Por: Alejandro Echeverri Calderon.
Estoy seguro de que a muchos de nosotros nunca se nos ocurrió enfrentar una pandemia como la que estamos viviendo. Incluso los gobiernos a nivel mundial no estaban preparados para enfrentar un virus como el SARS-COV-2, obligándolos a tomar medidas excepcionales como, por ejemplo, decretar estrictas cuarentenas. Esta crisis sanitaria ha desembocado en otras crisis económicas o sociales y ha puesto en marcha a varios sectores políticos que cuestionan el papel del Gobierno Nacional para gestionar esta situación, tocando las campanas de inicio de las campañas electorales y presentándose como los únicos capaces de solucionar todas estas problemáticas en el siguiente periodo presidencial.
A pesar de que el panorama electoral siga nublado y estemos a dos años de escoger un nuevo presidente, estos sectores políticos han empezado a recorrer un camino hacia la Casa de Nariño
presentándose como los líderes que necesita Colombia para solucionar todos los problemas que agobian al país en este momento. Muchos han hecho públicas sus intenciones como Jorge Enrique Robledo, Gustavo Petro bajo la Unión Patriótica o la sorpresiva intención de ser candidata de Francia Márquez. De igual manera, hace dos semanas INVAMER publicó una encuesta con unas hipotéticas elecciones y unos posibles candidatos, con Gustavo Petro como ganador y Sergio Fajardo segundo, seguidos de Humberto de La Calle.
Para nadie es un secreto que estos posibles candidatos sufrieron la famosa “quemada” electoral en las pasadas elecciones, dejándolos como una amarga oposición durante estos años. Entre estos posibles candidatos ha sonado la idea de una gigante coalición de la “centroizquierda” o un supuesto gran pacto por Colombia que promete salvar a los ciudadanos de la gran crisis que el COVID ha desatado.
Pero ¿Qué es lo que realmente necesitamos para el futuro de Colombia en materia electoral? Luego de la pandemia llevará años recuperar la economía estancada, recuperar la seguridad perdida y las libertades que medidas autoritarias injustificables nos han arrebatado. Colombia no puede confiar en pactos populistas que buscan el crecimiento erróneo de la estructura estatal. Del mismo modo, se debe desconfiar de una intervención más activa del Estado en el sector privado, que posiblemente terminaría agravando las tragedias que hoy ya llora Colombia.
No es cuestión de ponernos en posición de futurólogos y apostar por quién será el candidato idóneo para llevar las banderas de lo que se desea defender en construcción de un mejor país. La propuesta es empezar a reflexionar sobre un panorama de lo que necesita Colombia para superar estas crisis y cómo el 2022 será un año que decidirá eso. Necesitamos un candidato que recupere el respeto por las libertades individuales, retomar la visión del Estado de Derecho y evitar restricciones que reduzcan los emprendimientos y el sector productivo, opriman el libre mercado y buscan paternalismos autoritarios. Colombia necesita superar esta crisis enmarcando los principios de solidaridad y bien común como principales motores de un gobierno para construir un país más próspero.
Mi mayor preocupación es entregar un país en crisis a las manos de políticos que han sido renuentes a las libertades, la justicia y el carácter subsidiario del Estado. Aún hay tiempo para enmarcar estas ideas en potencia en un acto de fe que demuestre que la esperanza no se ha ido. Cultivemos un camino electoral que nos ayude a recuperar y mejorar lo que el virus nos ha quitado, evitando una tragedia que puede costarnos esta democracia por la que tanta sangre se ha derramado. Hay tiempo de reflexionar en lo que necesitamos y merecemos como país.
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