Coronel Luis Alberto Villamarin Pulido
El anuncio de otro cese unilateral de las Farc, solo ha servido para favorecer el plan estratégico de las Farc, y en nada ha beneficiado a Colombia.
De La Calle aseguro que para bien o para mal, las conversaciones de paz en Cuba están próximas a terminar y que inclusive en cualquier momento las Farc se podrían llevar la sorpresa que los delegados del gobierno no volverían a la mesa.
Para el efecto, los negociadores de las Farc y del gobierno, utilizan el término “desescalamiento” del conflicto, palabra inexistente en el diccionario de la Real Academia de la Lengua española, y procedimiento ajeno a las doctrinas militares o de defensa nacional.
Así como el concepto de paz es etéreo para el gobierno colombiano y sus delegados en Cuba, el criterio del desescalamiento carece de claridad conceptual y práctica. ¿Acaso podría suponer que el promedio de muertos y heridos actuales, reduzca al 90% luego al 80% y así sucesivamente? Aceptarlo así, equivaldría a una afrenta contra las víctimas del narcoterrorismo comunista y demostraría ingenuidad rayana del gobierno nacional frente al plan estratégico de las Farc.
Pero para las Farc cese bilateral y “desescalamiento” del conflicto significan algo diferente: Que las Fuerzas Militares suspendan definitivamente los bombardeos sobre las guaridas, que las tropas se retiren de las áreas de operaciones y les permitan incrementar el reclutamiento y el fortalecimiento de las cuadrillas, que los terroristas sean tratados de igual a igual como ejército revolucionario en condición de fuerza beligerante y que se les permita legitimarse para lanzar la estocada final contra la institucionalidad vigente.
En síntesis para las Farc, “desescalamiento” es la soterrada búsqueda consensuada de un alivio de presión para fortalecerse, y, cese bilateral, es un armisticio en el cual sean reconocidos como fuerza beligerante. Lo negativo del tema, es que por ignorar las verdaderas pretensiones de las Farc, a los altos funcionarios del gobierno y al equipo encabezado por De La Calle en Cuba, actúan a la topa tolondra y son sometidos a las imposiciones permanentes de los terroristas.
Esta realidad parece no hacerles mella, con la extensiva circunstancia agravante que la multiplicidad de desinformación difundida por los medios de comunicación, tampoco aporta claridad a la opinión pública, que cansada del terror y la barbarie comunista de más de cinco décadas, podría dar el visto bueno a la paz, sin evaluar a fondo la realidad del problema.
El congreso de la república, inferior al reto como por negativa característica lo ha sido siempre en la accidentada historia colombiana, no ha cumplido su función frente a lo que se dialoga en Cuba con las Farc. Individual y colectivamente los congresistas actuales defienden intereses particulares o sectoriales, sin consensuar en lo que le conviene a Colombia frente a las Farc y las pretensiones de los terroristas.
Por su parte, en lugar de orientar esfuerzos serios, profundos y efectivos para judicializar a los cómplices políticos y organizativos de las Farc así como de las Milicias Bolivarianas, eje de gravedad del Plan Estratégico reevaluado por Alfonso Cano antes de morir con el nombre de Plan Renacer; el Fiscal General se ha centrado en proponer penas alternativas para los terroristas y el reconocimiento tácito de la incompetencia de la justicia colombiana, para defender los derechos de las víctimas del narcoterrorismo comunista.
En medio de ese juego de intereses e ineficiencias, las Fuerzas Militares se han quedado solas y sin respaldo jurídico ni político. La implementación de neófitos e improductivos ministros de Defensa, sin excepción, solo ha servido para facilitar vergonzosos casos de corrupción verbigracia la costosa e ineficiente Sanidad Militar, multiplicidad de improductivos asesores y contratistas civiles en asuntos de defensa y seguridad nacional (que además desconocen); pugnas y favoritismos para escoger oficiales en altos cargos de responsabilidad, inadecuada capacitación profesional de los cuadros de mando y muchas otras perlas que indican que las tropas carecen de dirección político-estratégica, pues el presidente Santos cambia a menudo de puntos de vista y no es puntual ni claro en sus mensajes a los soldados.
Se demuestra una vez más, que las Farc si saben para donde van y como quieren meter el narcocomunismo en Colombia, mientras la contraparte navega en la improvisación, sostenida inmerecidamente por el sacrificio, la abnegación y la lealtad de los soldados, que no merecen la incompetencia de dirigentes políticos actuales.




