LAS FARC NO ESTAN EN EL CORAZON DEL PUEBLO

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Los miembros del secretariado de las Farc que integran la mesa de negociaciones de la Habana, nos hacen llegar a todos los militares de la reserva, sus apreciaciones con respecto a temas relacionados con la búsqueda de la paz. Lo hicieron mediante una respetuosa misiva enviada al general Jaime Ruiz Barrera, presidente nacional de Acore.

Comienzan diciendo que la subversión considera necesarias una medidas en materia de justicia, y aceptan que las que se adopten en el proceso de paz, no pueden ser simétricas para todos quienes se enfrentan en la guerra. Piden que “todos deben disfrutar de beneficios jurídicos, equidad y tratamiento equilibrado, proporcionales a la verdad ofrecida, y a la reparación de las víctimas”

Y continúan exponiendo sus argumentos bajo la premisa que transcribo a continuación al pie de la letra: “Las FARC-EP han ejercido el mismo derecho a la rebelión que contra la injusticia y la opresión tomaron en sus manos los comuneros y después el ejército libertador y el pueblo todo, para liberarnos del entonces yugo opresor español. Ahora como en aquella época, las actuaciones realizadas por los rebeldes en aras de alcanzar sus legítimos objetivos, deben ser tratadas como delitos políticos y como tal amnistiadas. Este es el mandato de la Constitución Política, a pesar de que a lo largo de los últimos veinte años el Estado ha intentado negar a la insurgencia la condición de alzados en armas, reduciendo así un esencial rasgo de nuestra historia a una simplista calificación de terrorismo.”

La historia patria nos cuenta con claridad, que la rebelión de los comuneros fue contra el  mal gobierno español, y el ejército libertador nos liberó  de su yugo. Pero jamás los alzados en armas atentaron contra su propio pueblo; nunca, nunca jamás, un comunero o un soldado de la libertad cometieron actos de barbarie contra sus connacionales, contra sus hermanos. La guerra de independencia fue contra soldados españoles, y si a ellos hubo que decapitar, fusilar, o encarcelar, desterrar, o dar de baja en combates, la causa fue más que necesaria, justa. Bolívar y Santander, Sucre, Córdoba y  Girardot, y todos nuestros héroes, con sus huestes patriotas, nos dieron la libertad;  pero que despropósito seria decir que para lograrla, secuestraron a sus paisanos, chantajearon, asesinaron pueblo en nombre de la revolución. 

En Colombia los herederos de la gloria libertadora somos nosotros los militares; por algo hemos celebrado durante ciento noventa y seis años cada siete de Agosto, el día del Ejército. La constitución nacional del noventa y uno  aún vigente, contempla en sus artículos 216 y 217  la existencia de sus fuerzas militares, cuya misión de velar por la soberanía nacional se cumple a cabalidad. Soberanía amenazada por intereses foráneos, dado que el social-comunismo desde Cuba con disimulo abyecto, pretende avasallarnos usando a las Farc y al narcoterrorismo. 

Que las Farc dejen en paz la nación es lo ideal,  pero  según ellos también les asiste el derecho a la rebelión así sea permanente, y así afecte hasta siempre a su propio pueblo. Con relación a sus delitos cometidos  durante más de medio siglo, invito a los  militares como yo, a entrar en disposición de perdonarlos;  con  amnistías e indultos para quienes no cometieron delitos atroces, y con penas  reales  para los demás. Pero la verdad y la reparación, con la entrega de las armas, son indispensables. No olvidemos  que las Farc no están en el corazón de los colombianos, y jamás han representado a su pueblo.

OSCAR ALBERTO DIAZ GARCIA.   

Mayor (RA) EJC. Pereira, Agosto 14-2015

 

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