Como un homenaje al escritor, al analista y al militar de visión, reemplazamos la habitual Columna de la Semana por el artículo del general Álvaro Valencia Tovar, publicado en el diario El Tiempo de Bogotá, el pasado 20 de febrero.
¿Un Ejército corrupto?
En los doscientos años de historia, nadie, nunca, había osado llamar corrupto al Ejército de Colombia. Que ahora se haga por la prensa, la radio, la televisión, hasta por los partidos políticos, es algo que lastima el alma, hiere profundamente el mundo afectivo en el que los militares nos formamos y vivimos sobre el pedestal inconmovible del honor.
Aun descartando el agigantamiento de los hechos cotidianos al que nos hemos habituado en la lectura y la visión de nuestro periodismo, y el morbo que satura los hechos de sangre, en particular si se realizan bajo impulsos pasionales, el contagio de la corrupción rampante que se viene adueñando de la sociedad nacional se ha introducido también en segmentos de nuestra fuerza pública. Esto es el clímax de un fenómeno que se viene desarrollando en nuestra sociedad a lo largo de los últimos decenios del siglo XX y ominosas proyecciones al XXI.
Quien haya vestido con dignidad y decoro el uniforme patrio siente el sonrojo y la vergüenza de ver el ademán despectivo al mostrar con índice acusador a los gestores del pillaje. La generalización que, al igual que al sacerdocio, abarca a las instituciones religiosas y castrenses. ¿Injusto? Sin duda. Pero inevitable. Si un soldado o un cura transita por las calles, sabe que el viandante piensa si será uno de los culpables de la catástrofe institucional.
Al presenciar el desfile tradicional del pasado 20 de Julio del 2013, sentí el orgullo y la emoción del palpar el cariño y la veneración que el pueblo bogotano tributó a su Ejército al paso marcial de sus ciudadanos en armas. Recibí del general Alejandro Navas Ramos el honor de comandar la agrupación de reservistas que encabezó el desfile. Vestí mi uniforme militar henchida el alma de emoción al recibir las ovaciones, aplausos y vivas. No me uniformaba desde cuando asistí, al frente de veinte veteranos del Batallón Colombia al cincuentenario de la iniciación de la guerra desatada por Corea del Norte comunista con apoyo de la Unión Soviética y la China de Mao Tse-tung. Colombia, único país latinoamericano que acudió en defensa de la nación agredida, recibió reconocimientos especiales y mención repetida hacia sus tropas.
A lo largo de las cuadras anteriores a las tribunas, la gente aglomerada en los andenes veía en sus soldados toda una historia de sacrificado heroísmo. Esos sentimientos siguen latentes en el corazón de nuestro pueblo, y si en algo han languidecido por el desastre actual es preciso rescatarlos. Es el mayor reto que nuestros camaradas en actividad y nosotros en la reserva activa debemos enfrentar con éxito y férrea voluntad.
Se ha perdido una batalla pero no la guerra. El Ejército fraccionado sobre el territorio nacional debe seguir disfrutando de la confianza y credibilidad del campesinado, que con orgullo ve a sus hijos combatiendo por hallar la paz ansiada. A la prensa le pedimos encarecidamente objetividad y sereno tratamiento a la crisis actual. No es justo que la inmensa mayoría de los hombres y mujeres no contaminados por la corrupción paguen el precio de los crímenes cometidos por una minoría de delincuentes que se dejaron tentar por el dinero fácil. El Ejército, y con él las Fuerzas Armadas, lleva en sus fusiles dos siglos de gloria, reza uno de sus himnos militares, como mandato de quienes conquistaron independencia y soberanía.
A la Fiscalía, que asumió la investigación penal, le pedimos hacerlo con imparcialidad, e igual solicitud le hacemos a la Procuraduría si realiza investigación disciplinaria. No sobra, pues ambos organismos de control no han procedido así en el pasado reciente. Recordemos lo que ocurrió con el Palacio de Justicia veinte años después de una cosa juzgada y absuelta por la Comisión de la Verdad.
Adelante, pues, soldados de Colombia. Su patria sigue viendo en ustedes la columna vertebral de la democracia colombiana.
alvatov2@yahoo.com
Álvaro Valencia Tovar




