Por: Francisco Javier Núñez Arias
Es común que en una negociación se pretenda obtener una ganancia en detrimento del adversario. Cuanto peor le vaya a la contra parte, parece que es mejor la negociación. Pero las
escuelas modernas señalan que el buen negocio es aquel que se realiza bajo el concepto del “ganar- ganar” (win-win). Este modelo deja a las partes satisfechas y en buenos términos para volver a negociar.
En las negociaciones de los conflictos armados internos sucede todo lo contrario, una de las partes trata de imponer las condiciones a expensas de la otra. En Colombia este modelo del “yo gano, tú pierdes” (I win, you lose), ha sido el ideal para las Farc y el Eln.
En el actual proceso de negociación de La Habana, esa intención de imponer la mayor pérdida al adversario se evidenció desde el comienzo. Las Farc se sentaron a dialogar bajo una perspectiva de acumulación estratégica. Ingenuamente, el gobierno lo hizo con la esperanza de desmontar el conflicto y empezar a construir la paz. En lo que va corrido del proceso, la agrupación armada ilegal ha mantenido su posición de “ganadora”, ha acumulado ganancia tras ganancia. El gobierno, en contraste, ha cedido desmedidamente en cada uno de los temas tratados.
En su lasitud como negociador, el gobierno ha movido casi todas las posiciones y últimamente aceptó que a La Habana fueran víctimas de diversos victimarios y no sólo de las Farc, como debería haber sido. También, ante la exigencia de la agrupación armada ilegal, el gobierno estuvo de acuerdo en nombrar una Comisión de Verdad Histórica para que investigue, descubra la “verdad” y diga cuál es el origen y/o las causas del conflicto armado. No basta con el estudio realizado por el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) a partir de 1958. Las Farc exigen que la historia se reconstruya desde 1946 porque, según sus comandantes, fue la violencia auspiciada por los partidos y el Estado, la que originó su alzamiento en armas. La Comisión de Verdad Histórica es otra ganancia que el Gobierno Nacional le concede a esa organización terrorista.
¿Qué nos dirá a los colombianos la Comisión de Verdad Histórica?… ¡Que la violencia impuesta por el Partido Conservador y sus “chulavitas”, el Partido Liberal y sus “limpios”, y el Ejército Nacional, es decir el Estado de la época, es la causa raíz de esta confrontación que lleva más de 50 años! Posiblemente esto es lo que nos van a contar. Pero, además, no debe sorprender que la citada Comisión también nos diga que, ante la “barbarie” de ese Estado, algunos “campesinos, estudiantes e intelectuales” no tuvieron otra alternativa que organizar grupos y alzarse en armas para “defenderse” y que, de acuerdo con ese resultado, las Farc, el Eln y el Epl, también son víctimas del conflicto.
Ojalá que quienes conforman la Comisión de Verdad Histórica sean personas con carácter objetivo e imparcial, que no omitan u olviden que, con respecto a la violencia en Colombia, la historia se partió en 1958. Una cosa es diagnosticar sobre las causas que dieron origen a las bandas que asolaron el país entre 1946 y 1958; otra muy distinta es hacerlo sobre las causas del surgimiento de las agrupaciones armadas que han devastado a Colombia a partir de 1964. Desconocer esta verdad histórica es dar más concesiones inmerecidas a los alzados en armas y cambiarlos de victimarios a víctimas.




