Mares no tan poéticos – Parte II

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Por: CN (R) Mario Rubianogroot

«El mar de Tasmania, que recibe el nombre de su descubridor, el explorador y navegante holandés Abel Tasman, se une al océano Índico por el oeste y al mar de Coral por el norte».

Al haber hablado de los mares Caribe y del Coral, en edición anterior (21.10.22) solamente nos queda conversar sobre el temido Tasmánico; pongamos proa a dicha derrota:

Tasmánico

Cuando me empezaron a editar en este prestigioso periódico digital, hace un año se publicó un articulo denominado “Singladuras por el Mar Tasmánico”, como parte de los cruceros en el ARC “Gloria” nuestro velero escuela en los años 1970 y 1988. Reconstruyamos:

El Mar Tasmánico o Mar de Tasmania, parte del sur de Océano Pacífico, situado entre la Australia continental y la isla de Tasmania al oeste, y la Isla Norte e Isla Sur de Nueva Zelanda al este. El mar de Tasmania, que recibe el nombre de su descubridor, el explorador y navegante holandés Abel Tasman, se une al océano Índico por el oeste y al mar de Coral por el norte. En su parte más ancha se extiende unos 1.930 km2 entre Sídney (Australia), y la Isla Norte.

Normalmente el derrotero de esas dos travesías similares es así: “Se zarpa del muelle turístico de Sídney y dejamos por estribor el «Opera House» y la Communications Tower»; por la popa está el majestuoso «Harbour Bridge», Mar uno y Viento a un Largo.

Al dejar el acantilado se da todo el velamen, es decir a todo trapo, pues el viento está soplando por el través de estribor o de bolina a unos 40 nudos. Magnífica navegación con proa a rumbo 120°, con el ánimo de ganar longitudes y latitudes ciñendo. 

Los reportes meteorológicos de las estaciones en Camberra y Plymouth, siempre nos anuncian que más abajo se están formando centros de baja presión, lo cual nos afectará la navegación; de tal forma que a «Correr se dijo»; así duramos dos días en actividades normales: clases en la mañana y en la tarde entrenamiento y prácticas por guardias de virajes por avante y en redondo. La tripulación está para grandes momentos.

Recuerdo como si fuera ayer, que, en el año de 1988, al tercer día el médico nos reporta que nuestro Ingeniero Jefe, Capitán de Corbeta Mauricio Méndez Pizarro (qepd), está con graves dolencias, pues le resultaron «Cálculos Renales»; el comandante analiza la situación y decide continuar la travesía y se le dan medicinas y calmantes al enfermo.

El viento arrecia y la velocidad del mismo aumenta a los 60 nudos, pero está virando hacia nuestra proa. Se debe corregir la derrota, se arrían las velas cuadras y dejamos las cuchillas como son los foques, estays y la cangreja para que contribuya en la orzada. Así continuamos dos días más, pero el velero empieza a cabecear y se observan claramente las guiñadas y la Cruz del Sur a las 18 horas. Aquí se empieza a «Marear» hasta el ancla y preparamos la cubierta del Alcázar como el «Mareodromo», para «llamar al Tigre».

El Quinto día, al verificar nuestra Estación Meteorológica de Superficie, se ve que bajaron los barómetros a menos de mil milibares, el anemómetro gira cual veleta loca, se escuchan los «Cuarenta Bramadores» y se nos vino encima el Centro de Baja presión. «Mar Cinco”, Chubascos a granel, líneas de vida sobre cubierta, velocidad del viento a 85 nudos; se pone la proa al Norte, mejor dicho, Viento de Arribada o para donde nos lleve, con el fin de, lastima, perder latitud; se dan las velas bajas y latinas de Capa y ordenes de solo Pito de Contramaestre.

Quien tenga que salir a Cubierta debe usar obligatoriamente el Chaleco Salvavidas y las mangas de la bota dentro de las medias. Toda la precaución del caso. Así permanecemos hasta terminado el sexto día. Clases continúan en las mañanas y se estudia en la práctica las clases de Meteorología.

Visibilidad aproximada 5 millas, nubosidad 3/8, hay cirrus de mal tiempo, estratos y cúmulos-nimbos; continua el pésimo tiempo. Clases de viento y mares, las relaciones existentes entre el termómetro, anemómetro y el barómetro. «Mares de los marineros, cuanta humedad en la ropa, que fatiga en las rodillas». Que maravilla. Esta experiencia no se podrá olvidar.

El Séptimo día nos deja por la aleta de babor los «Cincuenta Chillones», debido al permanente lamentar del viento cuando golpea las burdas, estays y obenques. «Las aguas se inclinan y en el puente aúllan los vientos, como maligna manada de lobos». Velocidad del viento alcanzó a llegar a los 100 nudos. Se rifan el trinquete de capa y la mayor de capa; el estay de gavia de capa aguanta; el inclinómetro marca una escora que alcanzó a llegar a los 48.5° y los penoles tocan el mar picado.

Imposible cobrar las velas cuadras, de tal forma que se terminan de rifar a tiros de carabina y que los pedazos de lona No. 4 se los lleve los «Chillones», cual seda. El engendro de Tifón, nos sacó de la ruta hacia el norte unas 320 millas, que equivale a unos dos días y medio de navegación. Se empieza a calmar la situación e iniciamos bordadas al Este a la altura de New Plymouth, que está ubicado en Latitud 39° 4´Sur y Longitud 174° 42´Este.

Haciendo un poco de consulta y memoria Nueva Zelanda, vértice inferior del triángulo de la polinesia (en maorí Aotearoa, ‘tierra de la blanca nube’), Estado insular en el sur del Océano Pacífico y miembro de la Commonwealth. El título oficial del país es Dominio de Nueva Zelanda, aunque se utiliza en raras ocasiones. Comprende dos islas de gran extensión: la isla del Norte y la isla del Sur, separadas por el angosto estrecho de Cook (James Cook – navegante inglés- fue su descubridor oficial) y otras muchas islas de menor tamaño, entre las que se encuentra la isla de Stewart, situada al sur de la isla Sur.

Tiene una extensión de 270.534 km2 y los territorios de ultramar gobernados por Nueva Zelanda son la dependencia de Ross en la Antártida y Tokelau en el océano Pacífico, al norte de Samoa occidental. Las islas Cook y las Niue, también en el Pacífico, son territorios autónomos asociados libremente a Nueva Zelanda. La capital del país es Wellington y la ciudad más grande es Auckland, ambas situadas en la isla del Norte. Igual, en el norte, el pequeño puerto de New Plymouth, a la que hacemos referencia en este artículo, situada al oeste del monte Taranaki (Egmont) que es un volcán extinguido; dicho relieve montañoso aporta una vía de acceso a las tierras de labranza de la zona de Taranaki. Pues fue aquí en donde nos correspondió recalar. 

El puerto tiene periódico propio titulado «Taranaki» y sacó en primera página la llegada del velero colombiano;

«Mares de la amanecida, cuando amaina el temporal, rubio sol que se levanta, como moneda en el mar, hipocresía de colores, untadas de yodo y sal, paisaje recién lavado, tendido al sol a secar…»

» Un velero de Colombia, llamado «Gloria», viene sucio de mares tormentosos, y lleva jirones de frío, pero orgulloso y altivo…… de haber superado victorioso, espectacular travesía»

Por lo menos hacía unos 50 años ningún buque a vela visitaba dicho puerto. Se desembarcó el ingeniero jefe con el médico y fue trasladado en helicóptero a Wellington, para ser operado de urgencia. Comandante y tripulación nos dedicamos a hacer un balance de la travesía y preparar el buque para el traslado a la capital comercial y política de Nueva Zelanda y puerto protocolario denominado Wellington y eje interinsular de comunicaciones y transporte costero, a 268 kilómetros de New Plymouth.

La víspera de la entrada oficial, es decir el noveno día zarpamos de Taranaki y se puso proa al estrecho de Cook, para arribar en la madrugada. El buque lucía impecable; nos pusimos en la tarea de embellecerlo, limpiarlo, pintarlo, pulirlo, lacarlo y demás maquillajes, pues el embajador de Colombia, en los mares, hacia su segunda entrada triunfal a la capital maorí.

Con estos mares termino el poema………” Ay, virgencita del Carmen, patrona de los marinos, no me desoigas la queja, que se me escapa la vida, con esa luz que se aleja, como se aleja ese mar…. Yo te prometo diez velas y llevarte a la viejita, que me espera en el hogar, que amarga es el agua amarga, que amarga es el agua del mar” y termina como cuando ingresamos y emergimos del Caribe, del Coral y del Tasmánico: “Mares de la amanecida, cuando amaina el temporal, rubio sol que se levanta, como moneda en el mar, hipocresía de colores, untadas de yodo y sal, paisaje recién lavado, tendido el sol a secar”.

Tomado de: https://www.kienyke.com/kien-opina/mares-no-tan-poeticos-parte-ii-por-mario-rubianogroot

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