– A pesar de las campañas mediáticas
A pesar de las imágenes y los videos que día a día ruedan por las pantallas ubicadas en diversas áreas del Hospital Militar Central, en los que se pregona el cambio y las mejoras en la atención y la calidad de los servicios del centro médico, la realidad para los usuarios que acuden allí cada día, parece empeorar.
Esa triste y preocupante realidad, la palparon en carne propia los enfermos y familiares de pacientes que llegaron el miércoles 16 de abril a la sala de urgencias del Hospital, muchos de los cuales debieron aguantar -en medio de su desespero y la indiferencia del personal médico- por más de 15 horas para recibir atención.
Niños mezclados con adultos, incluso con soldados activos, en momentos en que acababa de ocurrir una emergencia en el Guardia Presidencial que cobró la vida de al menos un militar; ancianos con cuadros clínicos variados, personas cuyos familiares habían ingresado horas antes a los servicios y de los cuales nadie daba razón, buscaban sin respuesta quien atendiera sus requerimientos.
El siguiente es el testimonio de uno de los pacientes que llegó a urgencias con un cuadro clínico delicado, y que debió vivir en compañía de otras personas, con igual o peor situación, la desidia del personal.
«A las dos de la mañana del jueves 17, la atención a los adultos era mínima. Ya nos habíamos puesto en la tarea de llevar una especie de control de la situación y encontramos que los médicos tardaban entre una hora y dos horas y media para llamar a un usuario, generalmente un paciente pediátrico», narra el afectado en carta dirigida a las directivas del Hospital y a las organizaciones de la Reserva.
Ante los requerimientos para que alguien respondiera por lo que estaba sucediendo, la enfermera jefe tan solo argumentaba que los usuarios tenían que someterse a esa situación y que si no estaban conformes habláramos con el vigilante de turno para que llamara al coordinador médico.
Como este no apareciera se pidió la presencia del Oficial de Guardia, que tampoco dio la cara. Mas tarde apareció un suboficial quien señaló que el Oficial no se encontraba y que haría lo posible por solucionar la situación.
Arremolinados contra la puerta, los pacientes y familiares pudieron escuchar cuando el vigilante habló con una persona y le comentó que la situación era tensa, pero que, «como los médicos están durmiendo, no hay nada qué hacer».
Las quejas continuaban. La familiar de una mujer de edad que se encontraba delicada, preguntó a la enfermera jefe si la iban a dejar morir. Con cinismo y desfachatez, la profesional le respondió: «todos vamos para allá».
Nadie daba razón de pacientes ingresados a las 13H00 del miércoles y de cuyo paradero y situación no se conocía a las 04H30 del jueves. Todo un caos.
De pronto apareció la doctora Pérez quien dijo ser la coordinadora médica, pero que no supo responder las inquietudes de los afectados. Mientras tanto el suboficial de servicio, paradójicamente, relevó y reforzó la guardia, en una ridícula situación que llevó a los presentes a señalar que lo que se necesitaba eran más médicos y menos guardias.
Preocupado, el humilde padre de un soldado aquejado por una fiebre alta se atrevió a comentarle a la enfermera que temía porque su hijo convulsionara. «Los que convulsionan son los niños», respondió tajante la señora sin un mínimo de cortesía.
Lo cierto es que la mejoría en la calidad y atención del Hospital, sólo vino a verse en la práctica entre las 04H45 y las 06H00 cuando, de acuerdo con los denunciantes, por fin, los tres médicos que al parecer estaban a cargo del servicio, atendieron el 9% de los usuarios allí presentes.
Me pregunto, ¿qué pasaría el resto de la Semana Santa?
Carlos Osorio P.




