Conflicto y postconflicto: análisis desde tres ópticas diversas

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El jueves 31 de octubre se llevó a cabo en la sede Nacional de ACORE un nuevo conversatorio sobre el conflicto y el postconflicto, en el que participaron los exministros de Defensa, general (ra) Rafael Samudio Molina; Juan Carlos Esguerra Portocarrero y Marta Lucía Ramírez.

Los exministros estuvieron acompañados por el presidente nacional de ACORE, brigadier general (ra), Jaime Ruiz Barrera y por el periodista Plinio Apuleyo Mendoza.

General Samudio Molina. Frente a una selecta concurrencia, el conversatorio fue abierto por el general Samudio Molina, quien hizo un repaso de los fracasados intentos de negociación de paz en los últimos años, de los cuales fue testigo en desarrollo de su carrera militar.

Respecto a las actuales negociaciones entre el gobierno y las Farc, el exministro  manifestó que “hay una manipulación total en todo lo que se analiza de este proceso de paz. Hay informaciones y desinformaciones. Incluso creo que esto ya es propaganda y contra-propaganda” y parte de eso se refleja en las encuestas”, señaló.

Recordó que en dichas encuestas, un 80%  de los colombianos anhela la paz, “y ahí  estoy incluido, y seguramente muchos de los aquí presentes”.

Sin embargo, advirtió, “también estoy incluido dentro del 70% u 80% de los que no creen en ese proceso de paz, que no creemos”.

Al referirse a algunos factores de desconcierto que aparecen diariamente, hizo alusión a las declaraciones del alcalde Gustavo Petro,  con las cuales busca inmiscuirse en el proceso de paz, “con amenazas que no se pueden aceptar “, como que una posible sanción en su contra podría resultar en la conformación de un grupo similar al M-.19.

Remontándose al inicio de la negociación de paz, hace un año, el exministro de Defensa recordó que el presidente Juan Manuel Santos aseguró, y lo ha reiterado en varias ocasiones,  “que si el proceso no tenía la agilidad, la eficiencia y si la voluntad de paz no se manifestaba por parte de las Farc, había que levantarse de la mesa y no pasaba nada”.

“¡Cómo así que no pasa nada?, se preguntó Samudio Molina, tras afirmar que  “este gobierno tiene una responsabilidad política frente a un fracaso de esta magnitud”.

Pero el también expresidente de ACORE y del Cuerpo de Generales, al hacer abstracción de las negociaciones de paz en diversos  momentos de la historia, destacó las decisiones de algunos gobiernos que, con el acompañamiento de los mandos militares, rompieron las conversaciones.

Y uno de esos aspectos positivos  que se puede dar en cualquier momento, “es romper las conversaciones”, dijo.

“Eso sería positivo  para el análisis histórico de la posteridad, por el carácter y el valor, frente a un engaño de las Farc que no ha hecho alguna manifestación o voluntad de paz, como poner en libertad a los secuestrados, dejar de instalar minas antipersona, dejar las voladuras y los ataques a las poblaciones, o incorporar niños a sus filas”, explicó.

Más adelante, el general Samudio Molina aseguró que hay una falta de comunicación entre el gobierno y la ciudadanía, “bajo el pretexto de la confidencialidad”, a lo que se suma que, según algunas informaciones, en el grupo negociador del gobierno, “no hay unidad, y que el doctor Sergio Jaramillo es quien realmente maneja ese proceso de paz”.

Finalmente el exministro llamó a “construir la ‘Memoria Histórica’, pero no la que fue oficializada por el Gobierno para que se enseñe en los colegios, con el fin de que las próximas generaciones tengan una imagen distorsionada e incompleta de los orígenes de nuestra violencia y sobre el papel de las Fuerzas Militares, de los partidos políticos, en el conflicto”.

Juan Carlos Esguerra Portocarrero.  Al iniciar su exposición, el exministro señaló que el país debe entender “que lo que aquí ha habido es un conflicto entre organizaciones al margen de la ley dedicadas al bandolerismo, al terrorismo, a la guerrilla, y la República de Colombia”.

“No es cierto, como se pretende, que aquí ha habido un conflicto entre dos fuerzas armadas, unas ilegítimas y otras legítimas. Los enfrentamientos se han dado con la fuerza pública, que tiene la misión constitucional  de empuñar las armas del Estado para la defensa de ese Estado y de esa sociedad”, explicó.

Y agregó que “es contra ese Estado y esa sociedad, que se ha dado el enfrentamiento y

a partir de esa consideración es que se debe mirar lo que viene en materia de paz”.

Con ese argumento, Esguerra Portocarrero se refirió en extenso al conjunto de instrumentos de justicia, especialmente de justicia transicional que deben aplicarse para resolver el conflicto, porque eso “no se puede hacer dentro del marco de justicia ordinaria que tiene establecida la ley para los tiempo de paz”.

“Se trata de una justicia excepcionalísima, en cuanto al tiempo de su vigencia, en cuanto a los instrumentos que va a utilizar, en cuanto a la forma y el ámbito de la aplicación que va a tener”, explicó.

Anotó que ese tipo de justicia debe contar “con unas características que son difíciles de entender, a veces, y mucho más difícil de ‘tragar’ en otras, como los llamados criterios de selección y de priorización, conforme a los cuales deben escogerse prioritariamente aquellos delitos y aquellos delincuentes que van a ser objeto de juzgamiento, para efectos de su sanción, frente a aquellos que deben esperar”.

En ese sentido explicó que cuando se logra una paz, después de un conflicto de esta clase, “es tal la cantidad de delitos que habría que juzgar, por lo que simplemente hay que escoger algunos en razón de su gravedad o del tipo de ofensa que le causaron a la sociedad, en razón de las condiciones especiales de desventaja en que se encontraban las víctimas”.

“Lo mismo con el criterio de selección. Deben seleccionarse unos (autores), lo que significa decir que, probablemente, habrá que dejar a otros de lado. ¡Otro hueso duro de roer! Desde luego, no es fácil pasar por lo que habrá que pasar en esta materia, si se llega a la paz -como hay que soñar-. ¡Los sapos que vamos a tener que tragarnos en materia de administración de justicia!”, expresó el exministro.

Pero, advirtió, que por esa misma situación se ha tenido que pasar en otros lugares y conflictos del mundo, como Irlanda, Sudáfrica, en África y Asia.

“Casos en los cuales fue necesario que eso se diera, a partir, claro está, que el sistema de justicia que debe manejarse como parte del proceso de paz, debe ser un sistema que tenga en cuenta esas consideraciones de paz, siempre y cuando no se pierda el norte sobre la base de los conceptos de verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición”, anotó.

Y agregó que en todo proceso de paz es indispensable “la garantía de no repetición. Es decir: esto se acabó”.

“Estamos dispuestos a ceder, estamos dispuestos a conceder, estamos dispuestos a aceptar, estamos dispuestos a ‘tragar’. Sí, pero todo ello con la garantía de no repetición”, dijo.

Y continuó: “Pero, chantajes velados como el que estaba planteando el alcalde de Bogotá, de decir que si las cosas no funcionan en determinada forma, se correría el riesgo de que fuera necesario regresar al monte y regresar a las armas.  ¿Qué es eso, frente a la garantía de no repetición?, preguntó.

“Si se les abren las puertas de la institucionalidad es para que no vuelvan a dejar nunca la institucionalidad, y, por supuesto, para que en ningún caso y por ninguna circunstancia, pueda haber lugar a que se debata este tema para decir, no estoy suficientemente satisfecho y por consiguiente yo regreso al sitio de donde vengo”. No es posible, no es posible porque había ese compromiso y esa garantía”, concluyó el exministro.

Marta Lucía Ramírez. Por su parte la exministra de Defensa dijo que está de acuerdo con un proceso de justicia transicional con base en el principio del perdón, pero advirtió que en un proceso de negociación, con el pretexto de esa figura, “no puede haber licencia para seguir cometiendo todos los días nuevos crímenes de guerra”.

“No se puede exonerar en anticipado porque al final del día ellos saben que todo lo que hagan hoy, va a quedar cubierto también por esas negociaciones. Entonces me parece que son situaciones inaceptables para la sociedad colombiana”, expresó.

Manifestó que cree que la justicia transicional es necesaria para un conflicto tan complejo como el colombiano, pero aseguró que “tenemos que ser implacables como sociedad, en exigir realmente la verdad, la justicia, la reparación y, sobre todo la garantía de no repetición”.

Más adelante, Ramírez  señaló que “todos queremos la paz, estamos dispuestos a hacerlos esfuerzos y sacrificios necesarios por la paz, pero no puede ser a costa de que claudiquemos en la defensa de las instituciones, en la convicción de fortalecer cada vez más el estado de Derecho y el marco constitucional colombiano”.

Para la exministra, “La paz es un proceso de construcción institucional, de fortalecimiento democrático, de fortalecimiento del marco jurídico y del estado de Derecho, pero también de esa otra parte del estado que tiene que ver con las oportunidades, con las condiciones de acceso de la gente al crecimiento económico, a la generación de empleo, a la educación de sus hijos, al desarrollo en las zonas rurales, y de las más apartadas regiones de Colombia”.

Por otra parte, afirmó que en la política de Seguridad Democrática ya se estaba hablando de que el conflicto debería terminarse en una mesa de diálogo, y por ello, lo que “está haciendo el presidente Santos no es nada nuevo”.

“La diferencia está en la forma y en el tiempo. En la forma porque un proceso de esta naturaleza debería haber iniciado de cara al país. De manera clara, en forma transparente, y no fue así. Este es un proceso en donde las conversaciones empezaron hace tres años, las negociaciones hace uno, pero realmente eso se conoció a partir de la presión del presidente Uribe en los medios de comunicación”, recordó.

Según Ramírez, “el presidente Santos ha debido continuar de manera absolutamente clara, determinada, firme, combatiendo a las Farc tanto en el campo militar como en el jurídico, que a mi juicio es uno de los grandes agujeros negros que tiene este país. Y combatirlas también en el campo económico”.

“Si se hubiera continuado, entonces, por ese mismo camino, golpeándolos contundentemente durante los primeros dos años y medio del gobierno Santos, yo creo que se hubiera podido sentar hace seis u ocho meses, y hubiera, con absoluta seguridad, tenido un resultado diferente del que ha tenido este proceso de negociación, indicó.

“Pero creo que al presidente Santos le pudo el afán, el afán de demostrar que era mejor que todos sus antecesores y que él sí iba a lograr firmar lo que no había firmado ninguno otro de sus antecesores”, continuó.

“Vanidad de vanidades y sólo vanidad, no lo sé. Verdadera convicción de que podía lograr la paz, tampoco lo sé. Lo cierto es que fue inoportuno el comienzo y ha sido equivocado el proceso que se ha utilizado”, porque, entre otras cosas, el gobierno no tiene claras sus líneas rojas, como debe ser toda negociación, concluyó al respecto.

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