“Queremos que los militares y policías que defendieron la patria sean recordados y que el país entero los tenga en cuenta como aquellos que impidieron que por medio de la violencia se tocara nuestra estructura democrática”, afirmó monseñor Fabio Suescún, el pasado 6 de noviembre, durante el homenaje a los héroes caídos durante la recuperación del Palacio de Justicia.
Los siguientes son apartes de la intervención del obispo castrense de Colombia:
“Como Obispo de las Fuerzas Armadas de Colombia presento un saludo respetuoso y cariñoso a los integrantes de las Fuerzas Militares y de Policía aquí presentes. Saludo también con especial gratitud y especial admiración a todos los señores oficiales y suboficiales de la Reserva Activa que han venido a participar de esta eucaristía.
Me siento especialmente unido a la Asociación Colombiana de Oficiales en Retiro de las Fuerzas Militares, ACORE, que ha querido que celebremos esta eucaristía en memoria de los miembros de las Fuerzas Militares y de Policía que murieron cumpliendo su deber de defensores de la democracia en ese día trágico de la Toma del Palacio de Justicia.
Queremos recordar esa fecha por más trágica y dolorosa que sea. Queremos que se mantenga vivo un acontecimiento de vergüenza y de dolor. Queremos que los militares y policías que defendieron la patria sean recordados y el país entero los tenga en cuenta como aquellos que impidieron que por medio de la violencia se tocara nuestra estructura democrática.
A ellos los encomendamos a dios para que el señor los corone de gloria y la patria celestial porque fueron fieles a la vocación militar y policial de llegar hasta la guarida en defensa de nuestras instituciones; pero también, hoy quiero de manera particular asociar en esta eucaristía al señor General Jesús Armando Arias Cabrales y al señor Coronel Alfonso Plazas Vega, militares presentes en este trágico acontecimiento, militares íntegros que tuvieron participación en estos trágicos acontecimientos que han sido sentenciados a una especie de muerte ciudadana y que merecen de nuestra parte la solidaridad el afecto y la garantía de que nosotros participamos de su situación, que no entendemos muchas cosas.
Lo que queremos decirles, es que estamos con ellos y que confiamos en la presencia del señor. Decirles que les seguirá acompañándolos y guiándolos durante este tiempo ciertamente duro para ellos y para sus familias. Vamos a vivir esta memoria no solamente con categorías humanas sino que la celebración de la eucaristía nos lleva a vivir este acontecimiento doloroso en la historia del país con categorías cristianas que van mucho más allá de los hechos inmediatos y de las consecuencias que trae siempre el actuar de nosotros los humanos.
Hoy estamos reunidos con motivos más que justos, porque nosotros queremos que no se olviden aquellos que murieron sirviendo a nuestras Fuerzas Militares y de Policía en aquel nefasto acontecimiento. Nosotros no podemos dejar olvidar a los mártires, no podemos dejar pasar la página sin que ese hecho de historia siga repercutiendo sobre el presente con el ánimo de que no volvamos a incurrir en esa barbarie, en esa desproporción.
Queremos decirles a sus amigos y a Colombia que los militares y policías no olvidan a sus hermanos militares y policías que han llegado al extremo de entregar su vida por ser fieles a la misión recibida.
Pero nos vamos a quedar ahí, no solamente vamos a dar testimonio de recuerdo perenne que tiene que trasmitirse de generación en generación; sino que tenemos que meternos también dentro de la misión de Dios. Lo que contradice los planes de Dios se llama pecado y la violencia es pecado y la injusticia es pecado y los hechos espantosos de irrespeto a la vida y a la sociedad son pecado, y el pecado trae siempre muerte y esa muerte nos desconcierta a nosotros los seres humanos, y es ahí cuando nosotros nos tenemos que agarrar de Dios para ir más allá de eso que nos pesa, de eso que constituye para nosotros motivo de horror. Y entonces entramos en la dimensión de Dios para entender que lo perdido para el mundo es rescatado por la bondad y por la generosidad que Dios le dio a su hijo, para que muriera él a causa de nuestro pecado y nos hiciera ver el mundo libre de la enemistad con Dios y nos abriera las puertas de un mundo mejor.
Hoy nosotros vamos a pedirle a Dios que estos soldados y policías encuentren la alegría de ser rescatados por Dios cuando han sido muertos por nosotros los humanos, y así como cristo murió primero a causa de la violencia y del pecado de los hombres, les dé la gloria a los soldados y policías de la patria y que a nosotros, militares y policías fieles al ideal del servicio de la patria, siempre activos, nos conceda el señor la gracia de ir más allá de los criterios humanos, para entrar en la dimensión trascendental de los planes de Dios.
Que Dios Bendiga a Colombia y nos haga caer en cuenta de que no podemos seguir viviendo actos tan nefastos como el que hoy recordamos y que entendamos que tenemos que coger otros caminos de humanidad, de convivencia, de justicia y de paz entre los colombianos, con la guía y ayuda de Dios”.




