Urbanidad y buenos modales

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Coronel (RA) Daniel Acosta Salazar

JD ACORE

En la actualidad se ha difundido una falacia, la de confundir la autenticidad con el desprecio de las formas sociales. Encontramos personas que con su presencia inspiran alegría y paz porque su propio ser y su elegancia interior contribuyen al bienestar y al bien ser de los demás. Por otro lado, las que con su presencia hostil y difícil, causan alegría cuando se van. Y tal vez su epitafio, el día que mueran será:

“Aquí descansa fulanito (a) de tal; en su casa y las de los demás también descansarán”. Por desgracia, hoy en día, se ha difundido un equívoco que desdibuja la autenticidad bajo la condición de “manifestarse como es”, sin dejarse uniformar por normas de urbanidad, de hablar, y de comportarse; dejando de lado los buenos modales. Se manifiesta por el desorden, los gritos las risotadas, un lenguaje incorrecto y agresivo; faltando al respeto a los demás. Fácilmente se pasa a la vulgaridad y a la falta de competencias socioemocionales como el dueño y Dios de la verdad. Con este comportamiento la violencia asoma en casi todas sus manifestaciones.

Esas conductas fuera de todo contexto que enmarca el irrespeto son atípicas y dañan el ambiente, no permiten la construcción de relaciones armónicas, la comunicación se rompe y no contribuye a la solución de los problemas.

“A la humanidad le ha costado mucho salir de la barbarie” dice Lorenzo Servite, debemos esforzarnos por no regresar a ella. La urbanidad que además aprendimos de “Carreño” elaborada en 1853, la asimilamos en nuestra infancia y adolescencia.

En este momento nos la enseñaron con el fin de interrelacionarnos con las demás personas, para que todos seamos más justos y más humanos. Se trata en definitiva de comportarse con corrección; bajo la premisa de respetar por edad, dignidad y gobierno.

Que fácil decirlo, muy difícil practicarlo. Heráclito, filósofo griego (544) A.N.E., basa la teoría del ser y del no ser, en un logos que es el principio universal de todo lo existente y por tanto su fundamento. De ahí que los japonés, referente para el mundo por su cultura disciplinada, afirman y reflejan con hechos que el primer estado del hombre es el SER, basado solo en una premisa “EL RESPETO”, ejemplo que siempre nos dan por encima del “TENER” que hoy nos agobia.

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