DEL LADO DEL EJÉRCITO NACIONAL

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Por: Oscar Montes

El escándalo desatado por cuenta de unos pocos oficiales, entre ellos varios generales, no puede prestarse para hacerle daño a la Institución más apreciada por los colombianos. Análisis.

No parece gratuita la arremetida que vienen sufriendo las Fuerzas Militares del país -en especial el Ejército Nacional- desde que Iván Duque inició su mandato. Casi que podría decirse que desde el 7 de agosto del año pasado no ha habido un solo día en que nuestro Ejército no haya sido objeto de duros reparos y señalamientos. Estos cuestionamientos constantes y sistemáticos comenzaron con las denuncias por la supuesta reactivación de los llamados “falsos positivos”, a partir de una directriz del comandante del Ejército, general Nicasio Martínez, publicada por el diario The New York Times. De inmediato salió a la luz pública toda la historia oculta de las razones que habría tenido la revista Semana para no publicar lo que el periódico estadounidense dio a conocer poco tiempo después.

La noticia del Times fue reproducida por varios medios nacionales e internacionales y todo el escándalo llevó al Gobierno Nacional a dar las explicaciones respectivas, empezando por el propio general Martínez, quien precisó los verdaderos alcances de las instrucciones impartidas a los comandantes de batallones y brigadas.

Pese a la aclaración del comandante del Ejército Nacional, ya el daño a la reputación institucional había sido causado, pues muchos colombianos y extranjeros quedaron con la sensación de que en el gobierno de Duque “volvieron los falsos positivos”.

Luego han seguido múltiples publicaciones, tanto en Colombia como en el extranjero, incluyendo la más reciente del diario El País de España -que también cuestiona varias directrices del general Martínez- encaminadas a afectar de forma grave el buen nombre del que goza el Ejército Nacional, institución que cuenta con el respaldo contundente y masivo de millones de colombianos. Esa aprobación responde a la dedicación y entrega de cientos de miles de soldados que todos los días arriesgan su vida por sus compatriotas. El comportamiento corrupto y criminal de unos pocos no puede servir de pretexto para causarle un daño irreparable a la institución más apreciada del país.

Quienes están detrás de la ofensiva mediática contra el Ejército Nacional saben muy bien que el desprestigio institucional viene acompañado de la desmoralización de quienes portan con orgullo los uniformes de las Fuerzas Militares. Son cerca de 200.000 hombre y mujeres que están en entredicho por cuenta del comportamiento criminal de unos pocos, pero también por el manejo ligero de una información delicada que debe ser tratada con mucha responsabilidad. Pero eso poco les importa a quienes están moviendo los hilos detrás de todo el entramado y no paran mientes en el cumplimiento de su propósito perverso. Ellos saben muy bien que un Ejército sin moral no combate y un Ejército que no combate cae fácilmente en manos de sus enemigos. ¿Es eso lo que pretenden?

La conducta reprochable, cuestionable y condenable de algunos oficiales -incluyendo generales retirados- es presentada como una política institucional o como si se tratara de “un poderoso cartel”, dedicado al tráfico de armas, expedientes y salvoconductos. De esta forma afectan la reputación de una institución por cuenta de quienes deshonran el uniforme que portan.

Para leer el análisis completo hacer click en el siguiente link: https://www.elheraldo.co/politica/ley-del-montes-del-lado-del-ejercito-nacional-660261

 

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Un comentario

  1. Debemos tener en cuenta, que los buenos somos más. Toda esta arremetida de bulos, de Semana, Caracol, Yamit y rezagos de periodista enmermelados, que no cesan en su meta de desmoralizar y calumniar al Ejército, es parte del proyecto del Foro de Sao Paulo. Es triste ver a Generales inmersos en actos de corrupción, a Generales tomándose fotos con narco terroristas, el cura De Roux como el General Colón. Los abyectos actos cometidos, desgraciadamente por unos oficiales, no pueden empañar el buen nombre de la Institución. Pero el socialismo sabe manipular estos hechos y quieren mantenerlos como si fuera una norma institucional vigente.

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