«A propósito de la Comisión histórica del conflicto y sus víctimas»

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Por CT (RA) César Castaño R.*

En días pasados, la mesa de conversaciones en La Habana acordó que 12 expertos de alto perfil académico, seleccionados 6 y 6 por cada delegación, entregarán en cuatro meses un informe sobre sus visiones respecto del contexto histórico del conflicto.

Cada informe se referirá a los orígenes y las múltiples causas del conflicto armado, los factores y condiciones que han contribuido o facilitado su duración y el impacto que ha tenido sobre la población civil.

Sobre estos insumos dos relatores, Eduardo Pizarro y Víctor Moncayo, elaborarán de la manera más objetiva y posible, un informe que sintetice, contenga consensos y disensos y refleje la pluralidad de las visiones.

Debe aclararse que la comisión histórica NO ES UNA COMISIÓN DE LA VERDAD.
 
No esclarece la verdad, documenta diferentes visiones sobre la complejidad del contexto histórico del conflicto armado. No cuenta con participación de las víctimas ni de la sociedad, como muy probablemente ocurra con la futura Comisión de la Verdad, ordenada en el acto legislativo 01 de 2012, comúnmente conocido como el Marco Legal para la Paz. (Consultar en http://goo.gl/qfbOED). No establece responsabilidades. Una comisión de la verdad legítima solo se pone en marcha tras finalizar el conflicto armado.

Debe tenerse en cuenta que nada de lo que concluyan los expertos sobre el origen del conflicto, exime de responsabilidades a algún actor armado por las violaciones de los DDHH e infracciones al DIH que han tenido lugar en su desarrollo.

Independiente de lo que se piense sobre la conformación de dicha Comisión, de su filiación política, de sus efectos y demás, lo cierto es que este evento recuerda nuevamente a los activos y a la reserva activa, la necesidad de desarrollar y escribir una juiciosa narrativa histórica del conflicto desde nuestra visión, desde la participación de las Fuerzas Militares.

 
La academia está inundada de relatos e investigaciones generadas desde otros sectores, en los cuales algunos mitos han hecho carrera. Un claro ejemplo es el Plan Lazo que siendo concebido originalmente en abril de 1962 por el señor General Alberto Ruiz Novoa, entonces Comandante del Ejército, terminó en una «curiosa» interpretación que lo convirtió en «Plan Laso» (Latin American Security Operation), de origen americano y eslabón, según algunos autores, de la doctrina de seguridad nacional y de la teoría del enemigo interno, que hoy tanto replican las Farc en sus acostumbradas alocuciones.

Esta tarea exige un andamiaje académico y profesional, pero además alta calidad en sus publicaciones las cuales deben cumplir rigurosos estándares académicos y científicos.

Por las razones antes expuestas, vale la pena comentar el trabajo que viene adelantando la Escuela Superior de Guerra a través del Instituto de Investigación del conflicto y memoria histórica militar.

En el Instituto se viene desarrollando un proyecto que contempla varias líneas de acción, en una ambiciosa estrategia que es necesario apoyar.

La narrativa del conflicto debe ser integradora e incluyente, construida desde todas las miradas, con opción preferencial por la memoria de nuestras víctimas que hasta ahora han sido escasamente visibilizadas, una tarea que exige un profundo trabajo investigativo y de redacción, que no puede aplazarse y al cual no debe temerse.

Lo lógico es que si ya existe un gran proyecto en marcha en el cual se han adelantado convenios incluso con el Centro Nacional de Memoria Histórica, es necesario que todas aquellas iniciativas sobre el tema en las Fuerzas Armadas y las reservas, y en la Academia Colombiana de Historia Militar que tiene interés por aportar,  deben articularse con este juicioso esfuerzo de la Escuela Superior de Guerra.

Necesitamos testimonios de nuestras víctimas, relatos de quienes han sido testigos de la barbarie de los actores armados ilegales, detalles del aporte de las Fuerzas a la reconstrucción del tejido social, del esfuerzo de los ingenieros militares, de los trabajos de los expertos en desminado, de las múltiples tareas cumplidas por la Fuerza Aérea y la Armada Nacional, pero también se requiere el deseo de participar por parte de quienes se han especializado en escribir columnas, artículos y además han desarrollado proyectos de investigación histórica.

Se requiere plasmar nuestros avances en temas como derechos humanos, doctrina, consolidación y otros tantos.

Necesitamos escribir todo aquello que se ha hecho en apoyo de las comunidades, del trabajo en favor de la sociedad, de las cientos de obras adelantadas en apartados lugares de la geografía en medio de condiciones adversas, del aporte en situaciones de calamidad, de la protección del medio ambiente, de las vidas salvadas tras evacuaciones de lugares inhóspitos, de los rescates y liberaciones de cientos de colombianos, de las campañas militares que sacaron al país de esa zozobra que impusieron hace unos años los grupos terroristas, de las operaciones conjuntas, de gestas como: Jaque, Camaleón, Sodoma, Odiseo, Libertad y tantas otras.

 
Son tantos esfuerzos, tantas misiones y tareas cumplidas que sería injusto que ellas, al igual que sus protagonistas quedaran en el olvido.

Pero además nos debemos a la memoria de cientos de nuestros compañeros caídos, o afectados en su integridad, en el cumplimiento del deber. Al reconocimiento a sus familias, sus viudas, huérfanos, padres y hermanos, eso es lo menos que podríamos hacer como tributo a un sacrificio que aún no cesa.

 
Para que esto no se quede en un simple comentario, en una inquietud más, debo referir que quien coordina estas tareas en la Escuela Superior de Guerra es el sr. Coronel (ra) Carlos Arturo Velasquez, su correo es velasquezc@esdegue.mil.co, su número celular el 3115130531.

De nuestro esfuerzo, de nuestro compromiso, de nuestro buen juicio, trabajo y disciplina en la construcción de memoria, dependerá en buena medida el presente y el futuro de nuestras Fuerzas Militares.

 
Esta tarea es independiente del proceso de La Habana pues con él o sin él, es una empresa que exige no se siga aplazando, una vieja deuda que todos aquellos que hemos portado el uniforme tenemos pendiente.

De lo que en el futuro se diga de la historia de las Fuerzas, que es finalmente nuestra historia, de sus esfuerzos y sacrificios, de sus logros y aun de sus yerros, de todo aquello que hicieron miles de hombres y mujeres que han pasado por sus filas, de lo que se escriba o se deje de escribir, estará solo en manos nuestras decidir si se hace.

 
Si hay algo de lo cual podemos estar seguros, es que nadie escribirá esa historia por nosotros pero si la narrarán fuera de contexto, y bajo la óptica de sus intereses.

«Si no aprendemos de la Historia, nos vemos obligados a repetirla. Cierto. Pero si no cambiamos el futuro, nos veremos obligados a soportarlo. Y eso podría ser peor.»  Alvin Toffler.

*Asesor Gr (RA) Jorge Mora

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