¡Murió el Diego!

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Por: José Obdulio Espejo Muñoz

¡Murió el Diego…! Sí, murió: el soldado, el policía, el campesino, el médico que atendía pacientes con Covid, el usuario de Transmilenio, el ambientalista, el líder social, el periodista, el maestro, el rebuscador, el minero, el enfermero, el inmigrante venezolano, el biciusuario, el erradicador, el raspachín, el habitante de calle, el jornalero… ¡Murió el Diego!

Por: José Obdulio Espejo Muñoz

Su muerte en trágicas circunstancias no arrancó grandes titulares de la prensa, tampoco un cubrimiento exagerado y desmedido de los medios de comunicación masiva del mundo y de Colombia y, mucho menos, reportajes rimbombantes y especiales de televisión, donde, siendo un mortal como lo somos todos, se le igualara con Dios.

Su prematura partida jamás motivará lágrimas de sus compatriotas, mucho menos que las autoridades decreten duelo nacional durante tres días o que sus restos mortales permanezcan en cámara ardiente para que sus congéneres le den el último adiós, pese a que él también fue el diez en la vida de alguien.

Con gran tristeza he atestiguado este absurdo social, que —teniendo como referente indiscutible los contenidos mediáticos sobre la muerte del excelso jugador de fútbol argentino Diego Armando Maradona_, dirige los reflectores hacia ciertos acontecimientos de la humanidad, privilegiando de paso su cobertura por parte de la prensa, mientras desecha otros que, por así decirlo, dan menos vitrina, exposición y rentabilidad.

Esta ‘maradonamanía’ debe motivar profundas reflexiones de nuestra parte, no sólo en su natal Argentina sino en el mundo. ¿Cómo entender que la masa irreflexiva idolatre a un ser humano de carne y hueso? ¿Cuál es el rol de la prensa frente a estos fenómenos sociales? ¿Por qué una vida vale más que la otra? ¿Asistimos al nacimiento de los nuevos valores de la sociedad posmoderna? ¿Cómo opera el mercadeo en estos episodios?

La muerte de ‘El Pelusa’, verbo y gracia, opacó el asesinato a sangre fría y en estado de indefensión del subteniente Carlos Arturo Becerra, crimen atribuido a las disidencias de las Farc que están a órdenes de ‘Gentil Duarte’. El episodio apenas mereció unas pocas líneas o segundos en el contenido de algunos medios, como ocurrió con el asesinato del líder social Édgar Hernández, en hechos acaecidos en Puerto Caicedo, Putumayo, el pasado 23 de noviembre.

Seguramente los casos de Carlos Arturo y Édgar engrosarán las frías estadísticas de nuestra infinita tragedia, como quiera que su muerte ni quita ni pone. Estoy convencido de que en sus dos años como oficial del Ejército, el subteniente Becerra, por ejemplo, hizo más por Colombia que Maradona en sus sesenta años de vida, o Hernández por su gente en la vereda La Independencia, donde fungía como presidente de la Junta de Acción Comunal (JAC). ¡Pero eso poco les importa a los medios, a las autoridades y a los colombianos! Para seguir leyendo hacer clic en el siguiente enlace https://www.elespectador.com/colombia2020/opinion/murio-el-diego/

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