Por: Capitán de Navío (RA) Fernando Alonso Tabarez Molina
Hace un mes leí un artículo muy interesante, que a mi entender, sería el derrotero ideal de nuestra querida Armada Nacional para los siguientes 50 años, en los cuales se describía a la Colombia ideal, se formulaban proyectos, se planteaban ideas para otra Colombia que solo podría ser posible, si y solo si, tuviéramos un país en paz.
Pienso yo, que el hecho de que se hubieran firmado unos acuerdos, supuestamente de paz, y de que alguien haya gritado en la ONU con toda la fuerza de su voz y de su corazón, que la guerra en Colombia se había terminado, no significó para nada, que Colombia estuviera en paz. Después de ver todo lo que ha venido pasando en los tres últimos años, puedo asegurar que Colombia no está en paz. Si como lo dicen algunos “amigos de la paz”, el gran beneficio de la paz fue frenar la cascada de muertes violentas, lo que se ve hoy es que esa cascada nunca se detuvo completamente y por el contrario, va en aumento. Lamentablemente la paz les quedó grande a los “lideres” políticos, a las estructuras de la justicia y a los mismos colombianos, que tirando cada uno para su lado o por absoluta ignorancia, han polarizado al país y nos han dejado a merced de grupos y organizaciones mucho más peligrosas que la que se pretendió desmovilizar.
Hoy, vemos como “las masas” muy bien manipuladas por quienes no han podido aceptar el veredicto de las urnas, están llevando al país a un caos que como una bola de nieve va creciendo y se mueve cuesta abajo sin control. Esos “malos perdedores”, pretenden ganar en unas mesas de “negociación” lo que ellos mismos propusieron en sus campañas y el pueblo, el elector primario, no quiso respaldar con su voto.
Hoy, la Fuerza Pública, vuelve nuevamente a ser blanco de atentados terroristas, carros bomba que asesinan y hieren a sus miembros y destruyen sus cuarteles. Hoy, al mejor estilo de Venezuela, parte de la población, no la mayoría, sale a golpear sus cacerolas contra “el mal gobierno”, ese mismo que eligió la mayoría y que desde hace quince meses trata de remendar, si, remendar y corregir lo roto, lo incompleto y lo mal hecho que recibió. Anotaban en el citado artículo que “el Acuerdo final de paz es un hecho que va a cambiar la vida de los colombianos, sus instituciones, que buscan en el fondo superar las condiciones de desigualdad que existen hoy en día, promover una sociedad más incluyente y crear espacios que promuevan la tolerancia, el respeto por la diferencia y la convivencia”, pero, ¿la mayoría de los colombianos que elegimos al actual presidente debemos aceptar, en aras de la paz, que estos “lideres” derrotados en las urnas, y en contubernio con gobiernos extranjeros hostiles, enemigos de Colombia, promuevan toda una serie de acciones vandálicas y terroristas, amparadas en unas “marchas pacíficas” fundadas en motivos ampliamente desmentidos por el gobierno legítimamente elegido? ¿Acaso la solución de “la diferencia” solo debe beneficiar a una de las partes? ¿Cuál diferencia, que ellos quieren el poder y no lo han conseguido? ¿Acaso asesinando militares y policías y destruyendo lo público se garantiza la convivencia? ¿Acaso negándole la posibilidad de transporte y de hacer inviable la apertura de almacenes, restaurantes y negocios varios se garantiza la prosperidad para todos? ¿Piensan que indultando genocidas, expropiando e inundando el país de coca habrá trabajo para todos? ¿Por qué protestan y destruyen lo que tanto nos ha costado?
Los organizadores y líderes del “paro” insisten en lo pacífico de sus acciones, pero ya tenemos más de 300 miembros de la Fuerza Pública heridos, uno de ellos en Neiva aun en condición crítica, después de ser impactado por una “papa bomba” lanzada por uno de los tantos vándalos que acompañan las marchas pacíficas. A esto se suman dos víctimas fatales de los “marchantes”, ambos pertenecientes al grupo de los vándalos encapuchados, uno en Bogotá que se enfrentó al ESMAD, que inclusive despertó la notoria solidaridad del mismísimo Procurador General, lo que no se vio hacia ninguno de nuestros policías o militares y el otro en Medellín que pretendía bloquear una avenida de bastante tráfico, mediante el lanzamiento de “papas bomba” y que terminó siendo víctima de propio invento. Cabe destacar que desde que ocurrió la tragedia, algunos medios de comunicación se han referido a este vándalo muerto en Medellín, como un líder cívico, como un gran elemento de su comunidad, pero en las últimas horas el movimiento clandestino Jaime Bateman Cayón aseguró que Julián Andres Orrego Alvarez, estudiante de la Universidad de Antioquia pertenecía al JM-19.
Marchan y destruyen, entre otras cosas, porque el actual gobierno no apoya la paz. ¡Tremenda falacia!
“El propósito del Acuerdo era mejorar las condiciones de vida de los campesinos, llevarles educación, salud, carreteras, progreso y desarrollo; ampliar el espectro político para facilitar la participación de quienes pensaban distinto al discurso hegemónico liderado por los grandes partidos políticos; reparar y darles un lugar de dignidad a las víctimas; hacer justicia contra quienes victimizaron a la población, investigándolos, juzgándolos y sancionándolos en un modelo de justicia restaurativa; contar la verdad de lo ocurrido en la guerra para garantizar que no vuelva a ocurrir; buscar a los más de 80.000 desaparecidos, y darle solución al problema de las drogas ilícitas”. (Tomado de El Colombiano “Tres Años Agridulces del Acuerdo de Paz”)
Pero, desde un comienzo se presentaron fallas, por ejemplo, el gobierno anterior empezó la implementación varios meses después de la firma del acuerdo, el cronograma de la dejación de armas se retrasó seis meses, la desactivación de caletas se pospuso aún más, tanto así, que a hoy no ha culminado, en las zonas veredales no había nada listo para que se ubicaran los desmovilizados, las “instituciones” no llegaron a los territorios, de los 16 Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET) el presidente Iván Duque solo recibió formulados 2 de los 16 planes y para colmo, el gobierno anterior le “regaló” al país unas “disidencias” que ya suman 2.500 narcoasesinos en armas y por si fuera poco, casi 300.000 hectáreas sembradas con coca.





Un comentario
Sinceras felicitaciones al señor capitán Tabarez, por su artículo ¿Cuál Paz? Parte I. Juan Manuel Santos dijo: “Ésta será una paz sin impunidad”. «No puede haber amnistía para delitos de lesa humanidad” pero los narcos terroristas, hasta se dan el gusto de llegar borrachos al senado. Márquez bien lo dijo: » No vamos a usar piyama de rayas y no van a pagar por sus delitos. «La paz no puede ser un premio a los criminales acondicionando el orden constitucional» Negociar con los narcoterroristas bajo sus condiciones, es premiarlos con el éxito y multiplicarlos al infinito, como en la práctica lo estamos viendo con las Farc. La indulgencia, la benevolencia y la transigencia con los terroristas, como las Farc y el ELN, es la ruina de un país civilizado y demócrata. El ELN, está realizando actos terroristas para obligar al gobierno a negociar, no la terminación del conflicto, sino la mal llamada paz, que pretendió Santiagosantos. Los criminales del ELN, teniendo la experiencia de los farianos, van a ser mucho más exigentes y van a exigir que las negociaciones sean en La Habana; si el gobierno acepta, sería un peligroso y trascendental error.