El país enfrenta incertidumbre en las negociaciones de paz con el ELN mientras se intensifican los conflictos y desafíos. Entérese de la situación.
Jean Carlo Mejía Azuero
ELN, Derecho Internacional y la búsqueda de paz
El ELN (Ejército de Liberación Nacional), desde la perspectiva del derecho internacional humanitario, es considerado en la actualidad como un grupo armado organizado. Esto es lo que lo ha habilitado para adelantar negociaciones de paz con el gobierno nacional bajo el manto de la Ley de orden público existente desde el año 1997 y, ahora con la Ley 2272, se ve prorrogada bajo la denominación de paz total.
Ese reconocimiento, originado en premisas objetivas, regladas e interpretadas en el derecho internacional (Artículo 3 común de los cuatro Convenios de Ginebra de 1949, Artículo 1º de su protocolo adicional II de 1977), especialmente por tribunales internacionales y ahora nacionales como la JEP, no puede desconocerse por las partes en negociación ni por otras personas.
El DIH (Derecho Internacional Humanitario) es la mínima garantía universal de respeto a la dignidad que tienen los civiles, así como la protección de sus bienes y también la protección de los que han dejado de combatir en medio de una guerra de seis décadas —que ha dejado millones de víctimas en todo el territorio nacional. El ELN no puede desconocer el DIH, ni las obligaciones del estado colombiano en relación, por ejemplo, a la persecución de la delincuencia organizada transnacional.
Excepto en el gobierno anterior, la organización armada ha tenido negociaciones fallidas con diversas administraciones bajo postulados específicos. Para el ELN las formas son, en ocasiones, más importantes que el fondo. Sus premisas históricas de participación ciudadana, la convención nacional, la diferencia con otros grupos armados, las metodologías de ejecución parcial y sus líneas argumentativas sobre los cambios en el estado, entre otras, han sido centrales.
Quieren demostrarle al mundo, a Colombia y principalmente a sus interlocutores, que son la guerrilla más antigua del hemisferio, esto parece implicarles que lo “merecen” todo por la lucha de “resistencia” que han librado. Una compleja psicología grupal reflejada en su VI Congreso Nacional —recientemente realizado— y en la degradación bélica en los territorios.
Esto en la práctica encierra en un complicado laberinto al ELN, pero arrastra de paso a un gobierno que apuesta todo por la paz con todos.
Incertidumbre el futuro de las Negociaciones
Precisamente, la puesta en marcha de la Paz Total, que ha sido enriquecida principalmente desde la academia (v. gr. a través de los Dossier inclusivos estructurados por la Universidad Nacional), y, además, normada y avalada en gran parte por la Corte Constitucional, aunque haya una nueva demanda en curso, es la principal apuesta del gobierno para desactivar la guerra territorial que enfrenta Colombia y que, de ninguna manera, se puede desligar de la criminalidad organizada interna y transnacional.
Si falla la Paz Total, también falla el propósito principal del gobierno de Gustavo Petro y su estructura argumentativa expresada en la campaña y concretada en un Plan Nacional de Desarrollo que, tras más de dos años, presenta muchos problemas en su ejecución.
En el momento de redactar este análisis, las conversaciones de paz entre las partes se encuentran en un alto grado de incertidumbre, pues han enfrentado crisis desde hace tiempo. Hay expectativa sobre los actos que se puedan cometer después del ultimátum al gobierno para ser excluidos de la lista de grupos caracterizados como GAO (Grupos Armados Organizados), y sobre la crisis humanitaria más grave en varios sectores del país, principalmente en el Pacífico, tras el paro armado en Chocó.
Además, desde el 3 de agosto de 2024, el cese bilateral del fuego terminó y, el gobierno, a través del comandante General de las Fuerzas Militares, anunció la posibilidad de usar bombardeos contra las organizaciones ilegales, lo que ha causado revuelo en algunos sectores.
Pero en medio de este preocupante escenario, ¿qué se puede vislumbrar en un futuro cercano en las negociaciones con el ELN? Lo primero que podría verificarse es el incremento de las acciones bélicas por parte de las organizaciones del grupo armado a fin de demostrar que posee el mando y control efectivo sobre sus hombres como una expresión del COCE (Comando Central) con los mismos líderes desde décadas atrás y para contrariar la imagen generada por lo ocurrido con el grupo comuneros del sur en Nariño.
El ELN podría, adicionalmente, presionar al gobierno nacional a través de más prácticas de confinamiento en los territorios en donde ejerce control social e ilegal, incluso sin la necesidad de decretar paros armados, como sucede en ciertos sectores de Arauca, Cauca y Norte de Santander.
También podría intensificar acciones puntuales de terrorismo, método prohibido de conducción de hostilidades, contra estaciones, escuelas de Policía, unidades militares lejanas. Y, por otro lado, acciones militares ofensivas en contra de las Fuerzas Armadas para demostrar capacidad de combate. De ser así, entenderíamos como sociedad lo posiblemente ocurrido desde que se decretó el cese bilateral al fuego con el gobierno.
Consultados varios colegas expertos en ELN, así como analistas del conflicto, su posición parece ser pesimista respecto de la intención real de paz actualmente con el ELN. Hay un nivel alto de frustración más en el escenario de diálogos en el gobierno del cambio. Aquí hay que decirlo claramente, salvo en los temas procedimentales a nivel estratégico, la responsabilidad es totalmente del ELN.
Desafíos internacionales y nacionales
El escenario anterior debe evitare a todas luces valorando lo ya construido en las rondas de negociación, los acuerdos parciales logrados, los puentes de confianza tendidos. Nadie quiere que la confrontación incremente en los territorios en donde hacen presencia los GAO y grupos de delincuencia organizada.
Será crucial la participación activa de los países garantes y la postura del gobierno sobre la ruptura constitucional en Venezuela tras un posible fraude. Esta situación ha provocado la intervención de organismos destacados como Human Rights Watch, el Carter Center y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que es el principal órgano del Sistema Interamericano de Derechos Humanos por su origen, historia y función.
Asimismo, la intervención de la Iglesia para instar al ELN a evitar más derramamiento de sangre, desplazamientos, secuestros y otras retenciones ilegales, así como el uso de métodos prohibidos de conducción de hostilidades, resultará fundamental.
Debe ser visible para todos en Colombia y para la comunidad internacional que el grupo armado, incluso reconocido políticamente por el gobierno nacional mediante un decreto de 2023 (lo cual no implica un estatus de beligerancia ni mucho menos), sí tiene una verdadera voluntad de paz expresada en actos. Si bien el cese al fuego con esta organización armada fue histórico, ahora veremos qué ocurrió durante ese período en términos estratégicos, operacionales y tácticos.
Del lado del gobierno será esencial verificar si el nivel de alistamiento de sus Fuerzas Militares y de la Policía Nacional para el posible escenario de hostilidades terminó siendo un reflejo de sus análisis de inteligencia y de un eventual plan de guerra.
Basta recordar que, de acuerdo con la nueva metodología del CICR (Comité Internacional de la Cruz Roja), Colombia tiene ocho conflictos armados sin carácter internacional, cinco de ellos entre GAOS, en donde está incluido el ELN, y tres más entre el Estado y los GAO, allí también está el ELN. Esto no únicamente demuestra la gravedad de lo que está sucediendo, sino la presencia de problemas estructurales en seguridad multidimensional en donde la seguridad humana juega un papel central, lo cual también es pilar del actual gobierno.
La estructura estratégica en materia de seguridad y defensa, expresada en la Constitución y desarrollada en el Plan Nacional de Desarrollo del Ministerio de Defensa Nacional, así como su política de seguridad y defensa y el actual gabinete de paz creado por previsión legal, se verá ampliamente desafiada en la práctica en el futuro.
Cuando se enfrenta a fenómenos de multicriminalidad en los territorios (como conflictos armados no internacionales, delincuencia común, organizada y transnacional), únicamente un Estado fuerte, a través de sus instituciones, incluidas las Fuerzas Armadas, puede lograr que las personas que ejercen control territorial y social asuman con seriedad los procesos de negociación o sometimiento.
Reformas en defensa y el papel de la sociedad y la academia
En la actualidad se desconoce si el gobierno nacional presentará los anunciados proyectos de seguridad, de defensa y fronteras; tampoco se conoce la política de Derechos Humanos y DIH del Ministerio de Defensa Nacional.
Y despúes de diez años de vigencia resulta prioritario reformar el manual de derecho operacional del Comando General y revisar los de las Fuerzas, así como construir el de la Armada Nacional y el de derecho de los operativos policiales en la institución de origen decimonónico.
Finalmente, desde la academia, todos los que hemos trabajado durante años en la construcción de escenarios de terminación de conflictos armados, posacuerdos y aplicación de herramientas de transición, debemos presionar efectivamente para que se asuman con seriedad los compromisos y la agenda de negociaciones con el ELN. Especialmente, el COCE, lamentablemente sin renovación, se deben interpretar los tiempos de una manera humanitaria.
Ningún gobierno podría haber sido más cercano para lograr una terminación del conflicto armado con el ELN, pero esta organización, paradójicamente, le ha puesto demasiadas trabas con sus “formas” para lograr un anhelo de todo el pueblo colombiano.
A esa postura, desde la academia y a la necesidad de recuperar el optimismo y la fe, debe sumarse una sociedad civil más fuerte y vertical para evitar que la tragedia prospectada se concrete. Esa sociedad civil debe ser la expresión de todos los sectores sin exclusión alguna, movilizada a través de nuevas metodologías y herramientas, pero sin olvidar la experiencia de un pasado y de un marco constitucional y legal, que desde la Constitución de 1991 ha logrado sacar de la guerra a más de cien mil colombianos.
Hace tiempo tenemos una política de Estado respecto de la paz, construir sobre lo construido sí nos ha servido a los colombianos. Ahora el ELN debe recoger la brújula y la antorcha, y salir del laberinto en el que se metió. La paz además con el ELN, los GAO y los GDO (Grupos Delincuenciales Organizados), lograría abrir el camino para la verdadera ejecución del acuerdo final con las otrora FARC. Todo esto ligado en este escenario estratégico.
TOMADO DE : https://razonpublica.com/eln-laberinto-los-retos-una-paz-duradera-colombia/





