¿Quién le salvó la vida a Fabián Ramírez?

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Por Eduardo Aponte*

En su edición del 29 de abril de 2014, con el título “Los pecados de ‘Fabián Ramírez’ que pusieron en riesgo a las Farc”,  el diario El Tiempo publicó un artículo en el que se afirma que el jefe guerrillero había sido degradado por indisciplina, e incluso que le habían perdonado la vida, haciendo alusión a un correo encontrado en una USB incautada el 15 de abril de 2013 por tropas del Ejército Nacional, durante el desarrollo de una operación militar en el municipio de Vistahermosa (Meta) (1) .

El documento al cual se hace mención es una autocrítica que, por imposición de sus superiores jerárquicos, ‘Ramírez’ se ve obligado a hacer, reconociendo sus faltas contra los estatutos y las normas internas de las Farc, que pusieron en riesgo su vida y la de sus subalternos.

Quien realmente le salvó la vida a ‘Fabián Ramírez’, uno de los más grandes narcotraficantes en la historia de las Farc, fue el gobierno colombiano, que por petición de su compinche y paisano, ‘Iván Márquez’, decidió lanzarle un salvavidas trasladándolo a La Habana, para alejarlo del alcance de la acción de las tropas, de la justicia norteamericana que lo solicita en extradición y de las garras de ‘Joaquín Gómez’, quien desde el 2003 venía haciéndole seguimiento, esperando el momento oportuno para ‘ajusticiarlo’ por el robo continuo de los recursos del narcotráfico, para beneficio propio y de sus familiares, como lo muestra el siguiente relato.

En enero de 2003, ‘Fabián Ramírez’ propuso a los Estados Mayores de los bloques Sur y Oriental, adquirir un lote de 1.000 fusiles  por valor de 2,5 millones de dólares, que estarían ofreciendo oficiales corruptos del Ejército de Perú, integrantes de la red conformada por Vladimiro Montesinos, a través de un sujeto llamado ‘Roberto’, quien decía encabezar una organización de izquierda en dicho país, los cuales entrarían a través de diferentes vías por el departamento del Amazonas.

Con base en lo anterior, los citados bloques conformaron una compañía mixta de 63 terroristas para recibir y transportar el material. El grupo estaba integrado por 35 guerrilleros del Frente Amazonas, una escuadra de la guardia personal de ‘Joaquín Gómez’ y otra escuadra de la guardia del ‘Mono Jojoy’, quienes tenían la misión de recibir el material en una zona montañosa del  territorio peruano, a donde serían llevados en helicóptero por los vendedores.

Después de pagar y recibir los fusiles, bajo la orientación de ‘Manuel Marulanda’, ‘Mono Jojoy’, ‘Joaquín Gómez’, ‘Fabián Ramírez’ y ’Martín Corena’, debían cruzar el río Putumayo, encaletarlos y luego comenzar su traslado en pequeñas cantidades hasta el río Cahuinari. De ahí, en cuatro viajes de 250 fusiles cada uno, en lanchas de motor fuera de borda, hasta entregarlos en el Caguán, de donde debían continuar su recorrido en carros y cuatrimotos por las trochas acondicionadas con antelación para tal fin, hasta el intermedio de los ríos Yarí y Camuya, sitio en el que debían ser guardados en cuatro caletas y se desintegraría el grupo conformado para su transporte.

Durante el planeamiento del traslado se contempló como  ruta alterna las estribaciones del río Yarí o la Serranía del Chibiriquete, donde sería reforzada la seguridad de la carga por guerrilleros  del frente 1°.

Desde el inicio de la negociación ‘Marulanda’, ‘Jojoy’ y ‘Gómez’ comenzaron a desconfiar de ‘Ramírez’, por un sobrecosto de 500 dólares en cada fusil. Sin embargo decidieron continuar con la negociación para no desautorizarlo y con la finalidad de generar confianza para un posterior negocio de 4.000 fusiles a precio más económico o, en su defecto, para que ‘Roberto’ sirviera como intermediario para contactar a un traficante de armas de nacionalidad rusa. Hay que recordar que una primera negociación del Bloque Sur con traficantes rusos había terminado con la pérdida de 750.000 dólares que aparentemente quedaron en los bolsillos de algunos cabecillas de dicho bloque, lo que motivó una investigación interna a cargo de ‘Jojoy’.

A la desconfianza por el sobrecosto de los fusiles, se sumó el hecho de que ‘Ramírez’ envió al Perú  a un guerrillero de su confianza, para que se hiciera pasar como comandante de las Farc y accediera a la guarnición militar donde supuestamente estaban los fusiles. Esta persona no sólo no cumplió con el objetivo, sino que cometió “actos de indisciplina” que lesionaron la imagen de la organización insurgente, por lo cual fue obligado a regresar junto con una guerrillera que lo acompañaba, siendo confinados en la espesura de la selva, para evitar que revelaran el secreto.

Los cabecillas de las Farc eran conscientes del riesgo político-militar que corrían, e incluso de una posible infiltración por parte de la CIA. Sin embargo, decidieron seguir adelante con la negociación, previéndose la entrega entre el 25 de enero y el 10 de febrero de 2003.

El 7 de enero de 2003, a las 6 de la mañana, partió la compañía designada para recibir el material hacia el lugar acordado en la frontera con Perú. Como encargados de las comunicaciones y coordinadores del desplazamiento fueron designados ‘Joaquín Gómez’ y ‘Fabián Ramírez’. Tal y como estaba previsto, la comisión llegó al lugar el 25 de enero, no sin antes sortear algunas dificultades propias en el interior de la organización, como fue  el intento de deserción, la captura y el posterior asesinato de alguno de sus miembros.

Una vez en el lugar, y frente a demora del material, ‘Roberto’ esgrime una serie de disculpas para justificarla, como el cambio de piloto, los procedimientos para el transporte y entrega de la carga, la exigencia de los vendedores de contar por adelantado con el 50% del dinero y la pérdida del  código de comunicación con ‘Fabián Ramírez’.

Esto último fue  interpretado por  los otros jefes guerrilleros como una falla de vulnerabilidad debido a un mal manejo de ‘Ramírez’, situación que los lleva a apartarlo de la negociación, y a destinar a otro miembro de la comisión para  que mantenga la comunicación con el intermediario (Roberto), siendo considerada esta determinación, por varias razones, como un gran acierto.

A mediados de febrero la ocurrencia de algunos hechos,  entre ellos la presencia de tropas de la Armada peruana en cercanías al sitio donde se llevaría a cabo la entrega de las armas, despierta la sospecha de los cabecillas de las Farc sobre una posible trampa tendida por falta de conocimiento o ingenuidad de ‘Fabián Ramírez’, ante lo cual deciden aplazar la negociación y retirar a sus hombres del lugar.

Sin embargo, después de ires y venires, la comisión se quedó hasta principios de abril cuando sus integrantes regresaron a sus tradicionales áreas de injerencia con la frustración de no haber podido hacerse al cargamento de armas, pero con el consuelo de solo haber perdido 5.000 dólares que inicialmente le entregaron  al intermediario, y de haber evitado que nuevamente los tumbaran con la anuencia de ‘Fabián Ramírez’.

En paralelo con el citado negocio, en el interior del Bloque Sur surgió una crisis económica debido a la fuga de recursos en cabeza de ‘Fabián Ramírez’, al mal manejo que dio al negocio del narcotráfico -al cual había vinculado a gran parte de sus familiares- y a los controles efectuados en el área por la tropa, lo cual motivó un represamiento de la “mercancía” en los depósitos destinados para el fin, limitando la entrada de finanzas para el grupo armado.

Estas circunstancias llevaron a la determinación de comercializar la producción de narcóticos del Bloque Sur – con valor de 20.000 millones de pesos-  a través del Bloque Oriental, bajo el liderazgo del ‘Mono Jojoy’, en coordinación directa con ‘Joaquín Gómez’, convirtiéndose ello en una carga de trabajo adicional para el Bloque Oriental.

Su marginamiento del negocio y los controles que comienza a ejercer ‘Joaquín Gómez’, molestan a ‘Ramírez’, quien a pesar de la insistencia de ‘Jojoy’ y  ‘Gómez’, no accede a entregar los nombres de los compradores de la producción de narcóticos del Bloque Sur, lo que hace suponer a los dos cabecillas -quienes hasta el momento habían manejado el asunto con prudencia- que éste tenía una estructura personal de forma paralela a la conformada por la organización para tal fin.

Al respecto el ‘Mono Jojoy’ le manifestó textualmente a ‘Marulanda’: “Mi opinión personal sobre Fabián es que toca tenerlo muy de cerca porque es mentiroso y tomaba cantidad de decisiones sin consultar a nadie, es bueno mantenerlo bajo el control de Joaquín para que no haga lo que le dé la gana”.

Toda esta situación crea un clima de desconfianza entre los “clientes” del Bloque Sur, quienes dejan de acudir al área por el peligro que corren sus capitales. Entonces se vuelcan al área del Bloque Oriental.

Este panorama explica la razón por la cual, hasta febrero pasado, ‘Fabián Ramírez’ fue uno de los grandes ausentes en la mesa de negociación con el Gobierno.

Y pone de manifiesto la encrucijada en que se encontraba frente a la posibilidad de que el seguimiento de ‘Joaquín Gómez’, diera como resultado la citación a un “consejo revolucionario” y el posterior fusilamiento, o por el contrario, aprovechar las circunstancias del proceso de paz para adelantársele a la ineludible desmovilización, pasando de forma anticipada a legalidad, reduciendo así el riesgo de ser asesinado por sus propios camaradas y, de paso, salvar parte de los activos que ha acumulado durante su trayectoria delictiva, para finalmente recomponer su vida familiar, venida a menos con la captura de varios de sus familiares.

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(1) www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-13898698

*Miembro de Asopatria

 

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