El populismo: arma mortal contra las democracias

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El origen del populismo se remonta a la Rusia, del siglo XIX, denominado como narodnismo (Narodnichestvo, народничество), término ruso que, traducido al español, se define como populismo. Esta escuela de pensamiento, orientada a escuchar al pueblo, como testigo de inconformidades y excesos de poder, permitía enfrentar el statu quo, generador del inconformismo popular.

Lamentablemente esta escuela, ha sido manipulada y utilizada por movimientos políticos de extremas, para convertirla en aliada de intereses electorales y últimamente como arma contundente para la postración ideológica de las democracias, especialmente en América Latina.

Este término, fue utilizado desde el siglo XIX, por sectores de la democracia rusa, cuando se produjo el auge del comunismo en la Europa oriental y Asia occidental, es entonces cuando empieza a sufrir trasformaciones severas, como ideario político. Esta transición, inicia su proceso de cambio, cuando se le incluyen algunos de los principios establecidos por Carlos Marx, sobre la abolición de la propiedad privada y dominio del Estado en todas las formas de producción de bienes y servicios. Esta escuela de pensamiento desarrollado por el Marxismo, recibió aportes de Friedrich Engels, lo cual permitió madurar y desarrollar la concepción moderna del comunismo.

Esta nueva tendencia de política represiva en lo económico y social, como origen productivo, es la que le ha permitido a algunos Estados, ejercer su poder intimidatorio, bajo la premisa de una revolucionaria lucha de clases, entre el proletariado y la burguesía

Pero volviendo al populismo o narodnismo, término que tomó fuerza por su expansión, gracias a líderes carismáticos, con dialécticas llamativas y quiméricas, que engañaban al pueblo ruso, mediante la mentira y sofismas masivos. Por esta razón el término fue sinónimo, en un comienzo, del lema “ir hacia el pueblo”, que obraba como guía para los movimientos rusos, de la segunda mitad del siglo XIX, sin que la influencia marxista fuera aun determinante.

En Rusia, el populismo fue una doctrina y una estructura ideológica, producto de una generación de jóvenes intelectuales, algunos con concepciones democráticas y anti zaristas, los cuales criticaron las condiciones sociales, económicas y políticas nacionales a mediados del siglo XIX.

El populismo era considerado un pensamiento radical, con fuerte oposición a la tradicional y extremista política zarista de Rusia, vivida a mediados del siglo XIX y por esta razón, muchos jóvenes rusos mantenían comportamientos eminentemente teóricos, sin llegar a la práctica política, debido al temor que generaba el imperio ruso, de esos años.

Aleksander Herzen es considerado el padre de este sistema, la idea inicial de Herzen sobre el socialismo, basado en la comunidad rural, nada tenía en común con el socialismo científico de Marx y Engels. Herzen, como prominente demócrata revolucionario ruso, se oponía al desarrollo burgués y proponía en cambio, la transición al socialismo, sin pasar primero por ninguna condición propia del capitalismo.

En América Latina, el populismo ha sido practicado por diversas corrientes políticas, pero especialmente por la izquierda, no como modelo, sino como estrategia de convicción popular. Su objetivo, para la izquierda regional, más que de carácter político, es con fines eminentemente de psicología de masas, donde el comportamiento de los grupos colectivos, esta directamente asociados a contagiarse de la conducta de otros individuos y se limitan a repetir sus ideas ciegamente, sin cuestionamientos de ninguna índole. El impresionante resultado en la manipulación de las masas descontentas, está asociado a una dialéctica previamente preparada, para el engaño y la mentira.

El discurso populista, de la extrema izquierda, es un guion preconcebido, el cual está adornado con palabras llamativas y objetivos utópicos, claramente asociado al hecho de elegir y votar a favor de los populistas, sin importar sus antecedentes o siniestros pasados, como una posibilidad para que los incautos ciudadanos, puedan en apariencia, retomar la libertad y la decisión política.

Pretende favorecer lo que el filósofo francés Bernard Manin, llama una “democracia de lo público” que, según la interpretación de los populistas, se debe lograr mediante el convencimiento de los electores, los cuales representan a un pueblo sin colores políticos, pero con una sugestiva y prolífica aparición de movimientos con ideologías de izquierda, que, si logran convencer a los insatisfechos, llegaran a tomar las decisiones más importantes y el poder gubernamental.

Se convierte en un modelo de engaño, pero llamativo, porque justamente se presenta como una alternativa a lo tradicional, al statu quo en lo político, que ya ha mostrado sus límites, mientras que el modelo practicado por el populismo, puede iniciar un cambio radical. Pero este discurso populista, utilizado como estrategia de aversión social, puede llevar a modelos políticos distintos, cercanos a los peligrosos movimientos de extrema izquierda, las cuales son terreno fértil, para estimular el odio de clases, la violencia, el terrorismo y el fortalecimiento de regímenes totalitaristas.

Como lo afirma, el politólogo y filósofo francés Pierre-André Taguieff, el populismo es ahora esencialmente un “estilo”, o estrategia política, donde su discurso identifica a los responsables políticos, y a través de un vocabulario determinado se sitúa dentro del referencial común. Este discurso pone de relieve la democracia política, y se apoya en falacias populistas, sobre la forma, como el pueblo somete a las elites corruptas, pretendiendo defender a las “gentes de abajo”. Es decir, un elemento que se puede mezclar con varios otros elementos repulsivos, pero que lamentablemente, generan réditos políticos y electorales a sus practicantes.

En América Latina, el populismo pasó de ser concomitante con diversas corrientes políticas, a ser asociado directamente con la izquierda “progresista” y a sus repentinas figuras políticas, que se ponen en contra de sistemas tradicionales, mediante la personificación, como los nuevos” mesías” sociales. El descrédito de administraciones anteriores, hace parte de su ideario, como torpe argumento social, convirtiendo al populismo, en una genuina “disposición de la acción política”, pero utilizada, solo como herramienta, que permite manipular la verdad, para ganar la confianza y el voto de los electores.

En Colombia, la izquierda ha logrado evidentes avances políticos, en los últimos años, pues el populismo, como carburante del descontento social permite que a través de quiméricas propuestas, fundamentadas sobre sentimientos de prevención, hacia los modelos políticos tradicionales, se logre el poder total, con argucias seudo democráticas, expandiendo ese poder hacia todos los estamentos del Estado, gracias a una cuidadosa filigrana política y llamativas contraprestaciones burocráticas.

Lamentablemente, el actual gobierno de izquierda, en nuestro país, no dispone de un plan de gobierno con equidad, objetivos programáticos realizables y no cuenta con un contrato social, entre colombianos, para mejorar el clima de inseguridad, impunidad, polarización y violencia.

La aplicación de la filosofía del engaño populista, como herramienta de “psicología de masas”, les ha permitido a las nuevas elites de la oligarquía comunista latinoamericana, tomar las riendas de los países del área, no como movimientos sociales, sino como un grupo de personas dueñas de un país, interesadas en satisfacer sus resentimientos, animadversiones y traumas sociales.

América Latina, en las actuales circunstancias, donde proyectan, según los planes de la izquierda transnacional, conformar un bloque ”duro” del comunismo, permite vislumbrar un peligroso panorama, donde la identidad ideológica entre los gobernantes, les facilitara ejercer una delirante solidaridad, que estimule el contubernio, consintiendo el auge de la corrupción, la delincuencia, excesos de poder e impunidad, llegando a convertir, este lado del continente, en un paraíso para las dictaduras de izquierda, donde la “ley mordaza” atemoriza progresivamente a los contradictores políticos y extermina a las oposiciones democráticas.

Tomado de : https://www.lalinternaazul.info/2023/01/15/el-populismo-arma-mortal-contra-las-democracias/

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