La historia que ocultan las Farc

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Por considerarlo de interés divulgamos a continuación el texto del editorial del diario El Mundo de Medellín, del pasado 28 de mayo:

“Con la habilidad que tienen para tergiversar la historia, las Farc usan la operación militar de Marquetalia, realizada el 14 de junio de 1964, como punto de partida de su fundación y ejemplo de una pretendida persecución contra campesinos desprotegidos. En la historia reciente, el primer capítulo de su falacia fue escrito en la carta de Pedro A. Marín, alias Tirofijo, al presidente Pastrana, el día de la inauguración de los diálogos del Caguán; el segundo, lo están escribiendo con ayuda de muchos que olvidaron la historia o renunciaron a defenderla.

La verificación de los hitos en el proceso de consolidación de la democracia colombiana, que no está exento de errores y dificultades, contradice la versión fabricada por las Farc, que buscan garantizarse un estatus generosamente entregado en la mesa de La Habana y creciente en la actual campaña a la Presidencia. Ante las tergiversaciones, conviene un resumen de los hechos que se sucedieron desde el 10 de mayo de 1957 y culminaron en 1966, en un primer capítulo; sobre los que ocurrieron en 1982, 1990 y 1998, cuando el país les tendió su mano generosa a las Farc, y sobre los que hoy ocurren en torno a las actuales negociaciones.

La legitimidad de la democracia es indiscutible desde su refundación en 1957, cuando el pueblo derrotó la dictadura de Rojas Pinilla y avaló, mediante plebiscito que reformó catorce artículos de la Constitución, el Frente Nacional. Aquel fue un modelo de concertación de los dos partidos mayoritarios, que habían protagonizado la más dura de las guerras internas del país, y de inclusión de quienes no gozaban de estatus constitucional: las mujeres y los comunistas. No obstante la aprobación casi unánime del plebiscito del primero de diciembre de 1957, sobrevivieron algunos reductos guerrilleros, entre ellos el comandado por alias Tirofijo, que tras la Revolución Cubana se sumó a las filas comunistas y comenzó a recibir apoyo de la dictadura de los hermanos Castro.

El Gobierno, con respaldo del Congreso, instauró el plan Soberanía, en cuyo marco se realizó la operación Marquetalia, el 14 de junio de 1964. Un error táctico, que apenas se descubrió en los años siguientes, facilitó la huida de los guerrilleros encabezados por alias Tirofijo, que se refugiaron en Pato, Tolima, donde armaron la nueva guerrilla. El profesor y periodista Arturo Alape, en alguna medida escritor de la historia oficial de las Farc, reiteró en sus libros que la fecha de fundación de la guerrilla fue el 27 de mayo, pero de 1966. Desde entonces los alias Jacobo Arenas y Tirofijo abrazaron el credo comunista y adoptaron la clásica “combinación de todas las formas de lucha” del marxismo-leninismo. Misma en la que, según el comunicado del alias Timochenko divulgado ayer, perseveran.

La tergiversación de los hechos para mostrar a Marquetalia como un acto dictatorial y convertirla en momento fundacional es una de las formas de manipulación política en que son expertas las Farc. Con ella ganan terreno y espacio mediático para sus negociadores en La Habana y confunden a incautos en Colombia y el mundo, que van restituyéndoles su romántica imagen de “Robin Hoods” y voz de los campesinos levantados en rebeldía contra un régimen opresor. Otra es la verdad. Las Farc sobrevivieron porque en 1982 utilizaron la apertura del presidente Belisario Betancur y el proceso de negociaciones para establecer vínculos con la mafia, llenar sus arcas y conseguir rutas para el tráfico de drogas y armas. En 1990 se valieron de su traición al Gobierno del presidente Gaviria, para abrir su diplomacia europea y garantizarse el manejo de jugosas cuentas bancarias que aún conservan y de las que se niegan a dar información y sobre las que nada se dijo en el tercer punto acordado en estas negociaciones. En 1998 aprovecharon el despeje del Caguán para secuestrar soldados y civiles, masacrar poblaciones y apertrecharse con las minas antipersonal con que sembraron el país, y cuya ubicación y desminado quedó como una vaga obligación de apoyo a la tarea de desminado del Estado. Significa, pues que el trasegar de los últimos treinta años ha sido hacia la criminalidad, cada vez más lejana de ideales de justicia social, que la democracia ha trabajado por realizar.

Colombia intenta una nueva negociación con las Farc. Entendemos que ese siempre será el fin de todo conflicto, pero no estamos de acuerdo en la forma como se está cediendo terreno y en la decisión de no suspender este proceso y convertirlo en el gran protagonista en la campaña a la Presidencia de la República, pero sin profundizar en sus verdaderos alcances. Si las Farc son otra vez factor en estas elecciones presidenciales, no por su fuerza, sino por el infinito deseo de paz de los colombianos, lo mínimo que podemos exigir es rigor con la verdad y seriedad en un debate, que como ya lo dijimos, discuta punto por punto lo que se ha acordado, lo que ya quedó excluido en los acuerdos y lo que está pendiente por decidirse. Eso, si lo que se quiere es abrir un verdadero camino hacia la paz.

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