratégicos, de acuerdo a las amenazas, que puedan cernirse en el marco de la seguridad y defensa de la nación? Se requiere de un previo estudio en prospectiva con las simulaciones necesarias en el ambiente operacional, al igual que definir las fuerzas del futuro en forma conjunta y generar opiniones con las demás fuerzas para plantear interrogantes válidos: hacia dónde vamos y cómo lo vamos a afrontar conjuntamente.
En nuestra opinión, la visión que presenta el actual Comandante del Ejército en la revista Semana tiene conceptos confusos sobre cómo se construye la defensa y seguridad de la nación. Debe efectuar la transformación del Ejército Nacional en forma conjunta con las otras fuerzas, con el fin de obtener la sinergia necesaria para los roles que la institución enfrentará en el futuro. Debe contar sine qua non con la definición de los intereses nacionales colombianos. Recordemos que las estrategias de seguridad y defensa no constituyen un fin en sí mismas; son una necesidad imperiosa la existencia de la Nación. Sin duda, la principal dificultad de la implementación de un sistema integrado de seguridad y defensa nacional, reside en la identificación de órganos y procesos que formen parte del corpus legislativo nacional.
Venezuela, verbo y gracia, modificó su concepto de seguridad y defensa e hizo algo similar con su ejército, sin contar con la marina y la fuerza aérea. Modificó los parámetros de seguridad y defensa en contra de sus intereses nacionales, cuyo objetivo final era preservar la soberanía de la Nación y la protección de sus habitantes. Cambió diametralmente el rol de su fuerza terrestre, dedicándola a atender aquellas situaciones de movilidad, apoyo a la comunidad, construcción de puentes y casas a los más desfavorecidos. Volvió administrativo a su ejército administrativo, dejando de lado la defensa de la patria.
Sustrajo de sus funciones a los órganos del Estado venezolano y hoy este ejército está postrado en el menor grado de entrenamiento para combatir las amenazas, en especial ésta guerra asimétrica que nos han planteado grupos terroristas, que están ya incursionando en el continente americano como lo son el Isis o Daech.
Conclusiones
Unas Fuerzas Militares no pueden estar sujetas a unas conversaciones que no han terminado. Apoyar la decisión del jefe supremo no significa transformar la esencia de unas Fuerzas Militares para los cuales se han creado por tiempos inmemoriales. Las Fuerzas Militares deben luchar por ampliar en forma conjunta la autonomía organizativa y de gestión, imprescindible para la eficacia militar y no crear un ejército para las circunstancias políticas actuales.
Estamos de acuerdo que las profundas transformaciones que experimentan las fuerzas militares se deben a los cambios sociales que ejercen una enorme influencia en la profesión militar, lo cual implica un acercamiento o aproximación a las estructuras y normas de la sociedad civil para que sepan interpretarnos, respetarnos, querernos y admirarnos.
El camino correcto está en la educación, en la ciencia y la tecnología, como parte de ese gran ponqué de cambio y apoyar las iniciativas sociales sin descuidar sus roles para lo que fuimos creados. Nuestra misión es preservar la paz, la seguridad y la defensa de Colombia, apoyar las políticas nacionales, realizar los objetivos nacionales y superar actos agresivos que pongan en peligro la paz y seguridad de Colombia.
Ir en contra de éstos preceptos es claudicar al ordenamiento dado en la Constitución. Sobre el Estado colombiano existen amenazas serias. Debemos recobrar el control territorial en aquellas regiones que aún no se han derrotado éstas fuerzas terroristas. No podemos cantar victoria y comenzar una transformación que nadie entiende. La policía de El Salvador, donde se llevó a cabo un proceso de paz, está desbordada por la delincuencia y sus fronteras se ven amenazadas por grupos irregulares al desmontar el aparato militar que sostenía la democracia.
En uno de los apartes del libro que lanzó en la Feria del Libro de Bogotá la senadora Claudia López bajo el título ¡Adiós a las Farc! ¿Y ahora qué? se dice que las Fuerzas Militares no deben transformarse sino aumentar su capacidad para ejercer el control territorial donde las Farc ejercían su influencia sobre los habitantes en estos territorios. Las Fuerzas Militares deben acompañar al Estado –llámesele jueces, alcaldes, fiscales o entes gubernamentales– en el propósito de recuperar la gobernabilidad, la seguridad y la defensa del Estado. ¡Quién lo creyera!, estos llamados ahora provienen de otras orillas.
Somos respetuosos de las decisiones del Comandante del Ejército y de su visión. Nuestra posición apunta a advertir –según nuestro criterio y con algunas herramientas de investigación, conocimiento y sana controversia– lo que sucede dentro de nuestras Fuerzas Militares. Advertencias encaminadas a coadyuvar para que sean respetadas y más grandes, reconociendo su lucha por la paz en Colombia. Esa es nuestra intención y no dividir lo que no es divisible. Entendemos los problemas económicos, pero el presupuesto de defensa no debe disminuir en aras de que el conflicto ha terminado. Requiere de una visión más amplia para fortalecerlas.
Hay un dicho apropiado para la ocasión: “Es bueno copiar lo que se ve, pero es mucho mejor pintar lo que queda en nuestra memoria, después de ver algo”.




