No existe la casualidad

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La columna de la semana

Una interesante columna del mayor general Henry Medina Uribe, sobre el tema de la paz, fue divulgada a finales de la semana pasada en el diario El Colombiano de Medellín. Acore.com la publica en su totalidad para conocimiento de sus lectores.

No existe la casualidad

MG. Henry Medina Uribe

 

La última edición de la revista de la Asociación Colombiana de Oficiales en Retiro de las Fuerzas Militares, ACORE, trae en su portada una frase que llamó poderosamente mi atención: «Paz sin Justicia, es solo una tregua». Esa frase encierra una gran verdad y propone un poderoso mensaje, solo posible de comprender cuando se descubre el real significado del concepto justicia.

Evidentemente, la paz injusta sería una victoria pírrica de lamentables consecuencias. La justicia es un valor esencial para mantener la armonía entre los miembros de una sociedad. Es el marco consensuado que regula las relaciones entre personas y que empodera a las instituciones para perseguir y estructurar, para su uso y beneficio, el Bien Común.

Aristóteles, cuando se refiere a la justicia distributiva, la subordina a la equidad, a la ética y a la honradez. La Organización de las Naciones Unidas, cuando habla de justicia social, la asocia a la dignidad humana, al desarrollo, al pleno empleo, a la igualdad entre géneros y al bienestar social.

En este contexto, la frase de Acore es aleccionadora. Este raciocinio es importante, en cuanto hace claro que la paz no es el silencio de los fusiles, sino recrear las circunstancias para acrecentar la dignidad humana de los colombianos. No es quedarnos en el barniz de una proclama sino llegar a la estructura causal de nuestro ordenamiento decrépito.

Ciertamente, en el léxico militar cuando hablamos de paz, no nos referimos a la paz de los sepulcros y cuando hablamos de justicia no la entendemos como el dominio de la fuerza opresora sobre el débil, sino el predominio de la razón reguladora de la equidad y la sana convivencia.

Pensando en estos temas, mientras tengo en mis manos el informe de desarrollo humano del Pnud, (América Latina es catalogada como la región más desigual e insegura del mundo) llega a mi mente el sexto principio hermético del kybalión: aquel que nos dice que «todo efecto tiene su causa y toda causa tiene su efecto», que la casualidad no es sino un nombre para la ley no reconocida.

La causalidad es una explicación científica, la casualidad es respuesta fácil a algo que no podemos percibir o no queremos comprender. En síntesis, la violencia que pretendemos erradicar no es casual sino causal y mientras no clarifiquemos estos aspectos, el problema no tendrá solución de largo plazo y será tan solo una ilusión o una tregua.

En mi columna anterior me refería a los niveles de corrupción que campean en los departamentos de Magdalena, Cesar y La Guajira. «El Colombiano», en su edición del pasado tres de noviembre informa sobre la penetración de las bandas criminales en las instituciones públicas, especialmente en los departamentos de Antioquia, Chocó, Valle del Cauca y Santander.

Cada día verificamos cómo la corrupción infecta a todas las organizaciones públicas y privadas del orden nacional y cada acontecimiento lamentable es un eslabón que alarga la cadena de degradación social.

La conclusión obvia es que hay que buscar las causas, el porqué de los acontecimientos y la razón de nuestras desgracias.  Para que la paz no sea una tregua, debemos llegar con humildad al fondo de nuestras conciencias para construir desde nuestro interior el compromiso con el cambio adecuado, en un escenario que no es en blanco y negro, sino de matices de gris.

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