General ® Luis Ernesto Gilibert Vargas
Por los problemas y situaciones espinosas que ha debido encarar la Policía Nacional en los últimos meses y con la tecnología de punta que hoy facilita las comunicaciones entre comunidades, se ha presentado una oleada de manifestaciones ofensivas y burlescas, a mas de molestas parar la institución, bochornosas también para quienes las reciben, leen y aun reenvían. Difamaciones que tienden a generalizar estados institucionales que no existen, pues si algunos hombres generan procederes con indicios de responsabilidad, no es la institución la que debe responder, ni cargar con un lastre mal intencionado que enloda su historia, filosofía y doctrina.
Cundo es ostensible una actividad contraria a los cánones o principios propios de una colectividad, se deben tomar las medidas para verificar el contexto y si de esa corta, clara y expedita investigación se determina la existencia de delito, es obligación de los encargados de la dirección y orientación, poner en conocimiento de las autoridades competente el hecho, para que sean aquellas ante la generación de un delito, las garantes de aclarar y penar los responsables, juzgamiento que permitirá la consulta de sentencia en caso de necesidad, pero si la conductas no engendran delito, sino actos contra la moral y las buenas costumbre, serán los encargados del mando y dirección quienes respetando las creencias, credos y costumbres, tomaran las mediadas conducente al encausamiento de la circunstancia presentada. Los medios de comunicación juegan en este estado de cosas, un papel preponderante al deber informar a la ciudadanía los pormenores del suceso, sin tomar partido en su defensa ni inculpación, pues de lo contrario todo se podrá sesgar sin remedio y la objetividad quedara en entredicho perjudicando la verdad que es en ultimas el objeto final; y hablando de medios, existe un renglón muy importante para la ciudadanía, más de lo creíble, y son los caricaturistas, que con agudeza e ingenio logran dibujar un estado de cosa de manera sensible, dejando huellas profundas en los lectores por la sutileza del mansaje, desafortunadamente en las redes sociales no existe ese ingenio y por este vacío las redes se direcciona al bullying, estrategia nociva y perjudicial para la sociedad.
En el caso de la Policía Nacional debimos asistir a un ataque inmisericorde de las redes sociales, hasta el punto de llegar los miembros de la institución, a ser víctimas de la burla, la chacota, no solamente en las redes, sino entre los miembros de la sociedad que protegen, amparan y defienden, muy dura prueba para los hombres de bien que componen la institución y más dura para sus familias que debieron soportar comentarios y agravios que de no controlarse pueden terminar en xenofobias vergonzantes.
Pues tiende a generalizar actitudes procederes algunos sustentados o por lo menos con indicios de responsabilidad para algunas personas




