Después de un inesperado regaño presidencial, ¡nueva advertencia pública!

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“Cualquier muestra dedeslealtadserá causal de retiro”

 

Así lo expresó el Jefe del Estado, Juan Manuel Santos,  a través de algunos medios de comunicación, haciendo una perentoria y amenazante advertencia a los miembros de la Fuerza Pública.

Pocos días atrás, haciendo uso de las redes sociales, regañó también al Ministro de Defensa y a los mandos militares, pidiendo explicaciones por el secuestro del señor General Comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta, destacada en el departamento del Chocó.

Este tipo de mensajes, hechos en la forma como se hizo, coloca en la picota pública el buen nombre y el prestigio de respetables instituciones que conforman las Fuerzas Armadas de la República. Poner entredicho la respetabilidad que se merecen, y sobre todo su lealtad, constituye un pésimo mensaje que afecta en grado sumo los  grandes principios y valores que las caracteriza.

La “Lealtad” constituye uno de los valores  más importantes para quienes portan las armas de la República. Otros son el “Honor”, el “Patriotismo”, la “Dignidad”, la “Disciplina”, el “Respeto” y la “Subordinación” a sus mandos naturales.

Es un deber y una virtud que impone fidelidad total para con la nación y  sus instituciones. Cuando esta se vulnera en materia grave, se puede incurrir en una repugnante conducta  penal: ¡traición!

Esta puede darse cuando se favorece al enemigo, cuando se afecta la soberanía o cuando, por ejemplo, se llegare a firmar un acuerdo de paz en contra de la normatividad jurídica existente, violando la Constitución y leyes de la República.

En estas circunstancias, el concepto de lealtad hay que entenderlo preferencialmente en función de las “instituciones” y no siempre en el de las “personas”, particularmente cuando por alguna circunstancia, se  asumen posturas muy cuestionables o en contra de ciertos valores esenciales, propios  de nuestra institucionalidad y tradiciones. También la lealtad es de doble vía, es decir, obliga no solamente al subalterno para con su superior, sino también a este, respecto a sus propios subordinados.

El hecho de controvertir o expresar un desacuerdo, utilizando argumentos sólidos y valederos, no constituye un acto de rebeldía y mucho menos una actuación de carácter desleal. Puede ser una crítica constructiva que debe aceptarse sin retaliación alguna. No hay por qué amenazar con la destitución y el retiro, cuando estas opiniones se formulan dentro de la consideración y el respeto debido.

Respecto al proceso de negociación que se adelanta con las Farc, son muchas las críticas que se han venido formulando, no solamente por parte de la opinión nacional, sino también por quienes constituyen las Reservas Activas de la Fuerza Pública.

Sobre este tema ya se han dado a conocer algunas dudas y preocupaciones en cuanto a este proceso, en especial con lo que hasta este momento se conoce de acuerdos parciales ya pactados y sobre todo en lo que tiene que ver con los puntos pendientes por resolver en la agenda de negociaciones. Estos son los más importantes:

1.      Sobre preacuerdos hechos públicos recientemente:

$1·       Algunos derechos legítimos de propiedad agraria quedarían sin suficiente sustentación jurídica.

$1·       Aplicación de un modelo  colectivista de explotación del campo que ha fracasado en otros países.

$1·       Financiación de un  fondo especial de tierras a un costo excesivamente oneroso para el Estado (40 billones de pesos aproximadamente).

$1·       Salvedades existentes dentro del proceso de difícil aceptación por parte del Estado.

$1·       La refundación del Estado dentro de algunos conceptos que ni se deben, ni se pueden admitir.

$1·       El estatus otorgado a la contraparte en condiciones de igualdad con el Estado.

$1·       Cambio de valores liberales y democráticos tradicionales por conceptos retóricos que sin duda alguna, propiciarían la consabida lucha de clases.

2.      Sobre temas de la agenda por resolver:

$1·       Víctimas: verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición.

$1·       Fin del conflicto: desmovilización, entrega de armas y cese al fuego.

                                                 

Controvertir o formular desacuerdos sobre  estos temas ¿constituye realmente un acto de deslealtad? O más bien ¿No es otra cosa que el uso legítimo del derecho de opinión? ¿Crítica constructiva? ¿Cualquier exceso en tal sentido, podría constituirse en una traición?

Todo lo anterior, por razones obvias, genera serias dudas y preocupaciones respecto a este proceso, porque no se sabe exactamente qué se está entregando y sobre todo, ¿a cambio de qué?

Además, no hay claridad ni normatividad alguna que determinen los procedimientos aplicables a lo que significa  “negociar dentro del conflicto”. Una cosa es el combate y otra los excesos criminales cometidos por las Farc contra la población civil, tales como:

$1·       Terrorismo indiscriminado.

$1·       Ataque a la infraestructura energética.

$1·       Daño ambiental y envenenamiento de recursos hídricos.

$1·       Secuestro y extorsión creciente.

$1·       Reclutamiento infantil

$1·       Campos minados.

De igual manera contribuye a esta misma situación, la inseguridad jurídica de nuestros combatientes, quienes en defensa de este país no solamente se juegan la vida, sino también su propia libertad.

Por fortuna contamos con una Fuerza Pública muy profesional que continúa con el cumplimiento de su misión constitucional en circunstancias muy adversas.

La guerra política, jurídica y mediática también causa mucho daño a la Fuerza Pública

Una revista de circulación nacional que dispone permanentemente de información privilegiada, y cuyas principales fuentes las constituyen investigaciones penales cobijadas por la  reserva sumarial, ha emprendido una campaña sistemática difamatoria contra el Ejército Nacional y contra varios de sus miembros, especialmente los  de  más alta graduación, haciendo uso de falsas imputaciones  y graves acusaciones, las cuales también ha dirigido contra los servicios de inteligencia militar.

Los casos más recientes tienen que ver con el conocido escándalo de “Andrómeda”; las revelaciones de un Coronel investigado por tráfico de armas,  por los mal llamados “falsos positivos” y por otras graves conductas delictivas, en las cuales, a través de conversaciones telefónicas que le fueron interceptadas, mencionó, a propósito,  a varios Generales por supuestos ilícitos e irregularidades cometidos en presuntas contrataciones.

Nada de lo anterior fue comprobado. Sin embargo, sin fórmula de juicio, el Presidente de la República ordenó su destitución y retiro del servicio activo en forma inmediata.

En la última edición de esta revista (29-11-2014), uno de sus articulistas haciendo gala de una total desinformación, denunció tendenciosa y mal intencionadamente, la existencia de “una sorda   abierta oposición que actúa como subrepticia rueda suelta”, en el interior de nuestras Fuerzas Militares, en contra de los procesos que adelanta el gobierno nacional para negociar la terminación del conflicto armado con la organización terrorista Farc.

Señaló también supuestas revelaciones de “secretos de inteligencia militar” a  través de organismos de fachada o por medio de experimentados hackers. Igualmente destacó la existencia de “militares enemigos de la paz agazapados dentro de las Fuerzas Armadas”.

Complementó sus  diatribas acusando falsamente a ACORE, en cabeza de su Presidente,  como gran opositor de los Generales que actúan como negociadores plenipotenciarios en la Mesa de Conversaciones de La Habana, mencionando también a otros “numerosos desconocidos”, como grandes saboteadores de este proceso.

Remató su desafortunado artículo, calificando injuriosamente a todos los que aquí señala como “Traidores” de una singular causa que no especificó.

Este es un claro ejemplo de lo que es la guerra mediática, habilidosamente utilizada para desprestigiar a las Fuerzas Armadas de la República, la institución más querida y respetada por el pueblo colombiano.

Para terminar, también vale la pena preguntar a este despistado articulista:

¿De qué lado juega  en su afán de buscar cualquier clase de protagonismo?

Quienes lo conocen muy de cerca, lo identifican como un extraño libre pensador, viejo admirador de la revolución cubana y permanente detractor de nuestras instituciones  militares y policiales. Esto explica su proceder.

Brigadier General (RA) Jaime Ruiz Barrera

Diciembre 3 de 2014

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