Los militares y los policías víctimas del conflicto armado

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Según la Real Academia Española de la Lengua (RAE), víctima «es la persona que sufre daño por causa ajena o por acción fortuita». Un segundo término define como víctima a «un animal o una persona destinada al sacrificio». Para la misma RAE, héroe es el “varón ilustre y famoso por sus hazañas o virtudes”.

Con respecto a los militares y los policías, en Colombia nunca se les ha asimilado como víctimas del conflicto armado, sólo en algunas ocasiones se les identifica como “héroes”, pero esta palabra parece que ya no les dice nada a los gobiernos.

En cierta forma la persona que sigue la carrera de las armas para defender a su nación, es alguien que está destinado al sacrificio. Al soldado y al policía se le entrena para que vaya a la guerra o confronte al delincuente armado. Su oficio principal es  enfrentarse a un adversario en el campo de batalla y cobrar su vida o entregar la propia si es necesario. Antes de partir al cumplimiento de su misión, este servidor público sabe que su vida va estar en alto riesgo. Estos ciudadanos son las únicas personas que el Estado contrata y prepara para que, llegado el caso, se conviertan en víctimas. Con respecto al conflicto armado, cualquier otro colombiano puede llegar a ser víctima, pero de manera fortuita o por acción colateral. 

Alguien como Iván Márquez, integrante del Secretariado de las Farc, puede decir que los guerrilleros también son víctimas, y tiene razón. Pero ellos son víctimas de los principales cabecillas, quienes los reclutan para que vayan a la guerra y traten de tomarse el poder, en un país donde no existe dictadura, ni tiranía; donde sin ser una buena democracia, existen medios para el ejercicio de la política legal.

El militar y el policía, por el contrario, pueden llegar a ser víctimas de los grupos armados ilegales, pero también del propio Estado que no les brinda las suficientes garantías. Puede que el entrenamiento militar y policial sea uno de los mejores del mundo, pero en otras áreas estos ciudadanos uniformados están en indefensión.

Por ejemplo, los uniformados colombianos salen a cumplir sus funciones con el temor, no sólo de perder su vida, sino de que una vez regresen puedan ser involucrados en procesos judiciales, como ha sucedido con más de 12.000 militares. Pero el temor también es que cuando salen a sus descansos puedan ser secuestrados en retaliación por sus buenos servicios a la patria o para retenerlos como piezas de negociación. Además, los militares y policías asignados a las áreas de orden público, salen dejando solas a sus familias. Se van con ese temor por lo que les pueda suceder a sus esposas e hijos. 

Los integrantes de la Fuerza Pública viven en situación latente de víctimas. Demasiado sacrificio por el poco salario que reciben, por lo mal defendidos cuando caen en desgracia; por las pésimas condiciones que deben atravesar sus familias, y ellos mismos, cuando se encuentran en terrenos de confrontación armada y de delincuencia. 

Esa mala preparación que el Estado provee, se agrava cuando a los militares y policías se les alienan sus derechos políticos, cuando se les desconoce el derecho de sufragar y hasta de opinar, y se les convierte así en ciudadanos de tercera categoría. 

Más que cualquier otro ciudadano, el militar, el policía y sus familias, son las primeras víctimas del conflicto armado. Pero ni siquiera aparecen como tal en las encuestas y en las bases de datos de las instituciones. 

Por el contrario, cuando se ha negociado con el adversario, han sido los miembros de la Fuerza Pública los únicos procesados y condenados. Ahí está el ejemplo del coronel Alfonso Plazas Vega, injustamente culpado por el holocausto del Palacio de Justicia.

De potencial víctima por haberse enfrentado militarmente al M-19, este oficial pasó a ser victimario, mientras quienes originaron ese hecho criminal fueron indultados y hoy forman parte de las élites que dirigen los destinos de la nación. 

Militares y policías son víctimas que no reclaman indemnizaciones económicas o materiales para sí o sus allegados. Sólo buscan su propio honor, mantener su integridad personal y la tranquilidad de su familia. No reclaman el poder, como sí lo hacen sus adversarios. Y en su defecto, lo menos que puede hacer la patria, es que sus ciudadanos les reconozcan a esos héroes, sus desvelos, sus cansancios y sus heridas.

 

Javier Francisco Núñez Arias

Miembro de la Asociación Patria Mía

 

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