La realidad del Pueblo Colombiano…un punto de reflexión…en la paz

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La paz es un acuerdo para poner fin a la guerra, significa una situación de tranquilidad o como otros llaman intervenir para dar por terminado un enfrentamiento. Colombia lleva más de cien años que no tiene paz. Recordemos que hace 100 años el caso de la separación de Panamá (1903), se da en un contexto complejo en Colombia, una crisis de amplias proporciones en todos los

sentidos a consecuencia de la Guerra de los Mil días, separación del  Istmo  que significó para ese entonces la mayor pérdida territorial de Colombia y creó un sentimiento de dolor patrio y generó un nuevo pensamiento  nacional y marcó un panorama político de dos partidos antagónicos: El Liberal y el Conservador, dos tendencias diametralmente opuestas  que al final se juntaban para estar las élites del gobierno en sus tertulias sociales sin medir la consecuencia de lo perdido. Hoy después de más de un centenar de años, la situación no cambia, inclusive la nación en su concepto amplio, sufre más las consecuencias por la inoperancia  de los partidos políticos que buscan sacar tajadas de un botín que se agota a través del tiempo.  ¿Cómo explicar que ante la pérdida de 75,000 kilómetros de aguas jurisdiccionales haya pasado tan inadvertida y sin tanto dolor?  ¿ Que nuestros tratados con vecinos como Honduras, Costa Rica, Panamá, Jamaica y la misma Nicaragua, hayan cambiado en forma abrupta,  y hoy no tengamos tratado alguno y la nación siga sin entender la magnitud de lo perdido? ¿Qué está pasando?

LO PERDIDO

Nuestros gobernantes han sido débiles de carácter ante situaciones de gravedad. No es de extrañar que la prueba más importante para constatar la inexistencia de una idea de nación en Colombia, después de la independencia, sea la extinción temprana  de la unión de la Gran Colombia y la separación de sus territorios. Desde allí ha surgido la pérdida de territorio y del concepto de la unidad nacional y no contempla una identidad nacional, por el mismo estado gobiernista desde la altiplanicie. Las diferencias raciales y culturales entre otras, permitieron la construcción de identidades regionales, más que el de una identidad nacional clara. Es allí, que hay muy pocas personas le duele que San Andrés haya perdido su principal sustento, como lo es la pesca de un tajo por una decisión y unos antecedentes y políticas erradas. Aquí no pasó nada, solo el sofisma de la distracción y de unas cuantas afirmaciones y de los áulicos para decir que el gobierno actuó en  respeto al derecho, que  ironía.

LA PAZ

La firma de un acuerdo de paz en la Habana no implicará automáticamente el fin de toda forma de violencia, así reza en la introducción el Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018, editado por el gobierno nacional. Como vamos a estar tranquilos y en paz cuando existen situaciones como las anteriormente anotadas, cuando perdemos territorio sin “chistar”  o decir nada. Como vamos a estar en paz, en su concepción,  si los contrincantes, pasan de agache y decir aquí no ha pasado nada, no hay crímenes de lesa humanidad, los niños de la guerra no existen y si existen no lo entregamos, arrasar con el campo contaminando las vertientes hidrográficas, de soslayar una pérdida de memoria histórica de todos los horrores en las que han sometido al pueblo colombiano, destruyendo casas, hospitales, colegios, el campo, sembrando de minas el territorio nacional y atentando contra todo  y contra todos, con secuestros y vejámenes de una guerra sin control . Ahora en la Habana sembrar incertidumbres que el pueblo colombiano ya no soporta más. La expresión hebrea “Shalom” o árabe “Shalam”  que significa paz, está distante en este proceso.  Cada día nos enteramos de las exigencias de las FARC  y de su cinismo y lleva a una conclusión: Estos individuos no quieren la paz. Una mala negociación traerá consecuencias funestas para nuestra adolorida nación y pasarán años para sacudirnos de los errores de la misma.

CONCLUSIONES

Requerimos una “pax romana”, período al que  correspondió al reinado del emperador Augusto, que controló las legiones, aseguró la paz interior y ordenó  económica y administrativamente  el imperio, mientras tanto, se continuaba combatiendo fuera de los límites imperiales. Doblegando al adversario sin concesiones, se puede lograr la paz, los militares sabemos el horror de la guerra, y sabemos cómo terminar el conflicto, los gobernantes no pueden ni deben claudicar ante las exigencias de un enemigo, que busca una paz a medias para obtener el terreno perdido. El Presidente Santos, tiene una gran responsabilidad histórica, de terminar la guerra en términos favorables para los 47 millones de colombianos.  Sin justicia, no habrá paz. Gobiernos como  el alemán, dicen y hablan y pontifican que debemos  estar en el proceso, ellos no pueden darnos lecciones  de paz, cuando inundaron  al mundo con una guerra mundial incruenta. Nuestros gobernantes no pueden pecar de incautos, las advertencias, siempre traen un mensaje claro.

Vicealmirante (RA) Luis Fernando Yance V.

DÍCTUM: En 1952 el gobierno colombiano a  través de su Canciller Juan Uribe Holguín, apartándose del criterio de los principales juristas colombianos, declaró que no objetaba la soberanía de Venezuela sobre el archipiélago de los Monjes (cinco islotes) y que, en consecuencia, no se opone ni tiene reclamación alguna que formular al ejercicio de la misma. Que gran regalo de Colombia. En esta nota ni siquiera se tuvo la precaución de hacer una reserva de los derechos de Colombia al mar territorial y la plataforma continental de la Guajira. Este error generó más errores como el de la pérdida de aguas jurisdiccionales en el Caribe y el enclavamiento de nuestros islotes más cercanos a San Andrés. Conclusión: Somos malos negociadores al no tener la prospectiva y  lo que puede generar una mala negociación  por falta de rigor.

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