La Fuerza Terrestre de la Nación continuará recorriendo la ruta de la transformación.
Por: Pedro Javier Rojas Guevara*
Este 2020 es el año de la ‘gran visión’ del Ejército Nacional de Colombia y del fortalecimiento de la profesionalización militar y cohesión de la Fuerza. Así lo expresó recientemente a toda la institución su comandante, el señor mayor general Eduardo Enrique Zapateiro Altamiranda. Pero también es el año de la ‘gran visión’ para las Fuerzas Armadas y, por supuesto, para nuestra república y sus instituciones.
Este es el momentum para los que creemos en Dios, el año de la bendición sobreabundante, de las grandes coyunturas que revolucionarán favorablemente el curso de nuestra nación, porque sabemos que después de las crisis vienen progreso y restauración para los pueblos y las personas.
Un año que marcará el comienzo de una década difícil pero absolutamente esperanzadora para Colombia. Si damos una mirada prospectiva, un año muy incierto, delineado por tensiones en todos los órdenes para el mundo y la región, con un impacto directo en nuestro país. Las decisiones que se tomen durante el 2020 impactarán la década entera; por ello hoy nuestras instituciones reclaman más líderes ágiles y adaptables, con visión 20/20, pensamiento estratégico y comunicación efectiva. Verdaderos estrategas que puedan visualizar el problema, entenderlo y determinar el enfoque adecuado para su solución. ¡Debemos ver el bosque y no enredarnos entre las ramas!
Dice en la Biblia, en 1 Corintios 14:8: “Si el toque de trompeta no es entendible, ¿cómo sabrán los soldados que se les llama a la batalla?”. La doctrina Damasco nutre al Ejército de profesionalismo y cohesión, pues a través de un lenguaje profesional común proporciona una visión coherente de la guerra, establece y fomenta el buen trato entre soldados y líderes, y reafirma la cultura militar y el patrimonio institucional construido por nuestros antecesores. Además, Damasco proyecta nuestras capacidades, colocándolas en el radar de fuerzas armadas del hemisferio y el mundo, que hoy tienen a Colombia en la Otán como socio global, generando canales idóneos de comunicación militar en el ámbito multinacional y enamorando a más profesionales de las armas en el territorio nacional.
Se trata, pues, del cuerpo de conocimiento que define la profesión militar, cuyo centro de gravedad son las ciencias militares. Un ejército con experticia en arte y ciencia militar será victorioso en el campo de batalla. ¡Ese es el verdadero profesionalismo!
Una fuerza más cohesionada es una institución doctrinal, disciplinada, con principios y valores, respetuosa de los preceptos democráticos y que propende al respeto de los DD. HH. y las normas del DIH. Una institución que vela con denuedo por que esos derechos no sean vulnerados, pero que también, con autoridad y carácter patriótico, propugna el estricto cumplimiento de los deberes de sus conciudadanos.
Escribió don Tomás Rueda Vargas en una de sus cartas, fechada el 5 de febrero de 1927: “El soldado, en un ejército bien organizado y consciente de sus deberes, no es el enemigo del obrero, es una de sus garantías; es en su mayor parte el obrero mismo, que armado cumple la obligación de velar por la seguridad del hermano que quedó en el trabajo libre”.
El Ejército Nacional es el bastión de la democracia colombiana, la última línea de resistencia contra aquellos que quieren subvertir el orden y la autoridad. Por tanto, la Fuerza Terrestre de la Nación continuará recorriendo la ruta de la transformación, tomando vertiginosa, ‘sin prisa, pero sin pausa’, la gran autopista hacia el 2030, un camino seguro y confiable para nuestros compatriotas. ¡Patria. Honor. Lealtad!
Director del Centro de Doctrina del Ejército Nacional de Colombia.





Un comentario
La mayoría del pueblo colombiano, goza de la democracia y duerme pacífica y tranquilamente, gracias a nuestros soldados, a su desvelo sacrificado, a su resignada y abnegada voluntad de soportar las inclemencias del frío, que por la noche soportan o a las intensas horas de calor y cansancio, porque ellos son hombres duros y recios, dispuestos a todo por sus conciudadanos. Ser militar, exige un firme compromiso e implica mayores riesgos para la vida, que en cualquier otra profesión. Es una profesión muy digna, honrosa, desinteresada, osada y sacrificada. Nuestros soldados son hombres valientes, de cualidades morales excepcionales y sobre todo de una disciplina y lealtad a toda prueba. El militar, nunca es más grandemente humano, como cuando está luchando por la libertad y tranquilidad de sus conciudadanos. De ahí su gran capacidad de resiliencia. Ojalá no se le sigan asignando funciones inapropiadas a nuestro glorioso ejército, como sacar matas de coca con azadón, exponiendo sus vidas e integridad por las infames minas quiebrapatas. Es por estos valientes héroes, que las amenazas que nuestro país ha enfrentado contra las FARC, EPL, ELN y los nuevos carteles de la droga, a los que el premio Nobel Juan Manuel Santos, les abrió espacio, que estos criminales no han destruido nuestra libertad ni han podido imponer el Socialismo Siglo XXI.
Conflicto armado habrá en nuestra adora patria, mientras tengamos que defendernos de los narco terroristas que violan, secuestran, desplazan y atentan contra los campesinos y líderes sociales. La maldad de estos perversos, que obligan al gobierno a claudicar, tiene un poder malévolo y destructor que devora todo cuanto se le opone. Hoy miro con nostalgia mi espada que he canjeado por mi pluma, las que aprecio por lo que defienden, mis ideas de libertad y democracia y una patria grande respetada y libre.