Por Carlos Andrés Pineda
Flaco favor le hace al gobierno y a la paz del país la señora Nigería Rentería, quien se desempeñaba como integrante de la mesa de diálogo en La Habana, Cuba, desde hace algunos meses, y acaba de retirarse para aspirar a la Gobernación de Chocó.
Y es que sin duda, si algo creíamos, o por lo menos así lo creía yo, era que la cuestión de la negociación de paz debería ser asumida como un asunto serio, muy serio, por parte de quienes aceptaron en su momento hacer parte de los diálogos.
Estaba convencido de que quienes integraban ese equipo, se encontraban bien lejos, por lo menos mientras terminaban las conversaciones, de intereses políticos y partidarios, y mucho mas de objetivos personalistas en el desempeño de las funciones en La Habana.
Pero no ha sido así. Qué triste que hasta que en lo que debería ser una labor impulsada sólo por la convicción, el deseo de trabajar por la paz y el bien del país, también haya sido aprovechado por la señora Rentería –de quien poco sabemos cuáles fueron sus aportes al proceso- como trampolín político para conseguir sus objetivos personales, los cuales, creo, bien podrían haber esperado.
A poco más de dos años de iniciado el proceso de paz, vemos cómo el equipo del gobierno se ha ido desbaratando, inicialmente con la salida del ahora embajador en Estados Unidos, Luis Carlos Villegas; posteriormente con la del exdirector de la Policía, general Oscar Naranjo y ahora con la de la señora Rentería, a la que se suma, no de menos importancia, el anuncio del retiro del también director de la Agencia Colombiana para la Reintegración, Alejandro Éder, quien ha tenido un importante papel en los diálogos.
La delegación de las Farc, por el contrario, se mantiene y se refuerza, y si acaso, rota en algunos pocos casos, como lo señalan las reglas establecidas.
Esto me recuerda que si en algunas regiones del país los grupos armados ilegales llegaron a tener un control casi total, o por lo menos un mejor desempeño militar, durante mucho tiempo, se debió, entre otras cosas, a que los jefes guerrilleros y sus hombres conocían al dedillo la zona o zonas que les habían sido asignadas, en tanto que los comandantes militares normalmente eran trasladados tan pronto cumplían uno o dos años, a lo sumo.
Parece que la lección aún no ha sido aprendida. En tanto que los jefes de las Farc saben desde hace mucho tiempo por dónde y para dónde van, y siguen siendo coherentes con sus aspiraciones, quienes manejan al país continúan pensando que en las negociaciones se puede seguir improvisando en lo que a algunos de sus integrantes corresponde.
Y aquí vale la pena anotar que en anteriores ‘diálogos’ se recurrió a funcionarios o personajes que no tenían la menor idea de lo que es la ‘negociación de conflictos’ o el ‘manejo de crisis’, y muchos menos habían leído sobre la violencia colombiana o acerca de la historia de las Farc, sus móviles ideológicos o políticos.
Menos mal que aún continúan en el equipo personas que saben lo que están haciendo, a pesar de las críticas -válidas cuando se tienen argumentos de peso- y los rechazos que en ocasiones, infortunadamente, vienen cayendo en lo más bajo y atentan contra la dignidad humana de quienes intentan hacer algo por este país.




