Entrevista de la semana El General Mendieta y las defensas de las víctimas

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A solo cuatro años y un mes de haber sido rescatado, tras permanecer por casi 12 años secuestrado en las más duras condiciones por

el grupo terrorista de las Farc, el mayor general de la Policía, Luis Mendieta Ovalle, narró al boletín ACORE lo que ha sido de su vida en

libertad, una libertad marcada por el dolor de haber sido retirado de la Institución, y de considerar que en vez de apoyarlos, el Estado le da la espalda a los héroes de nuestras Fuerzas Militares y de Policía.

En sus declaraciones el oficial defiende también el derecho de los miembros de la Fuerza Pública, víctimas de las Farc, a asistir a la mesa de negociación de La Habana, y denuncia el juego y la manipulación en los foros regionales para ‘invisibilizar’ a las víctimas del grupo terrorista.

General, ¿qué ha sido de su vida en estos cuatro años y un poco más desde que fue liberado tras casi 12 años de secuestro?

R. Este es el momento en que uno todavía está ‘elevado’ en muchos aspectos porque fueron 12 años que dejaron muchas secuelas, entre físicas y psicológicas. Pero especialmente perdidos en la parte afectiva y emocional con la familia. Y en fin, en varios aspectos de la vida que uno hubiera querido haber disfrutado.

Y si bien es cierto que al comienzo se recibe un tratamiento médico primario, y una atención psicológica de primera mano, que no pasa de una o dos entrevistas nada más, pues se cree que eso queda subsanado.

Sin embargo, gracias a que fui destinado a Madrid, en calidad de Agregado, pude reencontrarme con mi familia, además de adelantar una especialización en Derechos Humanos, y traté de involucrarme en las actividades académicas.

Pero se notan las graves secuelas. Yo leía muchísimo antes del secuestro, pero no he podido volver a retomar el hábito de la lectura. Le pregunté al respecto a Alan (Jara) quien también era un lector impresionante, y me respondió que tampoco. Es una de las secuelas.

En Europa también he podido realizar tres seminarios sobre derechos humanos, que han involucrado a siete países, y en donde he podido aprender muchísimo. También estuve en Costa Rica con la Universidad de la Paz de las Naciones Unidas en un tema de justicia transicional.

Entonces esta actividad académica me ha traído un entretenimiento para esa ‘falencia’ que quedó, porque infortunadamente al llegar a Colombia, el mando institucional me exigió el retiro, tanto el general Naranjo, como el general León, y posteriormente el ministro de Defensa, a pesar de que hablé con ellos  y de que existen muchos espacios, no solo en el Ministerio sino en la Policía, donde podía desempeñarme, especialmente en el tema de derechos humanos.

Pero no, no me tuvieron en cuenta, aunque afortunadamente cuando se cierra una ventana, Dios abre otra y he tenido tiempo para dedicarme a otras actividades en materia de Derechos Humanos.

P. ¿Pero usted hubiera querido continuar?

R. Por supuesto, porque allí hay muchas actividades por realizar. Yo no pretendía quitarle el puesto al señor general Naranjo, ni al señor general León en la Dirección, porque yo soy consciente de que en 12 años la institución pasó de 70.000 a 170.000 hombres, y que los oficiales se tienen que preparar y capacitar en muchísimas actividades de liderazgo para manejar una institución tan grande, pero hay otros cargos muy importantes en los cuales pienso que me podría haber desempeñado, incluso en derechos humanos, en la creación de un Instituto de derechos humanos, o en una serie de actividades docentes, en tantas escuelas de formación; contribuir a los programas académicos a desarrollar, y especialmente para participar con nuestros policías, que son nuestra razón de ser, mediante el aporte de los conocimientos que tengo, pero no los quisieron aprovechar.

P. General, pero aquí uno ve que en lugar de ser tratados como héroes, como lo que son, regresan a la vida en libertad y el Estado les da una patada…

R: Si, viene esa situación que la siente uno muchísimo y le causa gran sufrimiento. En los diferentes escenarios la primera pregunta es, ¿y usted sufre del síndrome de Estocolmo. Y usted no está loco? Por lo tanto, con esas dos preguntas uno tiene la sensación, en todos los escenarios, que la misma sociedad lo excluye. Por eso compañeros de cautiverio que estuvieron dos o tres años y salieron, los retiraron de la Policía, y del Ejército, y por problemas físicos y psicológicos no los tuvieron en cuenta. Incluso hoy en día están en condiciones lamentables, sin una pensión, sin asistencia médica, sin asistencia psicológica.

Entonces, por lo tanto, ese daño ha sido enorme y, por supuesto, uno quisiera que las instituciones del Estado tuvieran centros altamente especializados porque es que se necesitan profesionales para que se haga un seguimiento y un tratamiento a cada uno de los secuestrados, y no solo a él sino también a sus familias, y eso no existe.

 Ahora, si profundizamos un poco más en esto del derecho internacional de los Derechos Humanos, ahí hay una responsabilidad muy grande del Estado, porque hoy se está hablando de Verdad, Justicia y Reparación. Y en la misma Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) se habla no solo de esos términos sino también de indemnización, que no se ha tenido en cuenta, e incluso del proyecto de vida, que debe ir después de esto. Pero lamentablemente los integrantes de la Fuerza Pública que pasamos por condiciones de cautiverio, o que han sido víctimas de otros casos, como las minas antipersona, y que deberían objeto permanente de atención del Estado, no son tenidos en cuenta para un proyecto de vida y son abandonados a su suerte, como ha ocurrido en estos años.

Ojalá con lo que está pasando, se reflexione un poco y se ubiquen los mecanismos presupuestales necesarios, por parte del gobierno y la institucionalidad para que se creen centros especializados para atender a todo este personal que sufrió como víctimas directas de las Farc, pero especialmente para que rehagan sus proyectos de vida, tanto ellos como sus familias.

P. ¿Hay algo que se esté moviendo en ese sentido. Hay alguna acción del gobierno para ayudar a esas víctimas de la Fuerza Pública?

R. No. Eso era lo que quería hacer a través de la Unidad de Derechos Humanos en la Policía, pero me escucharon. También estuve en la Dirección de Derechos Humanos del Ejército, pero quizás piensan que uno ya cumplió su ciclo y que somos una piedra en el zapato, por lo cual no tenemos nada que aportar. Entonces uno respeta esas posiciones y lo que hace es aislarse.

Además, porque hay otra parte que a uno le duele muchísimo y es que creen en esas instituciones que uno va a pedir más cosas, y realmente nuestro deseo era aportar. Le parece a uno, y así se percibe, que para mucha gente era suficiente con que nos hubiesen rescatado, con el derecho a la vida. Es decir que no tenemos derecho sino a la vida, y luego el derecho a la libertad porque fuimos rescatados. Pero pareciera que si exigimos unos derechos más, parecería una ofensa para mucha gente.  Y eso ha sido bien duro.

Incluso así lo percibía en la calle, en los centros comerciales, con gente que le decía a uno: “cuidado usted va a demandar”, y lo señalaban, y lo sindicaban como si uno fuera el peor criminal que no tenía derecho a reclamar ni siquiera los salarios, o las primas que fueron congeladas, o muchas otras cosas que se quedaron en el tintero, como la indemnización, contemplada por la CIDH.

P. ¿General, cómo ve el conflicto armado, hoy en día?

R. El conflicto armado sigue. Los grupos armados terroristas como las Farc y el ELN, siguen cometiendo una cantidad de hechos que violan toda la normatividad no solo nacional sino internacional, porque siguen cometiendo crímenes de lesa humanidad.

De corazón uno quisiera, y pienso que todos los colombianos queremos la paz, pero eso es bien complicado porque el balón está en el terreno de ellos (de las Farc) y hasta el momento no han mostrado un hecho de paz, por el contrario, siguen con su escalada terrorista contra la sociedad colombiana.

P. Es difícil creer en unas Farc sentadas negociando sinceramente?

R. Es que no lo digo yo, lo dicen ellos y así lo ví en los 12 años de cautiverio, donde percibí que la primera arma de guerra de las Farc es la mentira. Entonces con eso ellos hacen de todo. Aparte de eso también escuchaba allá que los principios que sentó alias ‘Tirofijo’ no los van a cambiar porque, decía algún guerrillero: “nosotros nos metimos aquí y no necesitamos ni puestos, ni conversaciones, ni paz. Lo que nosotros necesitamos es el poder” y por tanto seguirán en su lucha por el poder.

En otras oportunidades decían: “sí, nosotros aprovecharemos cualquier cosa que nos dé el Gobierno Nacional para seguir avanzando en nuestra búsqueda del poder. Pero paso que nos den, es paso que nosotros aprovechamos y no vamos a retroceder”.

Es decir, ellos toman la negociación como una concesión que les da el gobierno, pero la guerrilla no va a conceder absolutamente nada. Su propósito siempre será la consecución del poder y por lo tanto combinarán todas las formas de lucha. Así es que si les dan la oportunidad de un proceso de paz, de una negociación, de hablar de los puntos que sean, pues seguirán conversando porque ellos no tienen afán alguno.

P. ¿Podemos derrotar militarmente a los terroristas?

R. Sí, claro. Todo depende especialmente de las decisiones que tomen las élites políticas encargadas de direccionar esto. Pienso que el Estado, con la tecnología que se tiene, está en capacidad de obtener resultados muy contundentes con las Farc.

P. ¿Frente a una eventual firma de paz, usted como víctima perdona?

R. Son procesos que se tienen que dar. Por eso nosotros estamos reclamando en primer lugar verdad. Pero si (las Farc) no dan el primer paso a la verdad que estamos exigiendo: ¿dónde están los secuestrados? y siguen secuestrando. ¿Entonces cómo podrá haber justicia?

Lo cierto es que el perdón es responsabilidad de cada una de las personas, que deciden si lo dan o no. Es capacidad de cada uno de los que fueron afectados por la violencia. En mi caso particular, tan pronto conozcamos verdades y que veamos en ellos (los terroristas) un sentimiento real de contribuir a la paz de Colombia, estaríamos dispuestos a perdonar.

P. ¿Los miembros de las Fuerzas Militares víctimas de las Farc, o sus familiares, están organizados y preparados para la firma de un acuerdo de paz?

R. Hay algunas organizaciones y fundaciones dispersas, pero no hay la preparación adecuada para llegar a ese escenario. Muchos quisieran ir y participar, pero en forma personal. Como organización que los agrupe a todos, todavía falta mucho tiempo.

P. Ustedes no se sienten representados en los foros organizados por la ONU y la Universidad Nacional para enviar insumos a la mesa de negociación en La Habana.

R: Delegar a la Universidad Nacional, en cabeza de Alejo Vargas, y a la ONU, para hacer los foros regionales de víctimas, no dejó un punto de equilibrio. Pienso que se debió buscar otra universidad, además de la Nacional, porque ésta tiene su sesgo ideológico, conocido desde hace mucho.

Además se pudo haber echado mano de otros intelectuales, muy preparados que hay en el país, para que hicieran contrapeso, buscando un punto de equilibrio en la parte ideológica, porque no podemos dejar que todo se lo lleve una parte interesada.

Por eso los organizadores, al decidir cómo hacer los foros regionales, tomaron las decisiones sin contar con las verdaderas víctimas de las Farc.

Ante ello nosotros, en un desayuno, expresamos nuestra inconformidad con esas decisiones y manifestamos que se deberían programar foros con las víctimas de las Farc, además de que no teníamos por qué enviar propuestas a La Habana, luego de que el año pasado hicimos una serie de manifestaciones en el Congreso de la República, enviamos algunos documentos significativos, y luego nos enteramos de que esos elementos no llegaron a la Mesa de negociación, y que lo único que llegó fue un mensaje de que “las víctimas de las Farc, los perdonábamos”.

Entonces, como allí estuvieron presentes delegados de la ONU, vimos que no hay garantías, y por lo tanto, exigimos ahora unos veedores internacionales para que nuestras propuestas y las que se hagan en el futuro, lleguen allá.

Igualmente le solicitamos a la Iglesia que sea un garante en las exigencias que tenemos y se convierta en el punto de equilibrio en la mesa de negociación para que se tengan en cuenta las víctimas directas de las Farc.

Lamentablemente en La Habana se reiteró que los representantes de las víctimas que irán a Cuba, serán escogidos por la ONU y la Universidad Nacional, en cabeza de Alejo Vargas, con el agravante de que las víctimas que vayan allá, únicamente pueden contar su historia personal, por lo tanto vemos que sí los encargados nombran sólo a una o dos víctimas de las Farc, únicamente se contarán uno o dos hechos de violencia de esa organización, frente a miles de historias ocurridas a lo largo de los últimos 50 años.

Por lo tanto allí van a quedar totalmente invisibilizadas nuevamente las víctimas de las Farc.

P. ¿Y entonces cómo quedan en ese juego los miembros de la Fuerza Pública, víctimas de las Farc?

R. El mecanismo ha sido maquiavélicamente diseñado desde hace mucho tiempo y no es gratuito que los integrantes de la mesa de las Farc en La Habana se estén preguntando: “¿Victimarios nosotros?” Ellos no se consideran victimarios. Y la idea es que ese mensaje sea reproducido por todos esos líderes que participan en los foros regionales, quienes, además, califican de ‘paramilitares’ a aquellos compañeros miembros de organizaciones que representan, ellos sí,  a las víctimas de las Farc.

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