Coronel Pedro Javier Rojas Guevara
Mucho se ha escrito acerca de guerras, pero poco de soldados profesionales en todas sus jerarquías.
“La disciplina es el alma de un ejército, hace formidable a un pequeño grupo, les da fuerza a los débiles y sube la autoestima de todos”. George Washington
La profesión de las armas es una vocación, un credo. Como bien lo define Wolf Schneider en el prólogo de su obra ‘El libro del soldado’: “Algunos lo odian, otros lo veneran, lo ensalzan o lo injurian, pero no lo conocen. El soldado es un ser casi ignorado”. Mucho se ha escrito acerca de las guerras, pero poco de los soldados profesionales en todos sus grados y jerarquías. El general prusiano Clausewitz dijo, en su libro ‘De la guerra’, que el valor y la confianza son “las dos virtudes más nobles y necesarias para el guerrero”, entendido como el soldado.
En efecto, para el Ejército Nacional de Colombia, como bien lo reafirma la doctrina Damasco, la confianza es el fundamento de la profesión militar. La interacción entre líderes confiables hace posible el Mando Tipo Misión (MTM), ese ejercicio de liderazgo y autoridad que a través de la confianza mutua permite a comandantes superiores facultar a comandantes subordinados para la toma de decisiones, ponderando la iniciativa disciplinada, los riesgos prudentes y el trabajo cohesionado. Tres cosas proporciona el MTM: dirección, propósito y motivación. Tres cosas inaceptables en un líder militar: no tomar decisiones, no asumir responsabilidades y la inacción.
Ahora bien, el valor es esa fuerza interior que hace sobreponernos de manera casi sobrenatural al miedo, y que permite a los soldados llevar a cabo acciones audaces y en ocasiones temerarias; absurdas para la mayoría, pero que casi siempre llenan de gloria al soldado en vida o después de haberla ofrendado luchando por su causa, que es honorable y justa. Y es ahí cuando ese guerrero pasa a llamarse héroe, como los tantos que hay en Colombia, que día tras día, en cumplimiento del deber constitucional, nos sorprenden e inspiran. Es el caso del cabo primero Carlos Andrés Montoya, orgánico del Centro de Doctrina del Ejército, quien perdió la vista el 1.º de abril del 2010 en las selvas de Vista Hermosa, Meta; tras la explosión de un artefacto colocado por quienes pretenden socavar los pilares de la República, mientras intentaba salvar a uno de sus hombres herido.
Hoy, a punto de cumplir una década de tan desafortunado evento, este héroe de la patria y su inseparable compañera, Canela, una perra golden retriever, nos enseñan que con resiliencia, una buena actitud y absoluta confianza en Dios, marca la diferencia. A pesar de su compleja limitación física, el cabo Montoya se graduó como sicólogo de la Universidad Pontificia Bolivariana e hizo una maestría en salud mental, siendo ejemplo de superación y profesionalismo. ¡Montoya perdió la vista, mas no su visión!
Los soldados profesionales nos preparamos para la guerra, y el entrenamiento debe ser muy fuerte, pues en el fragor de la batalla, el enemigo está al acecho, listo para atacar sin compasión, pues su odio visceral lo lleva a cometer actos de barbarie sin justificación alguna, que denotan su total desprecio por la vida humana, por la democracia, por el Estado social de derecho y las leyes internacionales de la guerra.
“Después de la pena de muerte, la existencia de los soldados es el residuo más doloroso de la barbarie que todavía existe entre los hombres; pero hasta ahora no existe nada más digno de atención y de amor por parte de la nación que esta sacrificada familia, que en todo momento le ha proporcionado tanta gloria”. Alfred de Vigny (1835).
Por eso, desde esta columna honramos a nuestros héroes de tierra, mar, aire, policías y sus familias. Como dijo Churchill en 1940, después de la batalla de Inglaterra, en homenaje a los pilotos británicos que evitaron una probable invasión nazi: “Nunca tantos debieron tanto a tan pocos”. ¡Dios los guarde por siempre!
Coronel Pedro Javier Rojas Guevara
Director del Centro de Doctrina del Ejército Nacional de Colombia





Un comentario
Señor coronel Rojas, felicitaciones por tan justo y acertado reconocimiento a los héroes de la patria, que muchas veces pasan inadvertidos. Desde que iniciaron las conversaciones con las Farc, «Terminación del Conflicto», siempre critiqué, ¿Por qué los oficiales que representaron al Ejército en la Habana, no lograron los mismos escaños en el Senado para las FF. MM? ¿Por qué no exigieron que miembros del ministerio de Defensa deberían estar presentes en la entrega de las arma a la ONU? y ¿Por qué los soldados y no los narco terroristas al mando de Timochenko, no fueron los encargados de levantar las minas que ellos pusieron y que tantas vidas y mutilaciones le han causado a nuestros soldados.