El lado oscuro de la fuerza

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Por : José Obdulio Espejo Muñoz

Mientras escribía esta columna, llegó a mis manos la crónica «También fuimos héroes», autoría de Luis Sánchez Rey. Una confirmación de que ahí está una parte del camino que debemos recorrer.

No voy a referirme a la saga de películas de culto que catapultaron la carrera de George Lucas como productor y director de Hollywood, mucho menos al fantástico universo que creó con Star Wars o La guerra de las galaxias, como se le conoce en la lengua de Cervantes a esta serie cinematográfica y sus franquicias y redes de merchandising.

Este escrito conlleva una reflexión mucho más profunda sobre un hecho que puede afectar sustancialmente la vida presente y futura de millones de colombianos.  Nosotros, los militares (tanto activos como de la reserva activa) seríamos quizá las principales víctimas de esta problemática, la cual pretendo dilucidar en los párrafos siguientes.

En foros, grupos de WhatsApp, mensajes de Twitter, tertulias, corillos y toda suerte de espacios de conversación y diálogo, tanto físicos y virtuales, los uniformados (especialmente quienes disfrutamos las mieles del retiro) cuestionamos la objetividad y las intenciones de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad (CEV), y de los demás componentes del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, Sivjrnr. Lo hacemos con conocimiento de causa, bien por sus actuaciones amañadas o por la prolija, pero venenosa producción de estas instancias que vieron la luz tras la firma del Acuerdo Final.

Este desencuentro con el Sivjrnr quizá tuvo su génesis en la sesgada e inicua selección de los magistrados de la Jurisdicción Especial para la Paz y los comisionados de la CEV que realizara el Comité de Escogencia del gobierno Santos. De ahí que oponerse y argumentar en contra de lo actuado (en tiempo pasado, presente y futuro) es una opción válida y necesaria, sobre todo si se hace uso de esta caja de resonancia que son los medios de comunicación masiva, pero abstenerse de participar allí es un verdadero suicidio colectivo.

Me explico. La semana pasada (mientras hacía mis habituales pesquisas en busca de temas para mis espacios de opinión) sostuve dos largas conversaciones telefónicas con igual número de comisionados de la verdad. Hablamos sobre muchos temas relacionados con el posacuerdo con las Farc y los procesos que se vienen adelantando en el contexto general del Sivjrnr. De ambos lados fuimos abiertamente críticos, pero estilamos un diálogo marcado por la altura, el respeto de las ideas del otro y una pisca de rigurosidad académica.

En esas conversaciones, ambos comisionados confirmaron uno de mis mayores temores. Los uniformados que se sometieron voluntariamente a la JEP están asistiendo en fila india a contar su verdad en la CEV. Eso está bien, como quiera que ello hace parte de la naturaleza y misionalidad de la comisión. El quid del asunto es el tono, la cualidad y la calidad de lo que podrían estar diciendo.

No pretendamos tapar el sol con un dedo o hacer como el avestruz cuando enfrenta un grave peligro. La mayoría de esos uniformados optaron por recorrer la senda de la criminalidad, traicionaron su juramento ante la sagrada enseña de la patria y se pasaron por la faja nuestro amplio catálogo de principios y valores.  Claro que ellos merecen una segunda oportunidad, la posibilidad de lavar sus culpas y su reintegración a la sociedad, pero jamás representaran la quintaesencia del ser militar colombiano.

Pero, como van las cosas, su verdad es la que quedara plasmada en la producción de la CEV, como quiera que los buenos soldados nos negamos conscientemente a apropiarnos de esta posibilidad a fin de que los colombianos de hoy y del futuro conozcan qué ocurrió en más de seis décadas de conflicto armado interno. Con la excusa de que aquello que contemos o escribamos  puede convertirse en una autocabeza de proceso en nuestra contra, cedemos esta oportunidad a aquella minoría que escogió el lado oscuro de la fuerza.

Ahora que se ha vuelto a encender la llamarada de la política en el conjunto de la reserva activa, qué bueno sería que los líderes de esos movimientos dejaran de arroparse tras los sustantivos de sus discursos y los transformasen en  verbo para ir en masa a la CEV y exigir a Francisco De Roux que nuestra voz y nuestra verdad también sea escuchada. No para admitir crímenes que nunca cometimos. No para dar detalles de las operaciones en las que tomamos parte. No para delatar a nuestros compañeros de armas. ¡No!

Dejemos de ver a la CEV como un confesionario. Dimensionemos las posibilidades que están a nuestro alcance. Que los comisionados y, en especial, nuestros compatriotas, conozcan nuestras vicisitudes. Que el país sepa de nuestros sacrificios. Que todos palpen nuestra condición de seres humanos e iguales como ellos. Que entiendan de una vez por todas que nuestro proceder siempre estuvo y ha estado marcado por el marco jurídico vigente en cada uno de los últimos sesenta años. Que acatamos órdenes según las disposiciones legales de los presidentes elegidos popularmente. Que nuestra vocación democrática ha sido siempre superior a cualquier interés mezquino.

Ojalá desde la institucionalidad del sector defensa se estén elaborando finalmente estrategias para copar esos espacios, llenar los nichos y las rendijas del Sivjrnr y dejar de ser los convidados de piedra que hasta ahora hemos sido. Dejemos de guardar este silencio cómplice que nos llevará al cadalso de la deshonra y el descrédito. Como nos repite incansablemente Carlos Arturo Velásquez, coronel de la reserva activa del Ejército: “escribamos, digamos, contemos, participemos”.

https://lasillavacia.com/silla-llena/red-de-la-paz/lado-oscuro-de-la-fuerza-76496

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